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Un diálogo abominable

ggoldes
Por Guillermo Goldes
@GUILLEGOLDES

Hace algunos días participé en la presentación de un libro de divulgación científica: "Ciencia monstruosa. Explicaciones científicas de monstruosidades famosas", escrito por un amigo, el biólogo Alberto Díaz Añel.

Cuando fue mi turno de intervenir, comenté algunas de las razones por las cuales creo que las historias de monstruos nos siguen fascinando. Mencionaré aquí tres:
1. son un puente directo a nuestra infancia, en la cual una simple luz apagada o un crujido nocturno significaba para nosotros la certeza de una presencia monstruosa y un pavor inenarrable;
2. las historias de anormalidades nos permiten, por contraste, sentirnos buenos y normales. Tenemos allí una contrafigura disponible en la cual depositamos toda nuestra carga de perversión, apenas reprimida, y todos los aspectos de nosotros mismos que rechazamos. Son un almacén de nuestra negatividad.
3. nos permiten sufrir y disfrutar, dependiendo del caso, de actos monstruosos que no estamos habilitados a vivir por nosotros mismos, salvo al nivel de la fantasía.

Al terminar la presentación, y luego de la firma de libros de rigor por parte de Alberto, continuamos conversando. En ese diálogo aclaramos algunos puntos, que a continuación comparto con ustedes.

-Alberto, los monstruos clásicos del cine y la literatura hoy parecen un poco ingenuos, ¿no?
- Totalmente. No te olvides que esos monstruos tienen ya muchos años, algunos más de un siglo. Es decir que nacieron de la imaginación de gente que vivió hace décadas. Las generaciones actuales han visto tantas cosas... muchas de ellas aberrantes, como guerras mundiales, bombardeos atómicos, etc. Frente a eso claro que el pobre Drácula o la triste Momia, sepultada en su sarcófago por miles de años tienen necesariamente que resultar limitadas.

-Claro, pero en el cine sí hay monstruos mucho más contemporáneos e implacables, como Alien o La Cosa que Vino del Espacio
- Es verdad. A esos monstruos no hay con qué darles. Incluso hubo reuniones y enroques de monstruos, como en las pelis de Alien versus Depredador. Pero a mí me atraen mucho más los monstruos clásicos. Hay un verdadero podio monstruoso que integran El Hombre Lobo, Drácula y el Monstruo de Frankenstein, que es imbatible. Y yo elegí para mi libro agregar a la Momia y La Criatura de la Laguna Negra porque me parecían interesantes y apropiados, cada uno de ellos, para relatar algún aspecto científico que me resultaba relevante.

-De acuerdo. Me llama la atención que el hombre-pez se llame Criatura de la Laguna Negra si en realidad la peli muestra claramente que lo encuentran en un afluente del Amazonas…
-Efectivamente, maravillas del marketing.

-Contame, para los cinco monstruos que elegiste, que aspectos científicos aprovechas para relatar
-Bueno. Vayamos uno por uno. Es decir, monstruo por monstruo.

En el caso del monstruo de Frankenstein, aproveché para hablar de electricidad animal, los experimentos de Galvani. De allí pase a la transmisión de impulsos electroquímicos en el interior del cuerpo humano. Y claro, por esto de que el monstruo estaba hecho de retazos de personas, abordé el tema del rechazo a los órganos en casos de trasplantados. A partir de allí, hablar del sistema inmunológico es sólo un paso

-¡Perfecto! De todas formas, te doy mi opinión sobre Frankenstein: la criatura no es demasiado diferente a cualquiera de nosotros. No pidió venir al mundo, menos que menos de la forma en la cual lo hizo. Es una criatura profundamente desamparada que busca respuestas y aceptación, nada más. El verdadero monstruo allí es su creador, Víctor Frankenstein. Es vanidad pura, y además trabaja sin contarle a nadie lo que hace. Es la antítesis del divulgador.
-Puede ser, sí. Pero sigo con los otros. En Drácula y el resto de los vampiros, los temas que abordé fluyen como la sangre de una mordida. Tienen que ver con las enfermedades hereditarias y las transmisibles. De allí a la genética nuevamente hay un paso. Por supuesto que las arvejas verdes y amarillas de Gregor Mendel no son tan atractivas como las cuestiones vampirescas, pero en ambos casos terminamos hablando de genes dominantes y recesivos. Además, te recuerdo que las antiguas leyendas decían que la mordida del vampiro te contagiaba el vampirismo, y eso también me sirvió como ancla para explicar cómo se transmiten un gran número de enfermedades causadas por virus y bacterias.

- Le enfermedad del vampirismo... te condenaba a andar de noche, y te hacía inmortal. Más de uno quisiera vagar eternamente por la noche.
Sí, es cierto. Vamos a nuestro tercer monstruo del podio: el Hombre Lobo, afectado por licantropía. Durante las noches de Luna llena se convertía en una fiera salvaje, sin poder evitarlo. Resulta que hay una enfermedad real que se llama hipertricosis, en la cual la pobre gente tiene todo el cuerpo cubierto de largos pelos. A esa gente se la acusaba de ser hombres y mujeres lobo. Pero lo que ocurría es que su pelo seguía creciendo sin detenerse. Entonces yo uso esa enfermedad para hablar de cómo se dividen las células, cómo se multiplican, para permitir el crecimiento. 

-Siempre me llamo la atención que las células, para multiplicarse, se dividen...
-Qué paradoja, ¿no? En el caso de la momia, aproveché el hecho de que los antiguos egipcios descartaban el cerebro antes de momificar a los personajes importantes, mientras que al corazón le daban un tratamiento especial para conservarlo. Entonces abordo el tema de la diferente consideración que han tenido esos dos órganos a lo largo de la historia. El corazón ha sido muy valorado siempre, aunque hoy lo consideremos una simple bomba. Mientras que en el caso del cerebro quizás podemos decir que está sobrevalorado hoy, sobre todo gracias a las neurociencias.

-Nos está quedando el hombre-pez, la criatura de la laguna...
Es uno de mis favoritos, y tiene su origen en el cine, no en la literatura. En este caso, que podría ser una mutación, yo lo tomo como anclaje para hablar de la evolución de las especies, de la teoría de la recapitulación, y de la síntesis de proteínas.

-¿Por qué las proteínas?
Porque hay una enfermedad que se llama ictiosis, en la cual la piel toma el aspecto de escamas de pescado, justamente por errores en la síntesis de proteínas. Es quizás la parte más difícil de explicar de todos los contenidos del libro, pero creo que salió bien. 

Después de tomar un café con otros amigos en un bar de la Ciudad Universitaria, cada uno partió con diferente rumbo.

Volví a casa ya en plena oscuridad. Me dispuse a releer cuidadosamente Ciencia Monstruosa. Y así lo hice. Esa noche escuché más ruidos inquietantes que de costumbre. 

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