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“El Cordobazo” - 29 de Mayo - 1969/2017

gmariani
Por Guillermo Mariani

No tengo otro mérito ni otra motivación, hoy, para mi reflexión que es la de ser sobreviviente de todo una historia de golpes de estado que abarcaron mi vida desde muy temprano influenciándola seguramente consciente o inconscientemente. A cuarenta y ocho años de sucedido, no se han producido concentraciones notables para evocarlo, a causa, quizás, de la similitud de las situaciones repitentes del pasado que se están reproduciendo. Para mí, sin embrago, la evocación resulta de la mente y el corazón, resulta absolutamente espontánea y hasta temblorosa . Las fotografías en blanco y negro, de aquel tiempo sin celulares, avivan aquellos hechos con negrura de noche y muerte, con relámpagos luminosos de vida y esperanza.

Nací en el año ‘27 y el ‘30 cayó Yrigoyen. En el ‘43, pasada la “década infame”, el coronel Ramírez, un 4 de junio, ocupó el sillón “presidencial”. Bajo la presión de Estados Unidos, que exigía la ruptura con el Eje que el Ejército miraba con simpatía, lo hizo aunque tardíamente. El 17 de Octubre, Perón asumió el mando tras una pueblada libertaria. Diez años después, la llamada “revolución libertadora” lo derrocó. Ni Lonardi, ni Rojas, ni después Aramburu lograron restablecer el equilibrio social con la proscripción del peronismo. Frondizi, el presidente electo (que tuvo veinte asonadas en su gobierno), con su proyecto desarrollista y algunos intentos de reconciliación con el peronismo. Tuvo que abdicar y luego de un breve interregno de Guido, éste convocó a elecciones con las que asumió el poder el presidente Illia. Onganía, un militar ferviente católico, lo desplazó tras otros diez años con un propósito de reorganización nacional a fondo y sin medias tintas. Su primer intento fue anular la fuerza del pensamiento colectivo. Purificó, por eso, la Universidad a la que consideraba de comunistas y subversivos. Profesores e investigadores fueron directamente expulsados de sus cátedras o funciones y muchos de ellos golpeados con los estudiantes en rebeldía en la “Noche de los bastones largos” de la UBA, con repercusión en Córdoba. En esta ciudad la indignación por el desalojo de los ‘profesores más prestigiosos’ copó el campo estudiantil. Los diversos Movimientos AES; Integralismo; Lealtad y Lucha; Federación de estudiantes de la U. Católica tomaron la capilla (parroquia universitaria) de Crsito Obrero, con aprobación inicial de la jerarquía que, luego, ante las presiones oficiales, consintió en el desalojo. Se produjo entonces una manifestación multitudinaria de protesta en la Av. Olmos y en los intentos represores de la Policía, las balas impactaron y dieron muerte al estudiante Santiago Pampillón. Las muertes de otros tres estudiantes en represiones policiales, Cabral en Corrientes y Bello y Blanco en Rosario, enardecieron los ánimos y se multiplicaron las movilizaciones que tenían en vilo a las fuerzas del orden. Se estaba llevando a cabo, con la provocación del estado, una verdadera gimnasia revolucionaria.

El Movimiento Obrero, en realidad el más dañado por las decisiones de la Dictadura que había suprimido los derechos laborales conquistados hasta entonces y a través de la DIPA, había encarcelado a dirigentes obreros y sindicalistas estaba dividido en las dos CGT (Ongaro y Vandor).

Los reclamos de las bases y la limpieza y valentía de algunos dirigentes, de los que la muestra más elocuente fue Agustín Tosco, crecían y lograban unidad para la acción, hasta decretar un paro general para el 30 de Mayo con movilización desde el 29.  

Desde las 10 de la mañana de ese día comienzan las movilizaciones sectoriales. Los barrios vomitan obreros, estudiantes y gente de pueblo en diversas y entusiastas columnas que marchan hacia el centro. La policía cierra los puentes y los pasos estratégicos. El número y diversidad de lugares escogidos para llegar a la concentración acaban por superar la estrategia policial. En la proximidad de Plaza Vélez Sársfield, la multitud se vuelve incontrolable y la policía recurre a las armas de fuego, ocasionando el primer mártir obrero; Máximo Mena. No hace falta más. Las calles se convierten en hervidero de lava que desde todos los rincones confluyen hacia Vélez Sársfield y Colón. Incendios de Citroen, Xerox y La Oriental. En la Av. Colón la gente desde los balcones flamea banderas y arroja papelitos de adhesión. La clase media adhiere, como a la fuerza, a un movimiento popular de cambio.

Ya es plena tarde cuando aparece el ejército disparando y golpeando hacia todas partes indiscriminadamente. La gente corre para evitar las balas y busca refugio en los portales y en las casas que abren sus puertas. Ya es de noche cuando se apacigua un tanto el estruendo de los fusiles y ametralladoras. Las calles están desiertas pero aún siguen los disparos desde los techos. El Cordobazo, primer golpe argentino organizado por el pueblo, al que seguirán muchos otros “azos”; Calerazo, Ferreyrazo, Viborazo… Pero la historia sigue. El enemigo: un sistema esclavizante en nombre de la libertad sigue vigente con apoyo internacional y su poder sigue destruyendo sociedades y matando gente o tirándola desde aviones o hundiendo sus embarcaciones de inmigración, en el silencio del mar. Se trata indudablemente de un enemigo muy poderoso, pero seguimos poniendo nuestra seguridad en una esperanza que muchas veces ya ha sido experiencia. “El pueblo unido, jamás será vencido”.

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