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Esclavitudes voluntarias

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Por Guillermo Mariani

Fue un ex - esclavo de origen tracio, Espartaco, quien entre los años 73 y 70 antes de Cristo, liderando un grupo de compañeros gladiadores, logró levantar a los esclavos de la república romana, produciendo lo que la historia reconoció como la gran derrota de uno de los más grandes imperios.

Fue una rebelión victoriosa que momentáneamente acabó con la esclavitud, esa posesión absoluta de unos hombres sobre otros. Una larga lucha frente a una fuerte resistencia de los ejércitos romanos … y un resultado casi simbólico, porque la esclavitud disfrazada de diversas formas y sin varias de sus modalidades impactantes por la crueldad , sigue teniendo vigencia en nuestra sociedad.

Hay una diferencia con aquella gesta ejemplar para la historia de la humanidad. Las esclavitudes modernas cuentan frecuentemente  con la complicidad de los mismos esclavizados .Y esto colabora a prolongarlas indefinidamente. La más difundida tiene como base un sistema social con alardes engañosos de libertad en independencia: El capitalismo liberal.

Siempre, de un modo u otro, la esclavitud está fundada en lo económico. Y como lo económico es en sí valioso para el bien del hombre y la sociedad, es casi normal que se transforme en la aceptación del ideal egoísta al máximo de acaparamiento del dinero como valor supremo y único medio conducente a la felicidad social. Estamos llenos de esclavos del dinero, que gozan con el consumismo y gustosamente siguen las promesas de los que les aseguran bienes materiales, a pesar de que estas promesas han sido y serán dulces mentiras. Plata dulce le llamaron alguna vez.

Y nos sobran también esclavos cerebrales. Aniñados despreciativamente por la prensa cómplice del capitalismo que, en base a consignas repetidas con insistencia, agrandadas en tamaño publicitario y disfrazadas de sonrisas optimistas se introducen en las mentes vacías, facilitando la invasión mental de un periodismo enajenado por el dinero y el poder.

Nos admiramos con las maravillas aparentemente creativas y originales que los cortes de cabello elegidos por quienes no confían en su prestancia personal y creen necesario adquirirla con apariencias que otros eligen, y terminan por convertirse en moldes uniformes encajados en cabezas distintas. 

Los celulares se han transformado en un fuerte signo de esclavitud tecnológica. Monopolizan la mirada, el oído, el tiempo disponible para dejarse penetrar por las bellezas naturales, las manos, con los dedos arañando las letras y mutilando las palabras, gustando la satisfacción de sentirse encerrados en ese minúsculo aparato que lo contiene todo. Y junto a ellos, las redes sociales, en que cada uno procura remediar su anonimato haciéndose importante con los recursos más vulgares y entrando así, supuestamente, a la ansiada publicidad de la imagen y la autofama.

Nadie niega el beneficio del progreso tecnológico, pero la tecnología exige educación previa para usarla y no dejarse esclavizar. En cierto modo es como la libertad que esclaviza si no se está educado para gozarla. La polémica frase de Umberto Ecco: Las redes sociales han logrado conceder la libertad de palabra a una legión de idiotas, no es tan descalificante como parece si aceptamos que “idiota” es el que encerrándose en sí mismo renuncia o carece de la riqueza del pensamiento racional.

Ni qué hablar de la esclavitud de las adicciones que ocultan un verdadero placer en el menosprecio a la peligrosidad de la droga para los particulares y la sociedad, llegando a considerarse para muchos como “un juego” contagioso y divertido, aunque decididamente trágico. La ciencia y la educación no han podido con su difusión contrarrestar estas esclavitudes.

Y no creo exagerar si afirmo que, en el fondo, la raíz de todas ellas, y otras que se podrían enumerar, es el sistema de injusticia social y diferencias irritantes creado por el capitalismo, lo que desalienta a multitudes de luchar inútilmente por su propia dignidad , a la vez que desahoga en unos pocos, sus privilegios, violadores de los más legítimos y nobles principios de convivencia humana igualitaria 

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