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Dialogo en la parada del taxi

spares
Por Susana Parés

Las filas o colas de espera , de lo que sea y donde fuera, nos convoca a hablar, muy libremente, con los integrantes de ese grupo transitorio.

Diciembre es un mes que en vez de ser el preludio de vacaciones para algunos, de compras innecesarias para otros, de emoción para los niños que pueden esperanzarse en un regalo, de festejo religioso , se ha ido transformando en una corrida inexplicable, en muchos casos a ninguna parte, a buscar lo superfluo, pero a lo bruto, a empujones ,codazos y malos modos. A cerrar el año como si fuera un balance inexcusable, a llamar a quien no nos interesa y dejar de lado lo que nos importa y creer que una agenda prolija, solucionará todos los “pendientes” que tenemos con nosotros mismos, con la vida, con el prójimo.

Diciembre es caluroso en Córdoba, y si seguimos destratando el ambiente lo será más. Intentar conseguir un medio alternativo de transporte como el taxi, cuando uno debe concurrir al centro de la ciudad, por cuestiones urgentes, es un ejercicio de paciencia, concentración y también el modo de tener una visión amplia en la que nuestras miserias se revelen en los momentos álgidos.

Parada de Taxis. Avenida importante de la ciudad. Calor. Mucho calor.Arbolito para arrimarse a algo de sombra. Fila interminable. Pocos taxis disponibles. Personas mayores, jóvenes, con niños, con paquetes, la descripción es casi la concurrencia habitual del centro al mediodía.

La espera es larga y mientras uno aligera el transcurso del tiempo habla con quien le precede o le sigue y llega a intercambiar recetas, comentarios, incluso temas tan variopintos que puede hacerse un vademécum anecdótico. Y hasta es posible encontrarse con una compañera del colegio primario o vecino de un barrio donde vivió hace mucho.

Pero, la corrupción se ha “colado” en la fila de espera. Uno encuentra personas que abren y cierran las puertas de los taxis, que van haciendo avanzar la fila y hasta alguien ¡quiere sobornar!. Hace unos días una señora bien arreglada, se acercó hasta la mencionada persona y en voz baja, pero con clara actitud le ofreció unos pesos para que la “adelantara” en la fila. La señora, miró la fila y la cara de algunos que nos habíamos dado cuenta de la intención y le dijo más bien alto: “No, se va a armar lìo”.

La aspirante a robar el sitio, no se amilanó, se quedó algo alejada de la vereda, con la esperanza de héroe infantil y lanzarse al primer vehículo que abriera una puerta y arrojarse, cual zambullida olímpica, antes que quien tenía derecho a tomar el taxi, pudiera reaccionar.

Pero, por suerte, el clamor general “ a la cola”, “ a la cola”, la obligó a emprender la retirada, haciéndolo de manera altiva y soberbia.

Sin querer simplificar no queda más que una conclusión, esta señora está acostumbrada a obtener lo que sea por dinero u otro alternativa válida : regalos, favores, en fin, señores la corrupción llegó a la parada del taxi.-  

OPINIÓN
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