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DIALOGO y personas con diversidad funcional

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Por Susana Parés

El vocablo “diálogo” según algunas de las acepciones que nos brinda el diccionario de la RAE en su versión 2016 significa : “… plática ( conversación) entre dos o más personas que alternativamente manifiestan sus ideas o afectos; …discusión o trato en busca de avenencia..”.

Estas referencias, claramente, reflejan que lo busca el diálogo es el acuerdo, luego de un proceso en el que las partes involucradas manifiestan sus ideas.
Se supone que el lenguaje nos diferencia de otros seres animados y es el modo de comunicación de los seres humanos que se usa con más frecuencia.

Observando con detenimiento se advierte que cada vez exhibimos mayor índice de intolerancia para escuchar al otro. Las conversaciones, parecen una carrera en tropel de palabras desordenadas, superpuestas donde nadie cede un minuto de silencio para permitir que cada uno de los participantes se exprese con libertad.

De algún modo, parecemos partícipes de una torre de Babel infinita, plagada de ruidos. Pero en medio de ese desafuero, se oyen voces que dicen: “… eh! Esto es un diálogo de sordos…” o “…contesten que parecen autistas…” o ”…mírame te estoy hablando o sos ciego…”. Sabiamente el diccionario, entiende que la “discusión” es parte del diálogo, porque significa nada más y nada menos que ofrecer razones en contra de la opinión de alguien.

¿Algo no está cerrando en esta ecuación?

Sin duda, quizás sea la violencia encaramada de modo tal en nuestras vidas, que hace que parezcamos seres desaforados.
No es ajena a esta conducta la comunicación verbal y retomar el significado de las palabras quizás nos ayude a re-pensar nuestros modos de expresarnos.

Y desgranando el derrotero de los vocablos es sencillo advertir que hemos transformado las saludables discusiones en guerras irracionales e insultantes a nuestra condición humana, donde todo vale y mientras más agraviante el vocablo, parece que mayor es el “mérito” de quien lo expresa.
No se esgrimen razones sino fuerza bruta y un ejercicio indebido del poder, donde siempre hay alguno que se considera con “espalda política” para decir lo que fuera.

En medio de este oscuro modo o antimodo de comunicarnos, aparecen, además los términos que refieren a personas con diversidad funcional a las que se equipara con una actitud disvaliosa:

Las personas hipoacúsicas tienen un modo de comunicarse denominado lenguaje de señas y además con algunos soportes técnicos pueden desarrollar el lenguaje oral, con lo que al menos dominan dos modos de comunicación. Algo más que muchos desearían.

La referencia al autismo se ha convertido en un lugar común, de uso discriminatorio. las personas que tienen esta condición, y sus familias transitan caminos difíciles, que a lo mejor aquellos que invocan el término , quizás no puedan hacer.

Las personas con discapacidad visual pueden leer en lenguaje Braille, desenvuelven otros sentidos y “viven” en un medio agresivo.

Quizás sea oportuno tomarnos un respiro y parafraseando a alguien digamos: “ pienso, pienso, …y luego hablo”.
Aceptar que no siempre tenemos la razón, pero aun así podemos hacer un aporte positivo con calma. No es fácil, a veces tendremos que ser firmes y serenos para exigir respeto a nuestras opiniones. Y también hacer ejercicio de tolerancia hacia los que expresan ideas diversas.

No es un dato menor recordar que todos en algún momento de la vida somos personas con discapacidad. Empecemos por quitar de nuestro vocabulario una palabra discriminatoria referida a personas con diversidad funcional a la vez.

Hagámoslo extensivo a nuestro grupo familiar y social, ejercitemos la paciencia y el respeto, sepamos escuchar y hacernos oir… y luego de un tiempo veremos los buenos resultados. 

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