Google+
Ñoquis

lcrisafulli
Por Lucas Crisafulli
@LUCASCRISAFULLI

Difícilmente una masacre pueda suceder sin la aquiescencia de una parte importante de la sociedad. Es notable que todo poder punitivo que lleva adelante muertes y represión sistemática oculte al tiempo que muestre.

La sociedad no fue testigo en directo de todas las masacres o de la forma específica en que estas se llevaban a cabo, pero algún grado de conocimiento social siempre existió sobre lo que sucedía.

Para ello fueron construidos discursos legitimantes de estas masacres. Algunos con un sofisticado grado de elaboración, como la demonología de la Inquisición, el racismo "científico" de Gobineau o Spencer del nazismo o la doctrina de la seguridad nacional del terrorismo de Estado. Otras de estas elucubraciones teóricas fueron menos elaboradas, como la teoría de las ventanas rotas y la tolerancia cero para criminalizar y eliminar al delincuente común.

Lo cierto es que todos estos discursos legitimantes del poder punitivo fueron explicados a la sociedad por algún comunicador, de una forma más o menos sencilla, para que operaran como excusa ante las masacres de las cuales, la sociedad de cada uno de sus tiempos, fue testigo con mayor o menor grado de conocimiento.

La demonología avanzada del libro “El Martillo de las Brujas” escrito por los inquisidores Sprenger y Kramer en 1487 por ejemplo, distinguía entre demonios súcubos e íncubos. Esa compleja teoría era explicada por varios pastores y sacerdotes desde los púlpitos de una forma más sencilla: si la cosecha es mala es culpa de las brujas, y las brujas son mujeres y generalmente pobres, por lo que hay que fritarlas. La sociedad, en este caso no sólo era testigo sino también cómplice, justificaba las matanzas a partir de la consideración de bruja de la persona que se rostizaba en la hoguera.

Cuando el nazismo exterminó a millones y millones de judíos, el pueblo alemán no conocía ni los métodos precisos ni los números exactos de muertos, pero sí tenía conocimiento que se estaba persiguiendo a los judíos. Esto se justificaba en la supuesta inferioridad de los semitas, causantes de todos los males económicos sufridos por la Alemania de la entreguerra. Este discurso era explicado por toda la propaganda oficial del ministro Joseph Goebbels.

Durante la última dictadura militar la sociedad argentina también fue testigo silenciosa de la desaparición, tortura y muerte de 30 mil compatriotas. ¿La sociedad argentina sabía a la perfección sobre los vuelos de la muerte, la logística de la Esma o el número de perseguidos? Calculo que no, pero sí sabía que se estaba asesinando. Para ello, la prensa del momento no solo instaba a denunciar a los subversivos, sino que también justificaba la represión haciendo pasar las muertes por “enfrentamientos” y a los campos de concentración como "centros de rehabilitación". Se creó una frase que acompañará la vergüenza de gran parte del pueblo argentino: "por algo será". Esa expresión condensaba de una forma sencilla y entendible para todos, la doctrina de la seguridad nacional.

Pero los estados no sólo llevan adelante muertes a través de masacres y de su poder punitivo. El hambre, las enfermedades no curadas por la salud pública o la falta de agua potable matan tanto como las balas.

El neoliberalismo con su eficiencia económica es el nuevo discurso de estas muertes no generadas por el poder punitivo. La obscena concentración de riquezas mata. La mitad de la torta se la lleva el 1% más rico. Pero la distribución padece tanta distrofia que ni siquiera la mitad restante se la lleven el otro 99%. Existe una porción importante de la sociedad, aquella a la que el neoliberalismo considera sobrante, excedente, apenas un residuo social, que no podrá disfrutar ni las migajas de aquella torta mal repartida. Y eso significa no tener para comer, perder el trabajo y la afiliación social que este genera, acudir a hospitales públicos desmantelados en nombre de la mercantilización de la salud. Significa morir porque la medicina que te podía curar solo se vende a un precio que no podés pagar.

Estas muertes del neoliberalismo comienzan, o son coetáneas a un discurso. En los 90' se lo conoció como la reforma del Estado, hoy en cambio, como revolución de la alegría. ¿Y el justificativo? Hoy, los medios de comunicación privados concentrados en tres o cuatro manos, a los que se suman los medios públicos con un discurso hegemónico que apunta a la corporativización de la economía, a aquella concentración obscena que mencionábamos unos párrafos arriba, han creado el nuevo "por algo será": "lo despidieron por ñoqui".

Estamos a tiempo de detener una nueva masacre por hambre. La esperanza está en que ese discurso gubernamental no se haga carne y cuerpo en la sociedad; que no se transforme en la nueva mancha de la vergonzosa memoria colectiva. Estamos a tiempo de seguir apostando a que el trabajo es un Derecho Humano.
 

OPINIÓN
gmariani
Por Guillermo Mariani

mrvilla
Por Miguel Rodriguez Villafañe


ggoldes
Por Guillermo Goldes