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Puertos de ausencia que hacen llorar

mlafuente
Por Manolo Lafuente
@MANOLOLAFUENTE

Sé que muchas veces he recordado lo que el escritor y periodista yanqui Ernest Miller Hemingway escribiera en el prefacio de “París era una fiesta” y que Tomás Eloy Martínez reprodujera en el prólogo de “La novela de Perón”.
 
“Si el lector lo prefiere, puede considerar este libro como una obra de ficción. Siempre cabe la posibilidad de que un libro de ficción deje caer alguna luz sobre las cosas que antes fueron narradas como hechos”.
 
Pero ocurre que cuando esto se concreta en la realidad, vuelve a sorprenderme la prudencia del imprudente Papa, Capitán o Le Grande Capitan, como lo apodaban a Hemingway en honor a todas sus magnitudes, al calificar su afirmación como casualidad.
 
El fríamente denominado “El caso del artesano” para nombrar a la desaparición forzosa de Santiago Maldonado, ha renovado ese asombro.
 
Los responsables son Horacio Guarany y Violeta Parra que, de hecho habían muerto en vida de Maldonado, vida que aún continúa como esperanza al momento de escribir estas líneas en la mañana del viernes 20 de Octubre del 2017.
 
Guarany había nacido como Eraclio Catalín Rodríguez Cereijo​​ en Las Garzas, Provincia de Santa Fe, hijo de un indígena correntino y de una madre española de León a los que quizás quiso honrar con el apellido de su pseudónimo y…su melena. Fue recordando su pago chico fue que compuso “La litoraleña”.
 
“Canoita que pasas rumbo pa’ la ciudad: aguas arriba un día, tras la esperanza te he’ i de llevar”.
 
Violeta Parra, nacida como Violeta del Carmen Parra Sandoval y adjetivada admirativamente por su hermano Nicanor como Viola piadosa, admirable, doliente, chilensis, volcánica, viola funebris, escribió “Corazón maldito”.
 
“¿Cuál es mi pecado pa´maltratarme, sí, pa´maltratarme, como el prisionero por los gendarmes, sí, por los gendarmes? Quieres matarme.” 
 
La más que obvia relación que tienen ambas canciones don Maldonado, río arriba, gendarmes, me llevan sin escalas al “Juancito Caminador” de Raúl González Tuñon “el tiempo humilla y ultraja, todo, menos la canción”.
 
 
Tanto, que la remembranza musical de Guarany, remata con una esperanza que también albergamos en lo que la gelidez periodística ha bautizado como “El caso Santiago Maldonado”.
 
“Mañanitas dormidas: puertos de ausencia que hacen llorar; lágrimas de amargura, que el tiempo nuevo sabrá borrar”.
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