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Diálogos citológicos: lo que le debemos a Henrietta

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Por Guillermo Goldes
@GUILLEGOLDES

Hace pocos días, después de una prolongada jornada de trabajo en la Universidad Nacional de Córdoba, dialogábamos sobre bueyes perdidos con Mariano Cognigni. En cierto momento, sin embargo, los bueyes parecieron encolumnarse en ordenada fila india cuando mi interlocutor hizo una de esas afirmaciones que nos suelen dejar con la boca abierta: “Una de las personas que más contribuyó al avance de la medicina en la segunda mitad del siglo XX nunca se enteró de lo que había hecho. Y además, no era profesional de la salud”. Lo miré sin decir nada, como esperando algún tipo de aclaración, que por el momento no llegaba. Luego entablamos el diálogo que sigue, y mi asombro fue creciendo cada vez más.

-¿Quién habrá sido esa persona?
Se llamaba Henrietta Lacks, una humilde mujer afroamericana que en agosto de 1951 se internó en el Hospital de la Universidad Johns Hopkins, en Baltimore, EEUU. Sufría de continuas hemorragias genitales.

-Ah entonces era una paciente…
Si querés que te cuente la historia, no me interrumpas, por favor. Ingresó como una paciente. Para poder diagnosticar qué le pasaba, le hicieron varias biopsias. Le extrajeron muestras de células del cuello del útero. Lamentablemente encontraron que tenía un cáncer ya muy avanzado. Inmediatamente comenzaron a hacerle quimioterapia y también tratamientos con rayos localizados. Ya sabés que esos tratamientos suelen ser muy penosos para quienes se ven obligados a seguirlos. La cuestión es que a pesar de todo eso, en octubre de ese año Henrietta falleció en el hospital.

-Hmmm…
¿No me preguntás nada?

-Me dijiste que no te interrumpa…
El jefe del área de cultivos celulares en el hospital era George Gey. Increíblemente, el mismo día que Henrietta fallecía, el doctor Gey apareció en una entrevista en TV mostrando unos tubos de ensayo rotulados HeLa diciendo que quizás de allí pudieran derivar algún tipo de cura contra el cáncer.

-Un poco desmesurado el doctor, ¿no? ¿Pero qué había en los tubos de ensayo, en realidad?
Quedamos en que no me ibas a interrumpir…
En esos tubos de ensayo había cultivos de células derivadas de la biopsia de Henrietta. HeLa eran las iniciales del nombre y apellido de la infortunada. Habían comenzado a hacer cultivos de sus células a partir de la biopsia sin pedirle permiso, ni siquiera decirle. Vos sabés que si algo caracteriza a las células cancerosas es su capacidad para reproducirse sin control. Son células casi inmortales y que se dividen todo el tiempo. Bueno, Gey además de usar esas células para sus investigaciones, donó muestras de las mismas a otros investigadores de diversas partes del mundo, así que las células de Henrietta, ya muerta, se siguieron multiplicando en muchos lugares distintos del planeta. Es más, se siguen multiplicando; se las conoce universalmente como células HeLa y han ayudado en investigaciones muy variadas durante ya más de 65 años.

-¿Cómo? ¿Se siguen usando?
Claro. Es el linaje de células humanas más longevo, casi inmortal y se sigue utilizando. En la propia década del `50 las utilizó Jonas Salk para hacer pruebas de su primera vacuna contra la Poliomielitis. Se usaron para investigaciones sobre cáncer lógicamente, sobre SIDA, y sobre muchas otras enfermedades. Por eso te decía que la contribución de Henrietta a la medicina actual ha sido enorme, imposible de medir.
Pero ella nunca se enteró de que pequeñas partes de su propio cuerpo le sobrevivirían, y de que se desarrollarían tratamientos y medicamentos en base a esas células que siguen dividiéndose, multiplicándose, en miles de cápsulas de Petri en laboratorios del mundo… ¡Y fuera del mundo también! Porque ya se enviaron a laboratorios espaciales en órbita. Se han publicado decenas de miles artículos científicos sobre ellas y registrado miles de patentes. Incluso las células HeLa, por su resistencia y capacidad de multiplicarse, han invadido, por no decir contaminado, muchas otras muestras de tejidos en distintos laboratorios.

-Si hay medicamentos elaborados en base a las células HeLa supongo que se ha generado un enorme movimiento de dinero, y habrá regalías para la familia de Henrietta…
-Esa quizás es la parte más injusta y triste de esta historia. Nunca les reconocieron nada. La familia siempre fue pobre y sigue siendo pobre. El tema se judicializó pero nunca, hasta ahora, obtuvieron nada. Algo así no podría pasar hoy. O eso espero. Porque ya hay protocolos que seguir. No se le pueden extraer muestras de su cuerpo a una persona sin su consentimiento informado. Y si se realiza una biopsia para diagnóstico, no se puede usar para otros fines. Pero en 1951 no existían todos esos recaudos.

Después de esta conversación nos despedimos con Mariano. Me fui caminando, mirando el piso. El asombro había dado paso a una enorme tristeza. No podía dejar de pensar en todo lo que debemos a Henrietta.
 

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