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Nada tan extraño como la naturaleza

ggoldes
Por Guillermo Goldes
@GUILLEGOLDES

Para quienes no tenemos estudios en biología más allá de los escolares, siempre es motivo de asombro enterarnos de algunas cuestiones que se nos antojan complejas, difíciles de comprender y hasta ilógicas, relacionadas con la vida sobre el planeta. Los recovecos de la biodiversidad son numerosos y laberínticos. En esta oportunidad, quiero compartir mi sorpresa ante cuestiones muy singulares relacionadas con la reproducción de determinados animales. Y lo haré tomando quizás la actitud de quien se ha enterado de algún secreto que necesita compartir. Claro que aquí no hay ningún secreto.

Por lo tanto, quien posea ya conocimientos profundos de biología no encontrará en esta columna información alguna que pueda ser de su interés. Todo le parecerá, seguramente, una mala versión de un texto elemental. Si ese es el caso, el lector versado puede sencillamente pasar a otra sección.

Para el resto, me permito resumir algunas de esas curiosidades reproductivas.

1. Los huevos sin fecundar son estériles. ¿O no?

La respuesta es: depende. En la mayoría de las especies ovíparas, sí. Un pollito nunca podrá emerger de un huevo de gallina no fecundado. Tampoco una pequeña tortuga podrá eclosionar de un huevo no fecundado. Ni una pequeña y movediza larva de mosca. Pero en algunas especies, eso sí es posible. Hablamos del proceso llamado partenogénesis. Una abeja reina pone millones de huevos. La gran mayoría de esos huevos han sido fecundados por un zángano durante el vuelo nupcial y darán origen a abejas obreras, todas ellas hembras. Hembras, aunque en principio estériles. Pero los huevos no fecundados también eclosionarán. Solo que producirán zánganos, machos, que tendrán la mitad de la carga genética que su madre, la reina, o que sus hermanas, las obreras. En algunas ranas y lagartijas la situación es parecida.

2. Los hijos se parecen a los padres. ¿Verdad?

La mayoría de las veces sí, pero no siempre. Cuando se reproducen las medusas, de cada huevo fecundado emerge una larva llamada plánula, que se fija a una roca y se transforma, metamorfosis mediante, en un pólipo. Ese pólipo, que sería la descendencia en primera generación de la medusa “padre” y la medusa “madre”, crece y luego se divide en una multitud de nuevas larvas que se liberan al mar. Esas nuevas larvas se llaman éfiras. Cada éfira se desarrollará como una nueva medusa adulta. Primero medusa, luego pólipos, finalmente nuevas medusas. Generaciones sucesivas, muy diferentes entre sí.

3. Los animales tienen un sexo definido. Es obvio, ¿o no?

Nuevamente esto es verdad para la mayoría de los casos, pero no para todos. Algunos animales poseen órganos reproductores de ambos sexos. Las estrellas de mar o equinodermos por ejemplo. También muchos caracoles y lombrices de tierra. Son animales hermafroditas, y cualquiera de ellos puede aparearse con cualquier otro de su misma especie. El mismo animal puede aparearse algunas veces como macho y otras como hembra, generando en ambos casos descendencia. No se suele dar, sin embargo, la fecundación de un animal hermafrodita a sí mismo.

4. Los machos y hembras de una misma especie suelen tener cuerpos bastante parecidos. ¿De acuerdo, esta vez?

En muchos casos sí, pero en otros no. Cuando hay grandes diferencias hablamos de dimorfismo sexual. Uno de los casos más llamativos que conozco es el del Bicho Canasto. Estos insectos que antes abundaban en nuestros patios, y hoy ya no tanto, emergen de sus huevos en forma de larvas. Son orugas, tanto las hembras como los machos. Posteriormente construyen sus canastos. Pero resulta que los machos, dentro de esos canastos, sufren una metamorfosis completa que los transforma en mariposas. Y emergen de los mismos volando con sus cuatro alas. Las hembras, en tanto, conservan la forma de oruga y aunque maduran sexualmente, no emergen del canasto. Cuando se aparean, un macho-mariposa visitante lo hace con una hembra-oruga, en el canasto donde ella habita.

5. El sexo de la descendencia está determinado genéticamente. Aquí no hay dudas…¿o sí?

En principio es así. En los mamíferos dos cromosomas X producen una hembra. Un cromosoma X y uno Y generan un macho. Pero para algunas especies de reptiles, como los yacarés, la temperatura de incubación es la que finalmente determina si del huevo saldrá un yacaré macho o una yacaré hembra.

Son sólo unos pocos ejemplos entre muchos que podríamos dar. Creo que ilustran en forma muy clara el punto de esta columna.

Nada es tan extraño como la naturaleza.

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