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Lo que “le duele” al Mons. Santiago Olivera

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Por Guillermo Mariani

Lo que “le duele” al Mons. Santiago Olivera (capellán castrense de G.N)
 
-Le duele que la desaparición forzada de Santiago Maldonado haya provocado marchas multitudinarias en todos los espacios de la nación y así  hayan roto la UNIDAD que nos hace falta a los argentinos. Porque todo el gobierno y sus mimados quedaron “del otro lado”.
 
¿Y… han estado ellos, en alguna oportunidad, al lado del pueblo y la verdad?
 
-Le duele que lo de Santiago desaparecido y los mapuches reprimidos, esté siendo utilizado como un hecho político.
 
¿Y Ud. cree de verdad que los delitos del Estado, como es la desaparición forzada de personas, no son hechos políticos?
 
-Le duele que los 40 gendarmes dirigidos por Nocetti, agente de Bullrich y bajo mandato de Macri, sean acusados de “asesinos” por su represión a los mapuches, a los jóvenes que se quedaron en la Plaza después de marcha del viernes (al margen de las piedras de los encapuchados), y la desaparición de Santiago Maldonado, golpeado y tirado a la camioneta transporte de Gendarmería.                                                                                                
 
Pero, ¿Cree Ud. Monseñor, que un asesinato consumado por un grupo organizado y dirigido por una persona representante de la autoridad, deja por eso de ser asesinato?
 
-Le duele que Santiago “pueda aparecer” en cualquier momento desde un lugar distinto, donde está mantenido oculto (y ojalá así fuera). Pero que la Gendarmería quedaría ya señalada como ejecutora de desapariciones, ocultamientos o muertes, y sospechada de ser utilizada por una ministra disfrazada de gendarme para cumplir las órdenes represivas del Gobierno nacional.
 
Pero, ¿No sabe Su Excelencia, representante del Vaticano, que con 40 días de desaparición forzada ya está cometido un delito irreparable?
 
-Le duele, finalmente (y aprovecha toda oportunidad para manifestarlo) que los represores y genocidas de la última dictadura no puedan gozar del beneficio de prisión domiciliaria y que no se revisen los juicios de la “justicia y la memoria” para disminuir las penas.
 
¿No sería mejor que le doliera la prisión absolutamente injusta, capricho de un gobernante herido en su amor propio y sostenido por el Gobierno nacional, de Milagro Sala, vigilada ahora por un escuadrón de Gendarmería?
 
-Compadecemos su dolor, Monseñor obispo Olivera, aunque también ese dolor, manifiesta su insensibilidad por los derechos humanos a pesar de su dignidad eclesiástica y el pectoral que exhibe en su  pecho. Nos duelen sus dolores, ¡eso sí! porque serán una nueva mancha en la historia,  ya bastante turbia en las actitudes frente a la derechos humanos, de la Iglesia argentina, con un Papa argentino que le hizo a Ud. el honor de nombrarlo “capellán castrense”.
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