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Esos perturbados planetas

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Por Guillermo Goldes
@GUILLEGOLDES

Que duda puede caber de que hemos perturbado profundamente el desarrollo de nuestro planeta. Contaminamos el aire, el agua, el subsuelo y el espacio. Generamos calentamiento global y produjimos extinciones de especies vegetales y animales. Los humanos perturbamos el planeta a diario. Pero disculpen, no es de eso que quiero hablarles, sino de las perturbaciones en las órbitas de los planetas.

Es que si los planetas estuvieran sometidos sólo a la atracción del Sol, cada uno recorrería una órbita alargada, una elipse, alrededor del astro rey. Eso ya fue postulado por el astrónomo alemán Johannes Kepler en el siglo XVI.

El hecho es que los planetas no están aislados, sino que la influencia de cada uno “perturba” la órbita de todo el resto. Y cuando hablo de influencia, me refiero a algo muy concreto: la atracción gravitatoria, que ha resultado eficaz para explicar esa especie de relojería del sistema solar desde que Isaac Newton publicó sus Principios Matemáticos de la Filosofía Natural, en 1687. Ocurre que, como además del planeta que gira y del Sol, existen otros planetas, las órbitas no son elipses perfectas, sino que tienen deformaciones reconocibles. Perturbaciones.

¿Qué importancia puede tener esto? Mucha, porque viendo cómo y cuán perturbada está una órbita, podemos saber quién la perturba. Y la verdad es que justamente así se descubrieron algunos planetas que no vemos a simple vista. Por ejemplo Neptuno. Resumamos esa historia. La órbita de Urano mostraba perturbaciones respecto de la elipse que se esperaba. El astrónomo francés Urbano LeVerrier propuso una idea audaz: que eso no se debía a errores sino de la influencia de un planeta más lejano. Calculó también dónde debería estar ubicado en el cielo ese supuesto perturbador. Otro astrónomo francés, Galle, finalmente descubrió Neptuno buscando con un telescopio donde LeVerrier había predicho. Plutón, el planeta enano, fue descubierto en pleno siglo XX de una manera similar, estudiando cómo este astro, que no se conocía aún, perturbaba la órbita del propio Neptuno. Lo consiguió Clyde Tombaugh en 1930. Como homenaje, la sonda Nuevos Horizontes de NASA, que sobrevoló Plutón en 2015, llevaba a bordo un recipiente con las cenizas de Tombaugh. Aunque él, claro, no se enteró.

Ahora, vamos a la noticia actual, ya magnificada por numerosos medios: muchos astrónomos han observado perturbaciones en las órbitas de asteroides y planetas enanos que se hallan más lejos que Neptuno. Y las atribuyen a la presencia de un planeta todavía desconocido ubicado más lejos aún. ¿Estaremos a las puertas del descubrimiento de un nuevo planeta? Muchos lo buscan, pero sólo el tiempo dirá. En caso de que así suceda en el futuro, el sistema solar volvería a tener 9 planetas, luego del descenso de Plutón a la categoría de Planeta Enano.

Pero por ahora, a no apurarse, todo sigue igual por el momento. No basta una hipótesis, por interesante que sea, para aceptar la existencia de otro planeta.
Hará falta verlo. Si es que existe. 

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En la presente nota se sostiene que Johanes Kepler era polaco. Según consta en su biografía, nació en una antígua ciudad de la región de la Selva Negra llamada Weil der Stadt, en el actual estado de Baden-Würtenberg, Alemania. Por lo tanto, Kepler era alemán. Por favor, cotejen la información antes de publicarla.
Gracias, saludos

 
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