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La degeneración capitalista-liberal de un sabio principio natural

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Por Guillermo Mariani

Nadie, o al menos muy pocos hoy, se atreven a defender en público la legitimidad y justicia de las guerras. Las últimas contiendas mundiales son argumento más que convincente, aún para los que resultaron victoriosos en posesiones, poder y manejos financieros.

Las tragedias de las innumerables pérdidas de vidas y de conquistas materiales, científicas y culturales logradas esforzadamente por la humanidad, a través de la marcha de la historia, duelen aun desde la lejanía de lugar y tiempo. Se escucha, sin embargo, todavía la afirmación pseudocientífica de que las guerras son necesarias para el crecimiento positivo de la humanidad evolucionando “gracias a la selección natural de las especies”. Y la experiencia histórica muestra claramente que el capitalismo las ha provocado desde todas las ideologías nazifacistas, justficándolas y justificando a los últimos responsables de cada una como benefactores de una humanidad futura, liberada del peso de los” innecesarios.” o “prescindibles” a su juicio.

Se ha dado, de este modo, una especie de evolución, que pareciera favorecer el bien de la humanidad y lo específicamente humano, aunque no ha desaparecido la causa originante de lo terrible de las guerras, que es el principio de la ”globalización” consistente en apartar definitivamente a quienes no se conforman con el sistema establecido.

La primera variante ha sido una aparente renuncia al uso de las armas. Hasta se han establecido acuerdos de paz internacionales importantísimos que parecieron abarcar todos los campos de posibles disensiones. No se ha renunciado sin embargo a su producción, investigación técnica y de eficiencia y por sobre todo ¡VENTA ¡ exepcionalmente productiva y satisfactoria para los países fabricantes.

Alcanzar un acuerdo para descartar el armamento nuclear pareció un paso alentador. En cuanto al uso de armas químicas, se guarda todavía un cierto respeto quizás porque aparece como demasiado indigno de lo humano. Pero, de repente, en pleno siglo XXI aparece un nuevo método de exterminio del “material sobrante” .El cierre de fronteras para la inmigración. Uno tras otro, los grandes países capitalistas se van pronunciando, en acción primero, y luego en legislación justificante, por el rechazo del inmigrante, con argumentos absolutamente injustos que lo descalifican como ser humano.

Elegir el mar como, sepultura de miles de hombres mujeres y niños que no hacen otra cosa que huir de las injusticias de la pretendida globalización que los ilusionó para luego marginarlos absolutamente, es un trágico resultado que asusta a los mismos actores y culpables del mismo.

Contradice, a ojos vistas, no sólo la experiencia histórica tan elocuente y eficaz en la construcción de grandes naciones, sino a un elemental sentido de la dignidad de cada ser humano. Y en esto, quedan ellos necesariamente incluidos, aunque por ahora se consideren “becerros de oro”, tenidos en consideración por todos, … pero con destino de ser destruidos.

No para ahí la cosa. Aunque se trata de tragedias asoladoras de los países de procedencia de los migrantes, esto no es suficiente. Está creado y perfeccionado el método para que también otros países, con apetecibles riquezas naturales y humanas, queden igualmente sometidos a la voracidad del capitalismo internacional. Los países más progresistas y democráticos de América latina han caído en esa táctica del “golpe suave” que constituye un gravísimo atentado contra todos los derechos y leyes. Con éxitos disímiles se han cumplido y se cumplen las reglas de estos atentados contra la sociedad y su organización democrática. Sin pausas ni escrúpulos.

En conclusión: el mundo no está desarmado, ni material ni psicológicamente. Está preparado para la guerra. Hay potencias tradicionalmente superiores en número y poder destructivo de armas, al mismo tiempo que con vocación “criminal”. El endeble equilibrio vigente queda establecido por el miedo de que los adversarios posean medios secretos tan destructivos como los propios, o cuyo uso conduzca a una tragedia común y sin remedio.

Pero se rompe, necesariamente, con todas las seguridades, mientras no se construya un equilibrio en el manejo de los medios de información, que son indudablemente los mayores formadores o deformadores de opinión. Habría que llegar al “equilibrio de mentira y el engaño” . Con demasiado frecuencia están resultando victoriosos los que mejor mienten, organizados con todos los medios disponibles, y abiertos a venderse y vender sus mentiras..

O todos nos lanzamos a MENTIR descaradamente con todos los requisitos que esto supone y las secuelas que probablemente origine o no hay posibilidad de que los que creen y buscan honesta y humildemente la verdad resulten triunfadores alguna vez. En Democracia el “equilibrio en la mentira” tiene un esquema de construcción: La Justicia. El capitalismo liberal ha logrado corromperla de raíz.

PD: No hace falta mucha investigación para adquirir conciencia de esta realidad tremenda para el presente y la historia: Está muy cerca nuestro. Ni las armas más sofisticadas, ni la amenaza nuclear, ni el sistema de espionaje más perfecto, llegan a pervertir completamente al hombre originariamente bueno (ROUSSEAU). La Mentira triunfante, pervertidora de la comunicación que es el único material indispensablemente valioso para la construcción de la sociedad humana, significa y anuncia la ruina total.

¿Será realmente el capitalismo liberal, al que rinden absoluta sumisión nuestros actuales gobernantes, el mecanismo natural de “selección de la especie” para establecer la sobrevivencia exclusiva de los que han sabido aprovecharse de los demás para acaparar bienes materiales, empresas offshore, depósitos en paraísos fiscales, ingentes sumas para comprar personas e instituciones en particular las dedicadas a informar a la gente y a impartir justicia, evitando así la subsistencia del material, a su juicio, prescindible o descartable?

Quizás haya algo por hacer para impedirlo aunque aparezca, en principio, superior a nuestras fuerzas.

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