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Apuntes urgentes sobre el Racismo

lcrisafulli
Por Lucas Crisafulli
@LUCASCRISAFULLI

 

“Por encima de las sutilezas de color, los mulatos estaban unidos por su aspiración común a pasar por blancos y su desprecio visceral por los negros” (…).

Se ve que usted trata muy poco con ellos. Los negros tienen constitución para trabajos pesados, sienten menos dolor y fatiga, su cerebro es limitado, no saben discernir, son violentos, desordenados, perezosos, carecen de ambición y sentimientos nobles. Isabel Allende. La Isla bajo el Mar.

“Ya desde principios del siglo XVIII los muy cartesianos ocupantes franceses, con su racionalista pasión taxonómica, habían creído poder detectar y clasificar 126 tonalidades diferentes de “negritud”, cada una con su respectiva denominación y “caracterología”. Eduardo Grüner. La oscuridad y las luces. Capitalismo, cultura y Revolución.

 

Existe un mito popular en América Latina que dice que los mexicanos descienden de los aztecas, los peruanos de los incas y los argentinos de los barcos. De hecho, la italianidad y la españolidad se encuentra muy presente en el lenguaje argentino – el lunfardo por ejemplo – las comidas, la música y toda una tradición cultural europea. Argentina como el país maldito que no quiere por sangre o destino divino, pertenecer a América Latina, porque es más europeo que cualquier boliviano, brasilero o chileno.

De hecho, la identidad argentina – y parte de ella – se ha asentado sobre el mito del familiar que, escapando de la guerra o de las crisis económicas del viejo continente, emigraron en busca de un mejor destino. Casi todos los argentinos conocemos la historia de ese abuelo o bisabuelo que, como gran aventurero, se vino a hacer la América.

Mulatos

Pero cuando los argentinos nos dejamos de ver reflejados en los modelos de belleza impuestos por la publicidad – rubios y rubias de ojos celestes, o caucásicos – y comenzamos a vernos entre nosotros, a pensar en los neuquinos, los salteños, los cordobeses, los jujeños – me veo al espejo y sospecho que hay algo más que sangre italiana en mis venas – advertimos que más allá de la “sangre” europea, el color trigueño de piel, el morocho, el mestizo, se hace presente. Cuando pasa el verano y el bronceado permanece en la piel significa que no es un simple efecto del sol.

¿Cuántos indígenas habrá en mi historia familiar? ¿De cuántos negros esclavos extirpados de África desciendo? Sin embargo, la pregunta por la identidad debe buscarse en la antropología y no en la genética, es decir, la compleja respuesta por la identidad no se debe buscar en la sangre sino más bien en la cultura, y allí cobra relevancia la pregunta ¿Porqué, habiendo tantos morochos en Argentina, se ha invisibilizado el pasado negro e indígena de nuestra identidad? ¿De qué manera el relato del ascendiente venido de Europa opacó cómo se conformó la otra parte de la familia mestiza? Repito, la pregunta es antropológica, no genética pues que nos sintamos más herederos de Júpiter que de la Pachamama es una pregunta cultural antes que sanguínea.

No se puede pensar la historia de la construcción de la identidad argentina por fuera de la matriz ideológica que la hizo posible, es decir, el racismo. ¿y por qué el racismo? Al igual que la identidad, el racismo es una construcción cultural y tiene una importantísima función social: divide, clasifica, encasilla, cataloga. Cumple la función de producir una “natural” división del trabajo. ¿Por qué durante la colonia quienes cumplían los trabajos más duros eran negros e indígenas? Mejor dicho ¿Cómo hacer para que negros e indígenas – es decir, no europeos – cumplieran el trabajo pesado a muy bajo costo? El racismo como matriz cultural viene a cumplir un rol simbólico y económico. Son los negros e indígenas – seres sin alma, cosas muebles – quienes deben cumplir con las tareas manuales, porque son inferiores al resto, que puede gobernar para construir leyes que digan que negros e indígenas deben cumplir el trabajo manual y los blancos gobernar.

Los antiguos griegos inventaron dos cosas: la esclavitud y la democracia y aunque parezcan contradictorias son instituciones complementarias. Porque había ciudadanos griegos que podían pasar el tiempo filosofando existía la necesidad de que esclavos hicieran el trabajo manual indispensable para la subsistencia de quienes pasaban el tiempo pensando.

Los roles del racismo

El rol simbólico del racismo es restarle humanidad al racializado y, por lo tanto, hacerlo digno de castigo o de cualquier forma de sufrimiento. Se legitima así el sufrimiento de quien es señalado, según algún criterio, como un Otro diferente (puede ser el color de la piel, la condición social de pobreza, el género, la condición sexual, la religión, y las más de las veces, una combinación de varias subalternidades)

El rol económico del racismo es darle el trabajo más pesado al menor costo posible.

El racista transforma una diferencia particular de un grupo de personas (su religión, su condición sexual, su color de piel, su condición social, su género) en un absoluto constante. Cuanta una antigua leyenda africana que ellos se dieron cuenta que eran negros solo cuando conocieron a los blancos, y éstos dijeron que el color de piel diferente otorgaba atributos morales e intelectuales diferentes.

Lo que odia el racista no es la diferencia con esa otra persona a la que construyó como Otro irreductible sino, paradojalmente, la similitud con ese grupo. El racista no discrimina a las bacterias, que serían un Otro completamente diferente, sino que discrimina a un grupo que es un Otro muy parecido (porque somos todos humanos al fin de cuentas), y esa semejanza es la que odia antes que la diferencia a la que construyó como ineluctable. El indígena puede compartir el género, la condición sexual y hasta la religión con el racista. Es el racista que mediante una operación ideológica transforma el color de piel en un atributo esencial que lo separa del indígena pero, al mismo tiempo, sabe que esa persona tiene dos piernas, dos brazos, una nariz, dos ojos y por lo tanto es muy similar. Esa similitud es la que odia, no el color de piel que, al fin de cuenta, es un atributo secundario que ha esencializado para justificar la dominación.

Pueblo Mapuche

Dicho todo esto ¿Porqué al mapuche se lo construye como materia prima del racismo? Quien lo hace, seguramente y aunque no lo sepa, comparte una identidad biológica con quien hoy se asume como mapuche, pero eso no importa. Nuevamente importa la construcción cultural de quien se asume como “argentino” descendiente de europeo y quien se identifica como mapuche.

La cosmovisión económica del capitalismo tardío se asienta sobre la propiedad privada de las cosas, los mercados monopólicos y los latifundios, justamente la visión mapuche, asentada en la propiedad comunitaria de la tierra, viene a cuestionar precisamente la propiedad privada, los monopolios y los latifundios.

Son ahora los mapuches quienes están poniendo en discusión la matriz ideológica del liberalismo económico. Y aunque se puede o no estar de acuerdo con los métodos, la operatoria racista los construirá como enemigos. Se vuelve a odiar a los mapuches porque comenzaron a protestar.

Este pueblo originario fue primero asesinado por los españoles, en batallas, en las estancias jesuíticas sometidos a trabajo esclavo o por enfermedades para las que no tenían anticuerpo. Luego fueron asesinados por la campaña del desierto. Fueron desplazados y quitados de su tierra. Actualmente deben pelear contra la voracidad latifundista de un empresario italiano que controla a las fuerzas de seguridad. Les fueron dados los peores trabajos, y ahora son el objeto de la represión estatal.

Con esta historia, solo resta dos observaciones para terminar: a) es claro por qué se borró de la identidad nacional la historia indígena, nadie quiere ser objeto de un proceso histórico tan doloroso; b) Solo a través de racismo, solo diciendo que no son argentinos, en fin, que no son humanos o son menos humanos que nosotros, podemos no sentirnos avergonzados y empatizar con su causa. Solo diciendo que son menos humanos (violentos, negros, indios, no argentinos, en síntesis, menos humanos a nuestra humanidad nacional) podemos hacer lo que estamos haciendo con nuestros hermanos mapuches. 

OPINIÓN


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