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Una actitud desmedida, cómplice y descolocada

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Por Guillermo Mariani

La noticia ya no es de actualidad. Una breve polémica tuvo lugar al conocerse la novedad, pero pronto desapareció. El movimiento scout argentino quedaba expulsado de la iglesia, por decisión de la máxima autoridad en Argentina, el cardenal POLI (amigo íntimo de Jorge Bergoglio, de quien recibió la dignidad cardenalicia para sucederlo como Cardenal primado), en combinación con el ejemplar más cuestionado en los últimos tiempos por el extremismo anacrónico de sus declaraciones conservadoras derechistas, frente a diversos problemas eclesiásticos y sociales, arzobispo de La Plata. Quien, curiosamente, en la carrera de hacer méritos frente al Vaticano y el futuro Cónclave con la renuncia de Benedicto XVI, se opuso y combatió  al cardenal Bergoglio rivalizando, visiblemente, con el crecimiento de su candidatura al Papado. Como en el caso de Herodes y Pilatos ambos extremos Poli y Aguer, el íntimo amigo y el rival más enconado, se unen para producir una decisión pública desmedida,  cómplice y descolocada. Paso a justificar los calificativos que, muchas veces, pueden considerarse como fáciles de aplicar sin fundamentos.
 
Desmedida,  porque  “expulsar de la Iglesia” es una decisión que puede afectar sólo a los bautizados que cometen delitos condenados con esa pena  por el Derecho canónico. Aunque sea en parte verdad que muchos scout pertenecen a familias católicas, lo es también que muchos y, quizás más que aquellos, no tienen ni quieren tener nada que ver con una Iglesia argentina, cuya historia es cuestionable en tantos aspectos, no sólo de opinión, sino de acción y decisiones contrarias a los derechos humanos y al servicio a la sociedad. Y eso, además de conservar tradiciones absolutamente perimidas o rechazadas científica y experiencialmente. Las cartas intercambiadas por ambos dignatarios eclesiásticos son simplemente un “dar cuerda” con un criterio de severidad maliciosa y vengativa que persigue objetivos de poder y figuración, a cuestiones absolutamente solucionadas por leyes y costumbres de dignidad y convivencia humana, a pesar del espíritu represivo que impera en a actualidad.
 
Cómplice.  El prestigio alcanzado por la iglesia argentina con la elección de un “Papa argentino”, constituye,  visiblemente, uno de los objetivos del Gobierno nacional de acercarlo públicamente a sus posiciones neoliberales, absolutamente inaceptables desde todos los documentos sociales de la Iglesia. En ese aspecto, la solicitud del Papa Francisco seguramente ha influenciado en que, su postura histórica entre nosotros, frente a las dos cuestiones: el matrimonio gay y la inimputabilidad del aborto, haya determinado a estos dos personajes a congraciarse con el gobierno y, al mismo tiempo, con el Pontífice, a través de esta rimbombante condena a todo vapor! de los que valiente y legalmente la sostienen.
 
Descolocada. Es ya reconocido por una gran mayoría de observadores, que la Iglesia argentina ha perdido a los jóvenes. Seguramente, hay muchos análisis que hacer para dar una explicación realista y que mire a la recuperación de esa innegable riqueza para una institución a la vez como vieja y originalmente revolucionaria que, de repente se va quedando nada más que con recuerdos y añoranzas de lo que fue mejor y perdiendo, a la vez, las alas del futuro. El movimiento scout con el secreto novedoso de su método educativo no formal, que preconiza el juego, la incentivación de las capacidades naturales, el espíritu de aventura, la disponibilidad del servicio, el gozo, cuidado, respeto, conocimiento y utilización de la naturaleza, ha ido propiciando y manteniendo una gran cantidad de jóvenes, proyectados hacia un futuro de creatividad, inclusión social, conciencia de la presencia del Ser superior en la maravilla de la creación, cultivo de las amistades profundas y superación de barreras de cualquier índole para la convivencia en paz. Favorecidos por la actitud de la Iglesia, aún después de la desaparición de la confesional Unión de Scout Católicos Argentinos, constituían un motivo de satisfacción y orgullo de presencia humana de la Institución en la realidad social. Se han desprendido de esta privilegiada presencia juvenil, para favorecer tanto las opiniones fanáticas de muchos católicos archiortodoxos, como para dar al Pontífice la aprobación de su actitud contraria a estas dos conquistas legales durante su permanencia entre nosotros, asegurando así al Gobierno (que ya se ha pronunciado también), por cuyo triunfo en las elecciones el cardenal primado celebró en la catedral porteña un TE DEUM de acción de gracias, que el Vaticano mantiene esa posición.  Miles de jóvenes, mientras se realizan gestiones de “unir la soga que se cortó” ya han abandonado nuevamente la esperanza de que la iglesia tenga una visión progresista como aparece en la persona del Pontífice Francisco y seguirán siendo toda su vida SCOUT incluidos por su acción en la historia de la Patria aunque ”expulsados de la Iglesia por la misma Iglesia”.
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