Google+
Los faros de este lado del mundo

ggoldes
Por Guillermo Goldes
@GUILLEGOLDES

Quizás sorprenda el dato pero la longitud de nuestra costa atlántica, desde el limite exterior del Río de la Plata en Punta Rasa hasta la Punta Dungeness en Santa Cruz es de unos 5.900 km. Esa cifra no incluye islas y tiene en cuenta sólo los accidentes costeros de más de 10 metros de tamaño. A lo largo de esa enorme extensión hay diseminados, en forma estratégica y nada casual, 47 faros activos que ayudan a la navegación.

A estos faros hay que agregar aquellos que se encuentran localizados sobre islas. El más famoso de todos es quizás el que Julio Verne bautizó como “El Faro del Fin del Mundo” en la novela homónima. Y aquí debemos aclarar dos cuestiones. En primer lugar, Argentina no se encuentra en el Fin del Mundo. La razón es sencilla: la superficie de la Tierra es redonda, por lo que no tiene comienzo ni fin. Aún así hemos aceptado que nos impongan esa idea descalificadora. Incluso el papa Francisco al ser elegido hace pocos años usó esa expresión negativa. En segundo lugar, ese faro existe, pero se llama en realidad “San Juan de Salvamento”. Está ubicado en la Isla de los Estados. Verne, que nunca pisó Sudamérica, situaba la acción de esta trama de aventuras entre el citado faro, la cercana bahía a la que rebautizó con el nombre de El Gor, y el Aviso Santa Fe, un pequeño barco militar con pabellón argentino. Tres marineros compatriotas hacían frente con éxito, en ese aislado escenario, a una banda de piratas. 

San Juan de Salvamento fue en realidad habilitado en 1884, lo que lo convertiría en el faro fijo más antiguo del país. Hay que aclarar que años antes se habían utilizado ya barcos anclados como faros flotantes. Fue el caso del efímero “Manuelita”, que soportó a flote fuertes tormentas apenas durante una semana en la zona de Bahía Blanca. Pero volviendo a San Juan de Salvamento, el paso del tiempo y el abandono lo destruyeron: fue reemplazado por el faro de la isla Observatorio, un islote a unos 20 km al noroeste del primero. La historia reciente cuenta que admiradores franceses de Verne, junto con el estado argentino, reconstruyeron el faro de San Juan de Salvamento en 1994, en el mismo emplazamiento donde operó originalmente. Hoy continúa en funcionamiento. Es una caseta baja de madera, de planta octogonal, situada en un promontorio al noreste de la isla. También en nuestras Islas Malvinas hubo varias “casas de luz” activas a lo largo de diferentes épocas. El único que permanece operable en esas tierras usurpadas desde 1833 se encuentra en el extremo este de la Isla Soledad, en el Cabo Pembroke. En la Isla Grande de Tierra del Fuego también operan varios faros marítimos. 

Pero volvamos a nuestra costa continental y sus faros, en las cuatro provincias atlánticas: Buenos Aires, Río Negro, Chubut y Santa Cruz. Aún hoy, en la era del radar y el GPS, despiden y dan la bienvenida a los buques que salen y entran de nuestros puertos y brindan seguridad y tranquilidad a sus navegantes.

Al norte de esa extensa franja costera, en Punta Rasa, se ubica el faro San Antonio. Su nombre evoca una embarcación que exploró esos parajes como parte de la expedición de Magallanes en 1520.

Por su parte en la provincia de Santa Cruz, el faro Cabo Vírgenes, 130 km al sur de Río Gallegos, es el más austral de la Argentina continental. Fue el propio Magallanes quien bautizó ese accidente geográfico como “Cabo de las Once Mil Vírgenes”. Apenas ocho kilómetros más hacia el Sur, el faro chileno Punta Dungeness marca la boca oriental del Estrecho de Magallanes. Está ubicado apenas a 20 metros del límite internacional con nuestro País.

El faro más antiguo que continúa en servicio ininterrumpido es el Río Negro, en la desembocadura de ese gran curso de agua que atraviesa la Patagonia de oeste a este. Está cerca del balneario El Cóndor, en la provincia de Río Negro. Tiene apenas 17 metros de altura; fue construido en mampostería y habilitado en 1887, con el objetivo se señalizar la boca del Río Negro y permitir la aproximación al puerto fluvial de Carmen de Patagones.

Aunque nos parezca lo contrario, los faros no son simples luces intermitentes. Su continuo parpadeo no es sólo una advertencia por la cercanía de la costa: también transmite información. La cantidad y secuencia de destellos por minuto permiten identificar cada faro, y por lo tanto su posición geográfica, de manera indudable: son la firma de estas elevadas luces. Así por ejemplo el faro Almirante Brown, ubicado en el Golfo San Matías en Chubut, emite tres destellos consecutivos de luz blanca cada 16 segundos. Mientras que el popular faro Querandí ubicado cerca de Villa Gesell destella 5 veces consecutivas cada 26 segundos. El faro Recalada por su parte, destella 1 vez cada 9 segundos. Es el mayor de los faros argentinos: tiene 67 metros de altitud y es totalmente metálico. Se habilitó en 1906 y se encuentra en las afueras de Monte Hermoso, abierto al público durante el día. Su función, además de brindar orientación general a los navegantes, es guiarlos en forma segura hacia Puerto Rosales, Puerto Belgrano, Ingeniero White o Puerto Galván, las terminales portuarias aledañas a la ciudad de Bahía Blanca.

Las luces de los faros argentinos reconfortan a viajeros provenientes de todos los rincones del planeta en nuestros mares tormentosos y solitarios. Lejos de las grandes metrópolis del norte, pero no por eso cerca del Fin del Mundo.

OPINIÓN
mrvilla
Por Miguel Rodriguez Villafañe


ggoldes
Por Guillermo Goldes

lcrisafulli
Por Lucas Crisafulli

mlafuente
Por Manolo Lafuente