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Tiranos hay en todos lados

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Por Guillermo Goldes
@GUILLEGOLDES

 

Por Guillermo Goldes

Antes que nada, una aclaración. No se trata de una columna sobre política. Sino de una con título ganchero. ¿Es un delito? Esperemos que no sea uno grave.

Porque, en realidad, vamos a hablar sobre paleontología. Esta fascinante disciplina intenta construir un relato científico acerca de la historia de la vida en la Tierra basándose, sobre todo, en el estudio de los fósiles. Interpreta el pasado remoto en base a evidencia física dispersa que se encuentra en el presente. Los paleontólogos son verdaderos detectives del mundo natural. En muchos casos, actúan como forenses de campo.

Cuando los restos de animales, plantas u otros seres vivos quedan sepultados bajo capas de sedimentos durante tiempos muy prolongados, pueden sufrir procesos de mineralización que a la larga los transforman en fósiles. En la mayoría de los casos, los despojos que se fosilizan son las partes más duras de los cuerpos, como los huesos. Insistamos: no se conserva la materia orgánica de los huesos, sino que los mismos se mineralizan. Hablando mal y pronto, se petrifican. Esta transformación es muy lenta, puede tardar milenios; eso depende de las condiciones del ambiente en el cual se produzca. Los huesos, una vez fosilizados, son mucho más pesados que en vida, pues los fósiles están compuestos de minerales o rocas.

No sólo partes corporales pueden transformarse en fósiles. También existen, por ejemplo, huellas fósiles: marcas dejadas por pisadas pretéritas que han quedado impresas en arcillas o sedimentos variados. Se llaman icnitas. Mucho más escatológicos son los coprolitos: materia fecal fosilizada. Estudiándolos, los paleontólogos pueden aprender sobre la dieta de animales ya extinguidos.

Los tiranos

Ahora volvamos al punto de partida. Tiranos hay en todos lados. Y no es política, aunque podría serlo.

Quien haya visto alguna de las películas de la saga Jurassic Park, recordará al depredador supremo que había sido clonado en ese extraño parque de diversiones marcado por un trágico destino. Era el Tyrannosaurus rex. El rey de los lagartos tiranos. Un dinosaurio carnívoro que vivió desde hace 70 millones de años y hasta la extinción masiva que se produjo hace unos 65 millones de años.

Podía alcanzar 12 metros de longitud desde su hocico hasta la punta de su cola. Pesaba hasta 8 toneladas y la altura hasta la parte superior de su lomo rondaba los 5 metros. Caminaba sustentado por sus poderosas patas traseras, solamente. Su mandíbula era desproporcionadamente poderosa. Por si no quedó claro, era un carnívoro feroz, situado al tope de la cadena alimentaria.

Tyrannosaurus rex vivía en lo que hoy es el Oeste de Norteamérica. Claro, ese continente no era entonces como es hoy, ni se encontraba donde se halla en la actualidad.

Desde hace pocos años sabemos que, en nuestra Patagonia, vivió hace unos 120 millones de años un dinosaurio carnívoro tan temible como el T. rex y de similar envergadura y porte. Era Tyrannotitan chubutensis, el gigante de los tiranos del Chubut. Se encontraron dos ejemplares en 2005, en la Estancia la Juanita, cerca de la localidad de Paso de los Indios, en el centro de la provincia sureña. Nuevamente, debemos aclarar que la Patagonia no se encontraba entonces donde está hoy, sino muy cerca de África. Y que los Andes ni siquiera habían empezado a formarse. El paisaje que conoció nuestro tiránico coloso debió ser muy diferente al actual.

Contar con una imagen creíble de un animal extinguido hace millones de años no es fácil. Contrariamente a la idea popular, los fósiles nunca se encuentran completos, ni mucho menos con rótulos que permitan identificar sus diferentes partes. Reconstruir un esqueleto en base a fósiles es una tarea ardua y compleja. Al día de hoy, existen dos réplicas de esqueletos completos de Tyrannotitan chubutensis. Ambas fueron construidas por el personal del Museo Paleontológico Egidio Feruglio, de Trelew. Una de ellas está expuesta en el propio museo; la segunda se halla en Córdoba. Será exhibida en breve en el Centro de Interpretación Científica del Parque de las Tejas. Sin dudas se convertirá en una de sus atracciones.

De todas formas, ninguno de los dinosaurios carnívoros recién mencionados se ubicaría en el podio de los más grandes. En la propia Patagonia, en 1993 se encontraron restos fósiles de Giganotosaurus carolinii, cerca de Villa el Chocón. Su longitud era probablemente de 13,5 metros, su peso era acorde a su tamaño y recorría la superficie del planeta hace unos 100 millones de años. Sembraba el terror entre sus potenciales presas.

 

Todos estos dinosaurios parecen pequeños comparados con el monumental Spinosaurus aegyptiacus (el lagarto espinoso de Egipto), que vivió en el norte de África hace unos 110 millones de años. Alcanzaba los 18 metros de longitud, tenía una enorme cresta en su lomo y su estrecha mandíbula estaba poblada de filosos dientes. No tenía rival entre los superpredadores. Debió ser una bestia intimidante.

Aunque no se llamara tirano.

 

 

 

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