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Cuando la entropía nos alcance

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Por Guillermo Goldes
@GUILLEGOLDES

La casa se ensucia sola, pero para limpiarla hay que trabajar. No hace falta ser científico para saberlo. Sin embargo en esa frase se resume unos de los principios más consolidados de la Física. Ese principio dice que todos los sistemas tienden espontáneamente a desordenarse. Y que para recuperar el orden se necesita un gasto de energía hecho desde fuera.

La habitación y el polvo
Ocurre que una habitación limpia no permanecerá así para siempre: si afuera hay tierra, entrará y la habitación se ensuciará. Si al principio el interior está limpio y el exterior sucio, significa que existe un cierto orden. Una semana después, la tierra estará tanto dentro como fuera. El sistema se habrá desordenado espontáneamente. Podremos volver a “ordenarlo” limpiando, es decir trasladando la suciedad nuevamente hacia fuera. Pero para eso hará falta gastar energía. Y dedicar tiempo.

La ropa sucia
Lavar la ropa también es una forma de ordenar. Antes de comenzar a hacerlo, la tierra y la suciedad están mezcladas con la tela de la ropa; eso significa que la ropa esté sucia. Pero al concluir el proceso dejaremos la ropa limpia por un lado y la suciedad disuelta en el agua de lavado por el otro. Ropa y suciedad seguirán estando, pero separadas. Habremos ordenado. La suciedad no desaparecerá, sino que será trasladada y se acumulará, junto a muchas otras suciedades, en otra parte. En un lugar más sucio aún que la ropa sucia. Para ordenar -lavar- nuestra vestimenta, el lavarropas consumirá energía eléctrica.

El desorden del café
En el desayuno, un grano de café instantáneo se disolverá espontáneamente en agua caliente y se difundirá a toda el agua de la taza. Nunca veremos que en nuestra taza el café se separe espontáneamente del agua, volviendo a ordenar el sistema. Podremos separarlos, pero mediante algún proceso de destilación o filtrado, que nos costará trabajo.

Al fin la entropía
Una forma en la cual podemos medir el desorden es a través de la entropía. Es una magnitud física que siempre tiende a aumentar en sistemas cerrados, que no intercambian energía con el exterior. El mismo paso del tiempo, irreversible, está relacionado con la tendencia al aumento de la entropía. El tiempo discurre inevitablemente desde el pasado y hacia el futuro. Los físicos dicen que la flecha del tiempo apunta siempre hacia el futuro. Quizás podríamos incluso pensar en medir el paso del tiempo con calendarios calibrados con la suciedad de nuestra ropa (en días) o con el deterioro de nuestros cuerpos (en años), o mediante relojes calibrados con el desagradable olor de la basura acumulada (en horas). Para que eso funcionara deberíamos estar seguros de que el ritmo al cual se producen esas modificaciones fuera constante. No suele ser el caso.

Entropía y vida
La cierto es que los seres vivos luchamos contra el aumento de la entropía todo el tiempo. Porque estar vivos implica un cierto desequilibrio, en definitiva el mantenimiento de un orden escurridizo y fugaz. Las neuronas, por ejemplo, para ser capaces de transmitir impulsos nerviosos necesitan conservar niveles de sodio y cloro más bajos en su interior que afuera, así como niveles de potasio más elevados dentro que en el exterior. Ese es su estado de reposo. Para mantener esos desequilibrios varias bombas de iones funcionan de manera permanente en sus membranas. Al bombear, consumen energía y mantienen el orden funcional.
Las substancias nutritivas deben conservarse dentro del cuerpo. Cuando fallan los sistemas vitales que mantienen aquello que nos es útil dentro de nuestro cuerpo y las excretas y venenos fuera de él, enfermamos (nos desordenamos) y eventualmente, morimos. La muerte implica, desde esa perspectiva, un desorden definitivo, que vuelve a tornar nuestros cuerpos en materia inanimada, desordenada. Los seres vivos somos, al fin y al cabo, efímeras islas de orden en un mundo que tiende al desorden.

Edificando
Construir una casa requiere esfuerzo, dinero, tiempo. Los ladrillos van por un lado, el cemento por otro, los cerámicos en los pisos, el revoque por fuera de las paredes, las tejas recubriendo los techos. Construir es ordenar. Pero sin mantenimiento, la casa se irá viniendo abajo sola. Edificar requiere tiempo y energía. Demoler, mucho menos, pues cuando demolemos trabajamos reforzando o acelerando el deterioro espontáneo. 

Entropía y política
Tomando ciertos recaudos, podemos aplicar las mismas ideas a nuestra realidad nacional. Porque construir satélites lleva años de desarrollo y trabajo; es un proceso que genera un orden creativo. Cancelarlos, toma segundos. Edificar centrales nucleares o usinas hidroeléctricas implica sacrificio y esfuerzo continuo durante mucho tiempo. Para quitarlas del presupuesto, basta un plumazo. Fundar y consolidar instituciones confiables es una tarea de décadas. Desmantelarlas o corromperlas, toma minutos. Cuando permitimos que eso ocurra, dejamos de construir y quedamos a merced del deterioro. Entonces la entropía, finalmente, nos alcanza.

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