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Monumentos al Abandono

ggoldes
Por Guillermo Goldes
@GUILLEGOLDES

Siempre me produce sensaciones extrañas, mezcla de admiración y nostalgia, recorrer antiguas instalaciones tecnológicas, que el paso del tiempo y la poca rentabilidad económica, han vuelto obsoletas. Resisten los años y al mismo tiempo los exhiben, acumulando herrumbres y desgaste. Parecen reclamarnos que luego de construirlas las hayamos abandonado.

El cablecarril de la mina de oro La Mejicana en las Sierras de Famatina, La Rioja, es el ejemplo supremo. Porque era una obra única. Tenía 9 estaciones desde Chilecito hasta la bocamina, salvando más de 3.500 metros de desnivel. Mucho más cerca, el viejo Dique San Roque asoma su cabeza cuando el lago baja su nivel. También dejamos libradas a su suerte las usinas Bamba y Molet, sobre el curso del Suquía, que alimentaron las incipientes necesidades de energía eléctrica de "la Docta" a fines del siglo XIX y comienzos del XX. En las sierras del sur provincial, en los límites con San Luis, el Pueblo Escondido permitía explotar las minas de tungsteno del Cerro ÁsperoEs otro hito en ese curioso mapa del abandono tecnológico. 

Cerca de San Miguel de Tucumán se encuentra el embalse El Cadillal, que regula los caprichos del río Salí. Su muro está compuesto de materiales sueltos, y fue llenado en 1966. Hoy es un gran centro turístico. Sin embargo, a 400 metros aguas abajo aún se observan las fundaciones del proyecto original del dique, previsto para 1904. Iba a ser una construcción monolítica ubicada en una estrecha garganta del río. Pero fue abandonada por problemas técnicos.

En la Patagonia también encontramos algunos vestigios desaforados: como el observatorio de La Leona, entre El Calafate y El Chaltén, que se construyó durante décadas y funcionó apenas por diez años. El Ferrocarril Trasandino que circulaba desde Mendoza a Los Andes en Chile, pasando por Las Cuevas, debe ocupar un lugar destacado en este repaso, por su osadía e importancia para la integración. Se había inaugurado en 1910 y funcionó hasta que, en 1984, sus vías fueron sepultadas por aludes.

Sin embargo, cuando visito grandes instalaciones, que requirieron enormes inversiones en tiempo, dinero y esfuerzo, y que nunca llegaron a funcionar, me gana la incredulidad. Y este es el caso de los túneles ferroviarios de La Merced y Rumi Puncoentre Catamarca y Tucumán. Habrían permitido una rápida comunicación, por tren, de esas dos provincias y a través de ellas del Noroeste con la región Cuyana. El problema fue que nunca se realizó el tendido de las vías. Queda el testimonio de esa obra faraónica, sólo conocida por lugareños y amantes del turismo de aventura.

Hay sin dudas muchos más de estos grandes errores escritos con hormigón y hierro distribuidos sobre la extensa geografía de Argentina. Los invito a hacernos conocer sus historias. 

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