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Balance negativo: represión

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Por Guillermo Mariani

De lo prometido para conseguir votos, ya nadie se acuerda y nadie hizo nada. De las protestas mutitudinarias como nunca antes, que ya están llenando el mundo, nadie escucha nada. De la desnutrición infantil, del hambre de miles de familias de despedidos, con fábricas que se cierran en todas partes, con expresiones burlonas como ofrecer créditos bancarios a los jubilados a quienes no les alcance su jubilación o indicar que quien no tenga con qué pagar, simplemente deje de comprar (nafta o pan) o para salvarse del tarifazo, anden en patas y cocinen con leña o querosén ya nadie se preocupa. Pero no hay problema  para publicar, en cada espacio libre que aparece por allí: AHORA SE ESTÁ HACIENDO LO QUE HAY QUE HACER”. Y ¿qué es lo que hay que hacer? ¡Aquí sí está la respuesta “dicha y hecha”: REPRIMIR,  REPRIMIR Y REPRIMIR!
 
Es absolutamente claro que: dependencia, ineptitud, podredumbre de conciencia (no corrupción, porque ellos no conocen ni siquiera la palabra) y mucho dinero disponible (en negro lavado, en blanco original, y en rojo de chupa sangre) no les queda más remedio que reprimir para acabar con el “curro de los derechos humanos”, hasta eliminar a los seres humanos, a quienes los franceses y 48 naciones en la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1948 (10/12) en París, tuvieron la mala idea de descubrírselos. Resulta muy visible, a esta altura, el cuidado (extremo a veces)  que tuvieron Néstor y Cristina para evitar cualquier clase de represión. Ellos se dedicaron a gobernar , y no perdieron tiempo en maltratar a los ciudadanos ni con el ejército ni con la Gendarmería, ni con la policía.
 
La sombra de la teoría de la “seguridad nacional” instrumentada por el Pentágono y la Trilateral Commision, responsable de todas las dictaduras represoras latinoamericanas, cuyas Fuerzas Armadas recibieron en la Escuela de las Américas el adiestramiento para dominar con los métodos represivos más cruentos los movimientos independientistas (que llegaron al recurso de las armas) en el tercer mundo, se está cerrando sobre nosotros. Cresta Roja y PepsiCo son por ahora las expresiones más elocuentes, pero las amenazas oficiales y la impunidad con que llevan a cabo las injusticias y persecuciones más flagrantes hacen prever una avanzada temible. No es buen camino para nadie. Pensar que se puede entrar impunemente en la espiral de la violencia es un error histórico. Y las primeras señales de alerta son el sufrimiento del pueblo, la falta de rumbo económico, la dependencia ideológica y militar de los Estados Unidos y una cantidad de violencias que no logran dominarse, como la de género y la de la droga que aparentemente  preocupan oficialmente sin que se produzca la disminución o desaparición anunciadas( sin hablar de la desocupación y la falta de radicación de capitales extranjeros).
 
No resulta difícil explicarse todo esto. La injusticia social genera odios que desunen, molestan y quitan tranquilidad a la población, en base a la injusticia social practicada impunemente, al descrédito de los dirigentes que ponen como excusa la gobernabilidad y la aceptación de postergar soluciones para mantenerse en sus cargos y una sensación creciente de impotencia y tristeza, de disconformidad, impotencia y descrédito de la Justicia parcializada y de la mentira oficializada por la prensa adicta, van armando insensiblemente volcanes que tarde o temprano entran en erupción.
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