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Rodeados de ondas

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Por Guillermo Goldes
@GUILLEGOLDES

Ondas de radio. Ondas sonoras. Ondas gravitacionales. Ondas de TV. Onda verde de los semáforos. Ondas sísmicas. Ondas luminosas. Ondas marinas. Ondas de probabilidad. Ondas expansivas de explosiones. Usted, como todos, vive inmerso en un mar de ondas de diferentes tipos, tamaños, intensidades y efectos. Pero todas son ondas. Es decir, hay algo en su naturaleza que les es común.

Las ondas transportan energía, y eventualmente información, a grandes distancias, sin generar movimiento de objetos o materia a grandes distancias. Esa es su esencia. Por esa razón, si usted necesita transportar una mesa desde la Patagonia hasta el Litoral, las ondas no lo ayudarán. Pero si quiere transportar la energía eléctrica generada en una represa de la Patagonia hasta una fábrica ubicada en la Mesopotamia, y allí usarla para construir mesas, recurrirá a las ondas. Lo hará transmitiendo la energía mediante una línea de alta tensión por la que circula corriente alterna; en definitiva un fluido eléctrico ondulatorio. Transportará energía (mucha), no materia. Dicho sea de paso, transportar energía resulta más barato y sencillo que transportar pesados objetos, una vez que se cuenta con las instalaciones adecuadas para hacerlo.

Si desea enviar un libro de regalo, con sus tapas duras y sus coloridas ilustraciones originales, desde Córdoba a un amigo que vive en Uruguay, no piense en usar ondas. Pero si le interesa transmitir a su amigo la información que el libro contiene, o parte de ella, puede usar el teléfono fijo, el celular, el correo electrónico, o subir la información a la nube con algún recurso de internet para que su amigo la baje. La información circulará entonces codificada en diferentes niveles de energía. De nuevo, transportará energía (poca) y no materia, a través de ondas electromagnéticas. Transportar información codificada es más sencillo y rápido que enviar libros, una vez que se cuenta con los equipos necesarios. Pero si su amigo vive a la vuelta de su casa, usted podría transmitirle la información hablando cara a cara, a través de ondas sonoras. De paso, podría tomar un café con él mientras lo hace, mirándolo a los ojos y recordando viejas anécdotas.

 

Ondas y más ondas

El sonido y las ondas sísmicas son ondas mecánicas. Esas perturbaciones, aunque no transporten materia a grandes distancias, necesitan de la materia para trasladarse. Porque consisten en materia que vibra u oscila alrededor de una posición de equilibrio. En el caso del sonido, esa materia es el aire, o el agua, que vibra y hace vibrar sus tímpanos. A partir del oído interno, adivine: el impulso nervioso se traslada al cerebro… mediante una “onda electroquímica de despolarización” en sus neuronas. Las ondas sísmicas por su parte producen oscilaciones de las rocas y los suelos, que se transmiten desde el hipocentro de los terremotos, hacia todas las direcciones. Algunas de esas oscilaciones comprimen y estiran alternativamente los suelos, como si fueran de chicle. Otras lo deforman como olas del mar. Cuando alcanzan la superficie, ésta se distorsiona cíclicamente, y destruye lo que hay encima. Los edificios eventualmente se derrumban por un terremoto, pero no se trasladan a lugares lejanos. Pues las ondas trasladan energía a grandes distancias, no materia.

En el espacio exterior las cosas son diferentes; allí casi no hay materia que vibre, por eso no hay sonido alguno, ni llegan los movimientos sísmicos. Sin embargo luz solar llega viajando a través de 150 millones de kilómetros de vacío. La luz en una onda, pero no mecánica, sino electromagnética. Viaja en el vacío. Como las ondas de radio y TV, que escapan de la Tierra todo el tiempo. Imagine los mensajes que estamos enviando al Cosmos, todos los días: recibimos luz del Sol y a cambio devolvemos chimentos de la farándula, por si alguien escucha. También son electromagnéticas las ondas mediante las cuales se comunican los celulares, los controles remotos, los detectores infrarrojos de movimiento. Y también las que emiten todas las luces que usted utiliza en su vida diaria, tanto para iluminar su vivienda como también para calentarse y claro, para comunicarse. Piense en una linterna con código Morse en medio de una tormenta o una línea de fibra óptica para internet de alta velocidad. No es un tecnicismo vano y repetitivo decir que las ondas electromagnéticas no requieren de materia para trasladarse. Gracias a eso, la energía del Sol permite la vida en la Tierra. ¿Y qué es lo que oscila en una onda electromagnética, si no es la materia? Pues es el campo eléctrico. Pero ese es otro tema.

Qué decir de las ondas gravitacionales, que acaban de ser detectadas por primera vez en 2015, mediante un gran observatorio llamado LIGO. En ese caso no es la materia la que oscila, ni tampoco el campo eléctrico. Es la misma estructura del espacio la que se contrae y expande rítmicamente al ser alcanzado por la onda.

Usted vive rodeado de ondas. Le permiten oír y ver. Le mueven, literalmente, el piso. Calientan su hogar. Le facilitan la comunicación de muchas maneras diferentes (recuerde que, en lo posible, conviene comunicarse cara a cara). Ahora sabe que, incluso, deforman el propio espacio que ocupa su cuerpo. No subestime su influencia. Se lo digo de onda.
 

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