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Todos al borde del precipicio
Por Mariano Saravia.

Finalmente, sobre el filo de la medianoche del 17 de octubre, Estados Unidos evitó el default tan temido. Fue a través de una frenética negociación de último momento entre los demócratas y los republicanos, que habían obstruido todo acuerdo en la espera de modificar la reforma sanitaria de Barack Obama. Esa falta de acuerdo tenía la administración gubernamental cerrada desde hacía dos semanas y además impedía elevar el techo de la deuda, lo que hacía prever la cesación de pagos.

La negociación y el acuerdo político dejan varias lecciones y reflexiones. Primero, que los temas económicos, las reservas de los bancos centrales y las deudas públicas de los países son temas eminentemente políticos, aunque los Redrado y otros economistas y periodistas en Argentina nos quieran convencer de las bondades de una supuesta independencia de estos temas de las decisiones políticas. En Estados Unidos se estuvo a punto de entrar en default por una decisión política de no acordar, y se evitó finalmente el default por la decisión política de acordar.

No es un acuerdo total, sino simplemente un patear la pelota para adelante, porque la espada de Damocles seguirá pendiendo sobre la cabeza de los estadounidenses hasta febrero próximo. Pero por lo menos volvieron a trabajar y a cobrar sus sueldos más de 800 mil empleados públicos. Los leones y los otros animales de los zoológicos volverán a comer en sus horarios y costumbres y los turistas chinos y japoneses dejarán de quejarse por no poder visitar los museos y parques nacionales.

¿Y qué era lo que impedía el acuerdo? La posición inflexible de los republicanos de oponerse a la tibia reforma de salud de Obama, llamada Obamacare. No es ningún sistema nacional de salud ni nada que se le parezca, simplemente un subsidio a las empresas aseguradoras y a las de medicina prepagas para que los más pobres en vez de pagar 2.000 dólares por mes paguen 200 dólares en una cobertura de salud. Esta tímida iniciativa, llegó a ser calificada por el ala más reaccionaria del Partido Republicano, el Tea Party, como “un paso más en la inexorable marcha de Obama hacia el socialismo”. Sin comentarios.

Pero después de la negociación de último momento, los grandes perdedores son justamente los republicanos. Los grandes ganadores los demócratas. Y los que respiran aliviados los más de 800.000 empleados públicos que estaban hace dos semanas sin trabajo y sin salario. Pero también respiraron aliviados muchos alrededor del mundo, sobre todo los tenedores de deuda norteamericana.

La deuda pública de Estados Unidos es de la friolera de 17 billones (17 millones de millones) de dólares. De ese total, gran parte es deuda intraestatal, pero hay unos 3 billones que están en manos de acreedores extranjeros. De ese total, un billón está en manos de chinos, y 800 mil millones de dólares en manos de japoneses. Luego vienen rusos, brasileños y árabes.

Esa enorme deuda significa el 106 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB), que representa todo lo que producen los estadounidenses en un año. Sólo para comparar, la deuda argentina es del 45 por ciento de su PIB, la italiana del 180 por ciento, la española del 170 por ciento, la irlandesa del mil por ciento, la de Mónaco del dos mil por ciento y la de Luxemburgo del cuatro mil por ciento.

¿Por qué? Los países en crisis y recesión dinamizan sus economías emitiendo bonos, que no es otra cosa que gasto público y deuda. Estados Unidos mete un promedio de 85 mil millones de dólares cada año. Eso equivale a un gasto público del 10 por ciento de su PIB, mientras que aquí en la Argentina, el gasto público está en el orden del 2,5 por ciento del PIB. Pero algunos economistas y periodistas insisten en que el gasto público es muy grande en Argentina y que hay que achicarlo.

Así las cosas, seguiremos todos atentos y pendientes de que se salve la cuna del capitalismo mundial. Sea porque los Estados tienen reservas en los bonos en dólares, o sea por puro colonialismo cultural.

¿No sería mejor que se empiece a caer definitivamente ese sistema capitalista contra el que tanto despotricamos pero del que tanto dependemos, no sólo material sino también psicológicamente?
 

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