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Estamos en guerra

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Por Guillermo Mariani

Después del primer paro general contra el plan neoliberal arrasante del gobierno macrista, realizado con un acatamiento desacostumbrado y realmente altísimo, los comentarios y reacciones van a ser muy abundantes y ponderados. No quiero hacer comentarios en mi columna digital, sobre este acontecimiento tan elocuente que aparece a los ojos del gobierno, como inexplicable, injusto y hasta delictivo, a pesar de su contundencia como reacción de todo un pueblo oprimido. Recurro a una reflexión del Papa Francisco que en el 2016 pronunció la frase con que titulo la presente reflexión.
 La frase del papa Francisco, llegando a Cracovia, conmovido por el atentado en Francia, Niza 14/08/2016, fue una clara afirmación de su visión del mundo en este momento. Hemos vivido en el siglo pasado, dos guerras mundiales. Disputas entre países con ambiciones imperialistas fueron comprometiendo a diversas naciones de un lado y otro, de modo que una cantidad impresionante de personas quedó envuelta en los horrores indescriptibles de las contiendas armadas. Al menos ochenta millones de muertos fueron el saldo de esos enfrentamientos, con clara responsabilidad de los gobernantes de las naciones que los desataron y detrás de cada uno, toda la tragedia humana de la violación de derechos esenciales con el flagelo del hambre, las torturas y aprisionamientos injustos, migraciones impuestas y contenidas en embarcaciones recargadas de gente desalojada de su hábitat, con destino frecuente a la muerte por naufragio en el mar o al rechazo inhumano de las costas. No se puede leer la historia de las dos guerras mundiales (14-18 y 39-45) sin estremecerse y pensar que sus actores y sus víctimas fueron seres humanos como nosotros. Pareciera que la lección estaba inicialmente aprendida por el mundo con medidas limitantes del comercio de las armas y control acordado por los organismos internacionales.
 Hay que tener presente, sin embargo, que a pesar de los esfuerzos al parecer exitosos para evitar contiendas “mundiales”, la otra guerra, la tercera, la que ya está realizándose, a juicio del pontífice, tiene características que la transforman en “necesaria” e “inevitable”. Y es que se trata de una guerra que se siembra. No de las que amenazan o se inician con el uso de la armas. El temor de las armas nucleares ha sido el gran motivo para llamar a prudencia a las grandes potencias, en el uso de las armas. Pero se ha planeado arteramente, desde las mismas potencias dominantes la estrategia de otro estilo de guerra. Que se siembran por el mundo fomentando la desigualdad, la discordia y descontento, la injusticia social, la exclusión antihumanitaria, el desempleo, el hambre, la expulsión, invasión o arrasamiento de la propia tierra, y hasta la degeneración del planeta. Es la guerra que resulta indispensable para el éxito del capitalismo “globalizado y excluyente” y que, desde su poder ha comprado las más sofisticadas y poderosas empresas de información para convertirlas en el arma intelectual y psicológica que prepara y justifica las injusticias, la impunidad de los poderosos, el uso de las armas para reprimir toda resistencias. Las guerras que ya desplazan a millares de víctimas a diversos campos de concentración o sepultura en el mar para los náufragos que no logran las costas. Los agentes internacionales de esta SIEMBRA DE GUERRAS se disfrazan de cualquier cosa, arman las más inverosímiles escenografías utilizando los procedimientos tecnológicos para efectos fotográficos o fílmicos por cuyo precio no se preocupan porque el dinero les sobra, deciden como dueños de las naciones lo que resulta perjudicial para la ecología y la población, cosechando a manos llenas las prebendas de enriquecimiento e impunidad delictiva sostenidas por Estados Unidos.
 Por ahora, no se manejan los números de las víctimas mortales de esas guerras sembradas, pero se va abriendo un camino de enfrentamientos que tienden a resucitar las discrepancias ideológicas y económicas que, secretamente, están alimentando la solución, de una y otra parte, por la violencia armada y organizada.
 La PAZ, que según el Papa se ha perdido, no es la que viene por la tranquilidad de los ricos, sino la que brota de la elevación del nivel de comunicación y, por tanto , de colaboración, de los menos pudientes y los pobres, objeto de la protección y promoción humana por parte de los responsables de la naciones. Los que renuncian a estos objetivos están abriendo las puertas a la violencia y a la guerra.

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