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Diálogos con una bataraza con tapado de pavo real

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Por Susana Parés

Tengo respeto por las tecnologías, en tanto y en cuanto sean herramientas para mejorar la calidad de vida y sirvan para el progreso espiritual de la humanidad.
Dejado en claro esto, debo decir que buscar en internet alguna data puede darnos increíbles sorpresas, descubrir miserias que alguno procura esconder del ojo público, también mentiras ecuménicas, o increíbles perfiles que la humildad de algunos aspira a esconder.

Cuando uno ha recorrido algunos caminos, particularmente académicos, se encuentra que la democrática educación pública no impide que algunos – como en los cuentos de la infancia- se vistan con traje ajeno sin preocuparse que el ojo impiadoso del “1984” , sea que se presente como google u otro buscador, los desnude .

Siempre se habla de lo que le pasa a quien se vista con plumas ajenas (incluso con cuentos inmemoriales de por medio) y en ese orden de ideas, resulta apto traer a colación la vida en el gallinero.
El gallinero doméstico es un sitio relativamente ordenado, con una democracia imperfecta,sí todos sabemos lo que le pasa al que le toca el sitio más bajo, (injusticias hay en todos lados) pero hay una distribución de tarea, se trabaja en igualdad de condiciones, y la única diferencia es entre el color de las plumas, pero nunca se discute la calidad de las mismas, hay una razonable paridad y un mutuo reconocimiento.

La bataraza es una gallina común que reside en los patios entrañables de la infancia, no hace exhibición de rancio abolengo o destacada alcurnia. Sus plumas matizadas son una seña de identidad que con orgullo transmite a sus polluelos.

Pero no todo es tan sencillamente imperfecto, a veces alguna bataraza otea un mundo diferente. Ella puede acceder a ese mundo con su ropaje de nacimiento, su cacareo natural y todos la aceptarían. Pero( siempre hay un pero antes de un desatino) la gallina , sintió que vestida con otras plumas su vida sería mejor.

Allá fue , subrepticiamente, a buscar las plumas que se le caían al pavo real. Se cubrió las alas, intentó hacer un abanico colorido en la cola, pero…poner huevos…la cuestión se complicaba.No importó.

Así, Doña Bataraza ( ya era doña, algo como si hubiera hecho un “doctorado”) siguió vestida con plumas de pavo, avanzando en un sitio que no era el suyo. Sus colegas las batarazas, las vecinas leghorn o “legor” en el lenguaje familiar, miraban incrédulas . Ella seguía subiendo, iba a otras reuniones , dejó el gallinero. Su propia ignorancia le impedía ver el lamentable aspecto de su vestir ( sea lo propio o lo ajeno)

Ayer me contaron que la gallina bataraza, tuvo una caída lamentable de plumas , quedo en piel, uñas y los pavos y pavas reales la trataron con el encono habitual que tienen con quien invade su hábitat. La bataraza ya no es doña y duerme en la puerta del gallinero, esperando que caigan unos maíces para satisfacer su hambre.

En realidad la bataraza presunta académica existe, se inventó un curriculum y anda por el mundo ( y la web) anunciándolo…espero que algún día veamos a esta bataraza, desvestida como a la del relato.