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¿Self made (wo)man?

mlafuente
Por Manolo Lafuente
@MANOLOLAFUENTE

Para quienes aún crean que “lo que es moda, no incomoda”, vale recordar lo que escribió el gran Oscar Wilde, “La moda es algo tan  insoportable que nos vemos obligados a cambiarla cada seis meses”,  lo que solía decir el eximio bandoneonista cordobés Rodolfo Mederos  ”las modas pa´ las tiendas”, y lo que preguntaba y se respondía el  inefable “Tata” Cedrón “¿Sabés que viene después de las  modas?”…” los saldos…”. Como oíos sordos es una moda mayoritaria, diría que eterna, una solo  moda de estos días capaz que sea resumen de todas: la selfie.

Así, en  singular. Se podría acudir a lo invencible de la etimología. Si a Self, que  es “si mismo”, “personalidad”, interés personal”, “individualidad”,  “identidad”, “ser uno mismo”, “automático”, “que funciona por sí mismo”,  le sumamos el sufijo “ie” que trasunta un diminutivo cariñoso, tenemos LA SELFIE. Y si bien dije que la etimología es tan invencible que  derrota a…la etimología, Borges aclaró: “Los implacables detractores de la etimología razonan que el origen de las palabras no enseña lo que éstas significan  ahora; los defensores pueden replicar que enseña, siempre, lo que éstas  ahora no significan...”

Pero sería escaso analizar LA SELFIE exclusivamente desde ese punto de vista. Así como “una de las dos Españas ha de helarte el corazón” escribió Antonio Machado en los alrededores de la Guerra Civil, se podría decir eso ahora de las dos Coreas (ignorando la vulgaridad de la Corea del Medio pseudo massista y sobra el pseudo..,)

Si no fuera por Byung-Chul Han, En “La salvación de lo bello” define con una claridad que no necesita ni  prologo ni conclusió y tampoco aventura epílogo, ergo, final. “En el primer plano del rostro se difumina por completo el trasfondo. 

Conduce a una pérdida del mundo. La estética del primer plano refleja una  sociedad que se ha convertido ella misma en una sociedad del primer  plano. El rostro da la impresión de haber quedado atrapado en sí mismo,  volviéndose autorreferencial. Ya no es un rostro que contenga mundo, es  decir, ya no es expresivo. El selfie es, exactamente, este rostro vacío e inexpresivo. La adicción al selfie remite al vacío interior del yo. 

Precisamente esta inseguridad, este miedo por sí mismo, conduce a la  adicción al selfie, a una marcha en vacío del yo, que nunca encuentra  sosiego. En vista del vacío interior, el sujeto del selfie trata en vano de  producirse a sí mismo. El selfie es el sí mismo en formas vacías. Estas  reproducen el vacío. Lo que genera la adicción al selfie no es un  autoenamoramiento o una vanidad narcisistas, sino un vacío interior.”

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