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Zarpazos certeros

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Por Guillermo Mariani

Ya no nos resta sino esperar el último zarpazo. En Brasil, la nación más grande y rica de América Latina, el muestrario más abierto para el mundo, de este Sur tan codiciado por todos, se extiende descaradamente la barrera más tremenda de injusticia legalizada y el desprecio más absoluto por la verdad.

Ya no son delincuentes, ni invasores económicos y culturales, ni los nuevos que van apareciendo con esa vergonzosa corrupción mantenida, defendida, impune, arrasante y sonriente.

NI siquiera son los gobernantes. Ellos se cuidan o se ocultan conscientes de su bandidaje. Saben que la “democracia” del voto comprado o vendido, es indispensable para seguir en un sistema corrupto que sirva de cubierta internacional para sus planes que atentan, ya sin ninguna reserva, contra todo lo que sea dignidad humana.

No estoy exagerando, desde la impotencia ni el resentimiento. Veamos: La palabra JUEZ ha conservado a través de los siglos un delicado sentido sacral. Tiene la misma raíz de otra palabra que fue sagrada: JUSTICIA. Los siglos (XVI y XVII) en que la Iglesia con pretendida autoridad divina se atrevió a engolosinar a los jueces de la Inquisición con la cautivante formulación de que el poder venía de Dios, no hubo más que un paso a la convicción de los jueces de ese maldito y degenerado tribunal para justificar las atrocidades más terribles contra la verdad y la justicia. Fue tan terrible, que en la época moderna se pensó que los relatos espeluznantes de las torturas y cárceles de la Inquisición no volverían a tener lugar en el mundo. Llegaron sin embargo con la fabricación, uso y venta de las armas, esos personajes, los militares, que admitidos como defensa del territorio y habitantes de un país, fueron ocupando institucionalmente un lugar importante en la sociedad. Contagiados con la soberbia, ocuparon así el lugar de la Iglesia represora y se proclamaron señores de la justicia, destituyendo gobiernos e invadiendo naciones, imponiendo dictaduras con pretensiones parecidas a las eclesiásticas para ordenar y orientar a los pueblos de acuerdo a lo que Dios mismo les confiaba, al delegar en ellos su autoridad y poder. Ni la Iglesia con las torturas y muertes de la Inquisición, ni los militares con las armas, obtuvieron aprobación de la historia que con sabia costumbre desenmascara las soberbias endiosantes y hace recaer sobre los mismos que las inventan, las crueldades que hicieron padecer a los demás. Al parecer, esas calamidades despertaron una tendencia a cultivar valores reparadores de lo humano. Educación, comunicación, respeto a la propia dignidad como a la ajena, inclusión de los no incorporados con todos sus derechos a la sociedad humana, actitud que, abriendo puertas para todos, es el único camino para la paz y hasta para la felicidad anheladas. Pero una sombra cubre el horizonte. Hay nuevos herederos de la soberbia, especialistas en juzgarse superiores y todavía considerados en algunos países como militantes de la justicia, gracias a la cobertura mediática. No podemos nosotros, ni puede Brasil hacer gala de esa riqueza. La Justicia ha quedado relegada a los edificios y a los solemnes escritorios claramente sometidos de diversos modos, a los poderes de facto, como tales, usurpados. No podrían haberlo hecho sin la complicidad desembozada de la prensa servil y antipatriótica de los países. Pero la felonía no termina aquí,. El plan alimentado por Estados Unidos que quiere avanzar sobre latinoamérica y sus dirigentes ( inteligentes de verdad , populares y con el más auténtico sentido de patriotismo), ha llevado a corromper el poder más crucial de la democracia , el Judicial. Con la Justicia “sin la venda” y desparramada por el suelo en el nivel de la basura, los gobernantes han aprendido a utilizarla en su beneficio aprovechando la ambición, el sueldo elevado y el prestigio de ser JUEZ, para manejarlos a su antojo exigiéndoles prostituirse pasando sobre las leyes, persiguiendo en lugar de proteger, inventando recursos e interpretaciones caprichosas para quitar derechos, o simplemente eliminar a los que signifiquen un impedimento para sus interese financieros.

Ya es muy poco lo que podemos esperar de las promesas y apariencias. Es como si estuviéramos orillando el abismo. Después de Lula, les queda todavía un zarpazo más , si los dejan avanzar los que pueden detenerlos. Sólo esperamos que después de esto….la Historia y el Pueblo los condenen.

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