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La camiseta del odio

pramos
Por Pablo Ramos
@SUBVERSIONESSRT

Detrás del asesinato de Emanuel Balbo
hay una caterva de odios enquistados,
de injusticias naturalizadas,
de complicidades automáticas.
El virus de la violencia se esparce en las tribunas,
alentado por un fanatismo terrorista.
Es una guerra asumida de forma subliminal.
Brota en personas aparentemente normales.
Son bombas detenidas listas para estallar en un segundo fatal.
Cómo explicar la acción criminal de una turba espontánea,
dispuesta a desechar la vida por la pasión de un equipo
y sobretodo por el desprecio a un rival.
Cómo explicar la cadena de complicidades de cientos de hinchas
que filman, aplauden, toleran, permiten
la golpiza y finalmente la ejecución de un pibe,
porque aparentemente era un enemigo deportivo.
Mientras Emanuel agonizaba, el partido se siguió jugando,
se celebra cada gol como el aniquilimiento del otro.
Es la cultura de la muerte que se autojustifica por amor propio.
La vida de ellos no vale nada.
Porque la nuestra es la única que vale.
Pero además en este caso
aparece claramente un componente extra
que siempre está
porque la guerra es social
y la cancha es un territorio legalizado para las batallas
una manera de abroquelar resentimientos diferentes
y ponerlos en acción estratégica.
Entonces que en la historia de Emanuel y el instigador de su asesinato
aparezca la violencia institucional,el homicidio impune de su hermano,
la masacre diaria sobre los derechos y la justicia.
Completando un círculo trágico,
donde los peones alienados
configuran sus frustaciones cotidianas
en una estrategia homicida.
Te vamos a matar,
te vamos a violar,
te vamos a denigrar,
gritan al unísono,
con sus cánticos marciales,
embanderados en una divisa guerrera
y si la oportunidad emerge en el caos de los sentimientos
la arenga se vuelve real.

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