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De Cruz del Eje a California

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Por Guillermo Goldes
@GUILLEGOLDES

Hace pocos días un peligroso incidente ocurrido en la presa de Oroville en el norte de California ganó las páginas de los diarios. Videos tomados con drones permitieron ver la extensión de los daños. Se trata, por cierto, de la presa más alta de los EE.UU.: 230 m sobre el lecho del río Feather (Pluma). No está formado por un muro monolítico sino por una enorme montañas de piedras sueltas, que revisten un núcleo de arcillas impermeables. Ese tipo de estructuras se llaman diques de escollera, y en nuestro País tenemos muchos. Quizás el más cercano sea el de Cerro Pelado, en la zona alta del Valle de Calamuchita.

En Oroville, luego de años de sequía, lluvias extraordinarias hicieron subir el nivel del embalse. Comenzó a evacuar el agua excedente por el vertedero principal, un largo tobogán de hormigón cuyo ingreso está protegido por compuertas levadizas. Hasta allí nada fuera de lo común.

Antes de continuar, conviene recordar cómo se produce la entrada y salida del agua a un embalse artificial. El líquido ingresa por todos los ríos y arroyos que retiene el dique. Las vías de egreso suelen ser varias. Por una parte, las tomas de agua que conducen a las turbinas de generación eléctrica. En nuestro Lago San Roque esa toma está pocos metros aguas arriba del murallón, y se comanda desde un edificio vidriado al borde mismo de la ruta. En el Embalse de Río Tercero la toma se encuentra en una elegante torre cilíndrica con techo de tejas, vinculada al muro principal mediante un esbelta pasarela. En segundo lugar, puede haber válvulas de descarga, como las famosa "cola de novia" en el dique San Roque. También válvulas de descarga de fondo, que permitirían vaciar un embalse casi totalmente y en forma rápida pero controlada, en caso de necesidad. En todos esos casos, el caudal de agua que emerge puede ser regulado.

En cambio para evacuar los grandes volúmenes de agua generados por crecientes importantes, existen los vertederos. Eliminan el excedente de agua del embalse, es decir el agua que no cabe en el espejo de agua. Hay diferentes tipos de vertederos. El embudo del San Roque es fijo y no tiene regulación posible. Tampoco tiene regulación el cierre auxiliar con desborde libre del Embalse de Río III o los sucesivos de segunda y tercera usina, todos sobre el Ctalamochita. En cambio los vertederos del dique La Viña en Traslasierra están equipados con compuertas metálicas móviles, que se pueden abrir más o menos, o quedar cerradas para aumentar la cota del embalse.

Ahora, podemos volver a Oroville. Esta presa tiene dos vertederos. El principal, con compuertas al estilo La Viña, desagua a través de un largo canal de hormigón. El auxiliar, es un desborde libre que no se regula, cuya labio está por encima del nivel del vertedero principal.

La secuencia de eventos ocurridos en los últimos días aparentemente fue la que sigue. Las lluvias intensas provocaron que el nivel subiera y el vertedero principal comenzó a evacuar gran cantidad de agua. En el tobogán de hormigón se produjo un hundimiento de la mampostería, que afectó el escurrimiento de agua y produjo enormes turbulencias, que a su vez fueron rompiendo cada vez más el hormigón. Como efecto secundario, el vertedero pierde eficiencia para evacuar agua. Para que no se siguiera rompiendo, los responsables de la presa decidieron cerrar las compuertas de acceso, para secar ese canal. Como consecuencia el nivel del embalse siguió subiendo, hasta superar la cota del vertedero secundario. El agua comenzó a fluir por allí...¡por primera vez en la historia! Si bien se trata de una vía prevista de evacuación, es realmente extraordinaria, a tal punto que por la base de este vertedero, de roca sin hormigonar, pasaba una ruta que fue cortada por el torrente. 

El problema se agravó porque el agua comenzó a socavar la base desnuda del vertedero secundario, que en realidad es un cierre lateral del embalse. Eso encendió las alarmas y desencadenó la evacuación de la cercana ciudad de Oroville, ubicada a menos de tres kilómetros de distancia. Es que en el hipotético caso de desmoronarse el vertedero secundario, una enorme pared de agua de más de 9 metros de altura y 250 metros de longitud podría precipitarse montaña abajo, hacia el cauce del río. Parece poco probable, pero sería una catástrofe mayúscula. Para realizar reparaciones de la envergadura necesaria hay que esperar que las aguas bajen, por cierto.
Los incidentes graves en presas de embalse no son muy frecuentes, porque en general se trata de obras muy controladas, previstas para durar muchas décadas, y generalmente sobredimensionadas. Se las calcula, por ejemplo, para resistir la creciente más grande que estadísticamente pueda producirse en 100 años. Pero los diques difícilmente continuarán operativos por 100 años. Entre otras cosas, porque los embalses se atarquinan, se llenan de barro que se deposita en el fondo, y terminan por perder su capacidad de embalse.

Los diques más antiguos de Córdoba que aún están en servicio datan de la década de 1940. La primera presa en construirse en la Provincia había sido el viejo Dique San Roque, sumergido desde que se inauguró el actual. Dicho sea de paso, nunca tuvo problemas estructurales, como algunas "operaciones de prensa" afirmaron en su momento.

Pero si de crecientes extraordinarias e incidentes en presas de embalse se trata, en nuestra provincia tenemos un antecedente muy recordado, en el norte. Ocurrió en el Dique Cruz del Eje, que embalsa las aguas de los Río Quilpo, la Candelaria, y San Marcos. El vertedero del dique tenía un diseño realmente curioso. Contaba con dos compuertas especiales, que no se elevaban en forma controlada ni eran metálicas. Eran de hormigón, huecas y pivotaban sobre un eje. Cuando el agua subía lo suficiente, las compuertas flotaban y abrían la vía de evacuación. Se las llamaba, justamente, compuertas flotantes.

La zona de Cruz del Eje es naturalmente árida. Pero en 1973 llovió en forma desmesurada en la cuenca de los tres afluentes. Los ríos crecieron y el nivel del lago aumentó rápidamente. El agua elevó una de las compuertas flotantes con tanta violencia que golpeó contra sus topes, rompió el puente peatonal que se hallaba sobre el vertedero, y se salió de lugar; fue arrastrada por el torrente. Se produjo un desborde importante, que inundó las zonas bajas de la ciudad de Cruz del Eje. El vertedero quedó inoperable, claro. Hasta el año 1980, en que finalizó una reforma iniciada tres años antes: se eliminaron los flotantes, y se los reemplazó por un sistema más tradicional y confiable. Esa remodelación redujo en más del 10% la capacidad original del embalse.

Las crecientes habían sido extraordinarias, es cierto. Pero el vertedero original debería haber resistido, en caso de que hubiera sido bien diseñado y construido. Como debería resistir el de Oroville, presa que aún no ha cumplido 50 años. Esperemos que así sea.
A veces, extrañas circunstancias parecen emparentar a lugares tan diferentes como el modesto y esforzado norte cordobés con la soberbia y orgullosa California. 

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