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EL FRACASO: las señales sociales lo aproximan

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Por Guillermo Mariani

Hablar de fracaso supone coincidir en que socialmente estamos en un ritmo de marcha positivo y deseable. El título que se me ocurre para esta columna, no tiene nada que ver con eso. Se trata de que analizando la etapa que vivimos, desde el punto de muchas opiniones de gente autorizada y experimentada, de dentro y de fuera, poco a poco las similitudes con otras circunstancias vividas en Argentina, que no se han borrado totalmente de la memoria, por la gravedad de los daños ocasionados, opino con muchos: en primer lugar, que vamos de caída en caída.

El gobierno no acierta con las medidas que adopta o rechaza para solucionar, desde los más graves hasta los más pequeños problemas que se viven socialmente, Y va perdiendo sostén el optimismo desatado por la habilísima campaña de promesas e ilusiones fabricadas con intervención activa y entusiasta de la prensa del sistema (las empresas periodísticas netamente capitalistas) asociadas como poder añadido y sin ninguna limitación, a los criterios oficiales, satisfechas y engolosinadas por los resultados financieros alcanzados.

Estamos a mitad del quinto semestre y podemos decir (con cierto optimismo) que nada ha mejorado y, con cierta objetividad, que todo va empeorando con ritmo acelerado.

En 1991, con reconocimiento interno y externo bajo la presidencia menemista, la convertibilidad apareció triunfante, una solución original y brillante. Domingo Cavallo el economista genial. La figura del economista de la Dictadura Alfredo Martínez de Hoz quedó opacada por el Ministro menemista. No es este el lugar, ni yo la persona adecuada para hacer una crítica ajustada de las variantes negativas operadas durante los 11 años que duró la convertibilidad cavalliana: desindustrialización, aumento de pobreza, déficit de balanza de pagos, exceso del endeudamiento externo, aumento de los impuestos, desocupación, déficit fiscal y fuga de capitales, con descrédito y desconfianza internacional.

En 1999 la crisis adquiere tal intensidad que obliga al gobierno de Fernando de la Rúa a lanzar su S,O,S al autor inspirador del “plan” para hacerse cargo del remedio de sus males. La aceptación del Dr, Domingo Cavallo fue inmediata convencido de que se trataba de manejo deficiente por parte de quienes pretendieron aplicarlo. Sin demasiado estudio de opciones distintas, así como el gobierno actual procedió “legislativamente a apoderarse de los fondos del Anses” un comunicado del 2 de diciembre del 2001, por Cadena nacional dio cuenta de un nuevo plan económico imponiendo restricciones a los retiros bancarios, junto a reglas cambiarias que fueron popular y airadamente denominadas “Corralito”, con multiplicación de protestas y graves daños económicos y reclamos legales de los perjudicados, y posteriores irregularidades que concluyeron con la represión oficial de las manifestaciones de protesta y las cacerolas de Plaza de Mayo, con el helicóptero salvando al Presidente De la Rúa, de la “pueblada”.

Digo en el título de esta columna que se están acelerando las señales del fracaso, sostenido obsesivamente como “éxito” por el presidente y su corte de colaboradores y beneficiarios, Menem, remplazante anticipado de Alfonsín, debió su fracaso a la adhesión en economía a la “convertibilidad” que le pareció el medio adecuado para excusarse de sus promesas prelectorales. De la Rúa llamó en último término al mago de la economía Domingo Cavallo y tuvo que huir, “volando” de la indignación popular. Macri, ya lo había insinuado hace mucho tiempo, acaba de convocar a Cavallo para salir del enredo en que ha quedado apresado por el rechazo popular y el desprestigio internacional. Las señales precursoras no parecen mostrar nuevos contenidos. ¿se repetirá la historia? Ojalá no salgamos de nuevo perdedores con la insensibilidad sociológica y económica del convocado para salvar a ESTE “submarino” que hace agua y tiende a generar explosiones.

Lo cierto es que cuando Fernando de la Rúa llama nuevamente al autor del engendro de la convertibilidad (un S.O S. al Dr. Domingo Cavallo) porque la deuda fiscal, la desindustrialización, los índices de pobreza, la pérdida de la confianza internacional, la pérdida de la competitividad y el endeudamiento externo imparable e impagable, obligaron en 1999 a tomar alguna decisión inmediata, el fracaso de la “convertibilidad” hacía agua por todas partes, el presidente De la Rúa convocó nuevamente al inspirador de la correspondiente Ley para sugerir el remedio apropiado. Ya sabemos lo que fue la actitud del cargado con la responsabilidad de solucionar el problema

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