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Contra el sentido común, Einstein

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Por Guillermo Goldes
@GUILLEGOLDES

Piense en un genio.

¿Ya está?

Es probable que se le haya presentado la imagen del físico Albert Einstein. ¿Se justifica esa elección? Seguramente. Se trató de un gran innovador.

Nacido en Alemania, ganó el Premio Nobel de Física en el año 1922, por varias importantes contribuciones a esa ciencia. Muy particularmente por un trabajo llamado: “Sobre un punto de vista heurístico concerniente a la producción y transformación de la luz”, que en términos más mundanos, se refiere al “efecto fotoeléctrico”. Este efecto tiene lugar cuando determinados materiales, bajo el influjo de la luz, acumulan cargas eléctricas. Es la base del funcionamiento de las cámaras fotográficas digitales, que transforman imágenes ópticas en imágenes electrónicas. Luego se leen mediante un circuito eléctrico. También de los paneles solares fotovoltaicos. Tres años después de obtener el Nobel, Einstein pasó por la Argentina durante algo más de un mes, incluyendo un día y medio en Córdoba y La Falda

En el mundo entero, y muy especialmente entre los físicos de todo el planeta, la figura de Einstein se asocia sin dudarlo a la Teoría de la Relatividad, que ya había sido publicada con anterioridad al momento de recibir el Nobel. Repasemos esa historia. 

En 1905 Einstein había publicado: “Sobre la Electrodinámica de los cuerpos en Movimiento”, la base de la hoy llamada Teoría Especial o Restringida de la Relatividad. Discutía allí lo que ocurre cuando un cuerpo, hipotéticamente, se mueve a una velocidad cercana a la de la luz. Ese trabajo era revolucionario, por cuanto desafiaba abiertamente las nociones de espacio y tiempo que durante siglos habían imperado en Occidente. ¿Cuáles son esos conceptos? La idea de que el espacio es absoluto, es decir que la distancia entre dos puntos es fija y no depende de cómo se mueva quien la mide. Y la noción de que el tiempo es igualmente absoluto, es decir que marcha a un ritmo uniforme sin importar tampoco la velocidad de movimiento de quien lleva el reloj. Y por si fuera poco, el concepto también arraigado en nuestro sentido común inculcado durante siglos, de que espacio y tiempo son independientes entre sí. Einstein, al postular como único absoluto la velocidad de la luz en el vacío, concluyó que el espacio es relativo; la longitud de una varilla varía: no es igual si la medimos en reposo, o en movimiento. El tiempo tampoco es absoluto: los relojes marchan a ritmos diferentes si están quietos o se mueven respecto de nosotros. No se trata de un efecto sobre la mecánica del reloj, sino sobre la física misma del tiempo. Se llama dilatación del tiempo.

Diez años después, Einstein publicaría su Teoría General de la Relatividad, que trataba de los efectos de la aceleración y la gravedad sobre el espacio y el tiempo.
Las implicancias de todo este desarrollo teórico fueron muy vastas. Es que si la Relatividad era cierta, había varias consecuencias que debían cumplirse y podrían observarse. La primera de ellas era que la luz misma debía ser desviada por grandes masas, como las de las estrellas. Se realizaron muchas misiones para observar estrellas conocidas durante eclipses totales de Sol. En esos momentos es fácil observar el Sol y estrellas lejanas cuya luz pasa cerca del astro rey al mismo tiempo, porque el cielo se oscurece mucho. Los físicos y astrónomos de esos años se convirtieron en verdaderos cazadores de eclipses totales de Sol. Y las predicciones de cumplieron a rajatabla. El primero en comprobarlo fue Arthur Eddington, un prócer de la Astronomía.

También las órbitas de los planetas, en particular del más cercano al Sol, Mercurio, debían estar sujetas a un lento movimiento que cambiaría su orientación a lo largo del tiempo. Ese movimiento se denomina precesión y se corroboró que se produce en el monto previsto por la Relatividad.

En cuanto a la marcha del tiempo, la teoría preveía que debía ser afectada por la cercanía de cuerpos provistos de una enorme gravedad. En las proximidades de un planeta, o una estrella, o un agujero negro, la marcha del tiempo debía ralentizarse. Ese efecto se retrata muy clara y gráficamente en la película Interestelar, que se estrenó en Córdoba en 2014. Pero en la vida real, fue comprobado por el hecho de que los relojes a bordo de satélites artificiales, que están menos afectados por la gravedad del planeta que los ubicados en su superficie, funcionan levemente más rápido que éstos.

Probablemente la última de las predicciones que quedaba por comprobar, quizás por limitaciones tecnológicas, era la existencia de Ondas de Gravedad generadas por cuerpos pesados acelerados, frenados, o en colisión. La detección de esas ondas se produjo por primera vez en 2015. El lector interesado puede conocer más sobre la misma consultando la columna Sexto Sentido en este mismo sitio.

Las predicciones de la Teoría de la Relatividad se han ido cumpliendo una a una. La mayoría ha desafiado nuestra intuición, construida en base a experiencias cotidianas. Einstein tuvo la capacidad de remontarse desde su propia vida cotidiana hacia enormes niveles de abstracción. Fue, sin dudas, un genial innovador.

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