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Turismo Científico. Parte II

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Por Guillermo Goldes
@GUILLEGOLDES

Hace unos días realizábamos un tour, imaginario, por el Circuito de la Energía del río Ctalamochita. Y decíamos al finalizarlo: “Una vez en Cerro Pelado llegaríamos al fin de este primer recorrido. Podríamos practicar buceo en sus aguas cristalinas. Entonces volveríamos a Córdoba. Podríamos hacerlo por la ruta provincial 5 y durante el regreso nos iríamos preparando mentalmente para emprender el Circuito Espacial. Pero esa será otra historia, que contaremos otro día. Tenemos tiempo de planificarlo con cuidado”.

Pues bien, ha llegado el momento de relatar esa nueva historia posible. Recorreríamos entonces el Circuito Espacial.

Nuevamente emprenderíamos viaje un sábado por la mañana, temprano. Saldríamos esta vez de la ciudad de Córdoba por la avenida Fuerza Aérea Argentina. A mano izquierda y aún dentro de la zona militar, luego de pasar FADEA, encontraríamos la primera estación de este recorrido “de otro mundo”: el Museo Universitario de Tecnología Aeronáutica o MUTA. Es un interesante espacio que resume los primeros 30 años de desarrollo de la cohetería en Argentina. Los cohetes-sonda Alfa, Beta y Gamma Centauro, los vectores Castor, Antares, Rigel y Tauro, nos serían presentados allí a través de una historia articulada con datos técnicos y antecedentes políticos. Algunos “astronautas animales”, como los ratones Belisario y Celedonio y el ya famoso mono Juan desfilarían ante los ojos azorados del escaso público que nos acompañaría. La experiencia abortada del misil Cóndor II no estaría ausente; sería reseñada con algún detalle. Nos iríamos seguramente com la impresión de que tanta historia y tanto esfuerzo tecnológico y humano por mantener el museo merecerían una mayor inversión y apertura al gran público. Continuaríamos viaje tomando la autopista Córdoba-Carlos Paz. Lamentablemente tendríamos que pagar el oneroso peaje, aunque claro, no entenderíamos bien qué servicio nos brindan a cambio. Luego continuaríamos hasta la salida de la ruta provincial C-45, que tomaríamos hacia el sur, en dirección a Falda del Carmen y Alta Gracia.

A unos 9 km de desandar esa ruta nos toparíamos con la segunda estación en este circuito, nada menos que la Comisión Nacional de Actividades Espaciales, CONAE, en las proximidades de Falda de Cañete. La Estación Espacial Teófilo Tabanera nos abriría, hipotéticamente, sus puertas. Recordaríamos que desde allí no sólo se diseñaron los satélites de aplicaciones científicas de la serie SAC (A, B, C y D), se controlan los satélites, se sube y baja información desde ellos, sino que además se desarrolla actualmente el lanzador argentino de dos etapas Tronador II, que se espera esté operable en pocos años.

Además en esa instalación se encuentra la sede del Instituto de Altos Estudios Espaciales “Mario Gulich”, donde se forman futuros expertos espaciales bajo la supervisión de la CONAE y la Universidad Nacional de Córdoba. Veríamos su edificio y, con suerte, nos cruzaríamos con algunos de sus estudiantes. En la Estación Tabanera nos sorprenderíamos al ver las grandes antenas parabólicas moverse a velocidad inesperada, y recorreríamos las salas de control. También nos mostrarían modelos de los satélites argentinos. Seguramente no podríamos acceder, en ningún caso, a las zonas de diseño y prueba de cohetes. Luego de nuestra recorrida, volveríamos hacia la ruta C-45 y continuaríamos hasta Falda del Carmen. Allí tomaríamos a la derecha por el camino que sube a Bosque Alegre. Manejaríamos allí con suma precaución, porque se trata de una ruta que fue pavimentada sin alterar en absoluto su traza, ni sus pendientes, ni la amplitud de sus curvas respecto del viejo camino de tierra sobre el que se asienta. Como resultado, es una ruta en la cual es mucho más sencillo acelerar, casi sin percatarse de ello, que frenar o doblar.

Luego de unos 14 km de camino de montaña, llegaríamos a la tercera parada de este singular circuito: la Estación Astrofísica de Bosque Alegre. Inaugurada en 1942, contenía en su gran cúpula giratoria el mayor telescopio de Sudamérica: el “monstruo” de 1,54 metros de diámetro que aún continúa activo. Claro, desde la década de 1960 en que se radicaron los observatorios norteamericanos y europeos en el Norte Chico Chileno, cerca de La Serena, perdió el record que ostentaba y la mayor parte de su predicamento internacional. Aún así, de vez en cuando continúa dándonos alguna grata sorpresa. Fue utilizado por estudiantes de FAMAF para confirmar, hace pocos meses, que tres estrellas ya conocidas de la constelación de la Cruz del Sur son en realidad binarias eclipsantes. Es decir que son pares de estrellas en órbita mutua, y no estrellas aisladas. Al girar unas alrededor de las otras producen periódicos eclipses, “tapando” parte de su brillo. Desde 1954 la Estación pertenece a la Universidad Nacional de Córdoba. Allí podríamos asomarnos al mundo de la Astronomía professional y su historia, visitando también dos cúpulas menores, una vieja usina y unos singulares túneles excavados en la roca, diseñados para albergar relojes de precisión pero nunca utilizados para ese fin. Luego de completar la recorrida por Bosque Alegre, desde donde se divisa claramente la Estación Terrena homónima al pie del cerro, continuaríamos camino. Para ello descenderíamos hasta una rotonda, y retomaríamos camino al norte, hacia la ruta de las Altas Cumbres.

Una vez en la Pampa de Achala, muy cerca del acceso al colegio Padre José M. Liqueño y al hotel La Posta, a unos 2 km de la ruta visitaríamos un monolito extraño y roto. Marca el sitio donde se ubicó la base “Santo Tomé”. Por más que su nombre sugiera otra cosa, más que una base fue un modesto sitio de lanzamiento. Desde allí tomó altura en 1961 el primer cohete-sonda Alfa Centauro lanzado en Argentina. Según nos habían explicado previamente en el Museo Universitario de Tecnología Aeronáutica, se trató de la primera manifestación de actividad aeroespacial en nuestro país, a decir del entonces presidente Arturo Frondizi. Ese primer lanzamiento fue exitoso y se elevó unos 8 kilómetros antes de volver a caer a tierra.

Luego de ese evento fundacional y ante el crecimiento de la cohetería en cuanto a la cantidad de lanzamientos y la altura alcanzada, ese sitio de lanzamiento fue abandonado y se lo reemplazó por el CELPA, Centro de Experimentación y Lanzamiento de Proyectiles Autopropulsados, localizado en la base aérea de Chamical, La Rioja. Demasiado lejos para incluirlo en este recorrido, pero sin dudas un sitio ilustre que mereceria ser explorado.

Hasta hace algunos años, podríamos haber incorporado en este circuito la Estación de Seguimiento Satelital de Las Tapias, cercana a Villa Dolores. Desde allí se monitoreaba y fotografiaba, en la década de 1960, el paso de satélites artificiales con un telescópio-cámara que familiarmente llamábamos “K-50”. Esa estación lamentablemente fue desmantelada y hoy el predio se destina a otros fines. La cámara “K-50” por su parte se trasladó a Bosque Alegre, donde pudimos conocerla. Fue malograda cuando intentaron limpiar su lente principal.

De todas formas, pernoctar en el Valle de Traslasierra siempre sería una buena opción. Si la noche estuviera despejada, podríamos maravillarnos con la limpidez de sus cielos y observar, apenas después del atardecer, el paso de algunos satélites artificiales. O bien la constelación de la Cruz del Sur. A simple vista, claro.

A la mañana siguiente, para aprovechar el día, regresaríamos a Córdoba por el viejo camino de Los Gigantes, cruzando las sierras grandes desde Taninga hasta Tanti. Sería una travesía maravillosa y agreste. Un final muy terrenal para un viaje que no lo habría sido tanto.  

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