En Radio Universidad dialogaron con Sebastián Hacher, quien publicó “Sangre Salada" donde “se adentra en el terreno cenagoso de
El periodista -que escribe en el periódico Miradas al Sur, Página/12, Soho, TCH, Rumbos, Diario Z, entre otros- fue entrevistado en el programa “Nada del otro mundo” de Radio Universidad en una jornada donde se debatió sobre el desembarco en Córdoba de un centro comercial similar a “La Salada”, en manos de la marca Urkupiña. (Ver: Confirman la llegada de una gran feria a Córdoba)
“Estuve tres años yendo a la feria casi semanalmente. En Buenos Aires funciona de noche y, al principio, iba con mucho prejuicio y miedo porque es un lugar que tiene un montón de leyendas”, comentó.
“Después me fui relajando y descubrí que es un mundo que tiene muchísima riqueza cultural y social”, destacó Hacher al referirse a su investigación periodística en profundidad que abre la colección Ficciones Reales que publica Marea Editorial.
Este trabajo periodístico lo inició en 2008 y finalizó en 2011. “Me interesan los temas populares y masivos pero poco contados. Hay temas de los que se habla mucho en los medios de comunicación pero de manera superficial”, expresó en una entrevista concedida a una fundación, poniendo en claro cuál es su motivación al momento de incursionar en una nueva tarea.
“En la industria textil, generalmente, se trabaja en condiciones terribles. El secreto de `La Salada´ para vender muchísimo más barato es que hay talleres familiares. El 50-60 por ciento de los fabricantes que venden en `La Salada´son familias”, precisó.
La razón para poder ofrecer precios tan bajos radicaría -según Hacher- en la eliminación de los intermediarios. Aunque aclaró que “también hay trabajo esclavo, como en toda la industria textil, que inventaron las marcas que se venden en los shoppings”.
“(El trabajo esclavo) no es un método que inventó `La Salada´”, sentenció, sin dudarlo, el periodista.
“Parte del negocio es que mucho se vende sin factura”, reconoció. Pero remarcó que esto es una situación común “tanto en Once, como en avenida Córdoba con los outlet, lo que ocurre es que La Salada está mucho más expuesta”.
Sobre los miedos que generó la llegada del paseo comercial y los hechos de inseguridad, comentó que en sus tres años de concurrir asiduamente nunca tuvo un problema grave. “Van 1,5 millón de personas por semana, entre 350 y 500 micros del interior del país cargado de revendedores. Es un lugar popular donde se aglomera muchísima gente, donde se mueve muchísimo dinero y eso genera que haya de todo”, afirmó.
Urkupiña es la primera feria fundada hace más de 20 años por un grupo de inmigrantes bolivianos, que es liderada actualmente por una mujer oriunda del altiplano y por un hombre argentino. “Son los que tienen más experiencia”, dijo.
Para escuchar la entrevista completa:
En este sentido, Hacher considera que, en general, La Salada “ está basada en una tradición andina -que implica sacrificio y una cultura del trabajo muy arraigada- que se mezcló con la lógica del Gran Buenos Aires y los caudillos del conurbano”.
En Córdoba se trataría de la instalación de 400 puestos en el predio de FORJA, mientras que La Salada cuenta con más de 20 mil. (Ver: El Municipio y la Provincia condicionan la llegada de “La Salada” a Córdoba)
“Es un número muy grande que generó que alrededor se crearan servicios de comida, de baño, de todo lo que te puedas imaginar. Se terminó convirtiendo en una especie de ciudad”, contó Hacher.
“Hay que desterrar el mito de que La Salada le saca compradores a los Shoppings. El que tiene plata para gastar 500 pesos en una remera, va y lo hace en el shopping. No va a La Salada a comprarlo. Lo que hace La Salada es revelar que esa remera se puede vender mucho más barata”, analizó y agregó: “Lo que hace es desnudar las mentiras de las marcas”.
“Detrás de todo esto hay un gran prejuicio social impulsado por las grandes marcas pero sobre todo cultural porque somos un país racista”, afirmó.
“La Feria La Salada es un lugar donde uno puede trabajar y saber que va a progresar”, concluyó.

Con la llegada de La Salada, esperemos se acabe un poco el abuso de los comerciantes de nuestro centro comercial. ¿alguno puede aceptar que un par de zapato cueste $800? y no estoy hablando de los tradicionalmente caros. ¿alguno puede aceptar que un local chico en el centro tenga un alquiler de $50.000? Con un local de estos el propietario ya no trabaja más y se convierten en verdaderos zánganos de la sociedad. También se acabará el manejo sucio de instalar dos o tres negocios de un mismo dueño y diferente nombre queriendo hacer creer que compiten y así manejan los precios a su antojo con ganancias exageradas, además de evadir por no dar factura.-