Una misión argentina liderada por Juan Manuel Fangio y Oreste Berta puso en las 84 horas de Nurburgring a tres autos de fabricación nacional

Fue una gesta que en aquel tiempo paralizó al país. Ocurrió entre el 19 de agosto de 1969 y el 23 del mismo mes. Fueron 84 horas en el circuito de Nurburgring, Alemania, que acapararon la atención de los argentinos, más allá de su gusto por el automovilismo. ¿Qué sucedió? Tres autos marca Torino, de neta producción nacional, generados por la idoneidad y la pujanza de varios ingenieros encabezados por Oreste Berta, en la fábrica que IKA-Renault ya tenía en barrio Santa Isabel, compitieron con los mejores autos del planeta.

Las 84 horas de Nurburgring, como toda prueba de largo aliento, ponía en consideración la fortaleza y eficiencia de los productos de las grandes marcas automovilísticas de la orbe. Juan Manuel Fangio, por entonces en reposo luego de sus cinco títulos mundiales en la Fórmula Uno, atizó a Oreste Berta, el ingeniero ilustre de Alta Gracia.

El emprendimiento no tardó en prender en distintos patrocinadores, entre quienes figuró el Estado Nacional, cuando al país lo gobernaba el teniente general Juan Carlos Onganía. Fangio no otorgó prioridades a nadie en materia de figuración. Diseñó el proyecto junto a Berta sabiendo de su prestigio en el mundo y al potencial que tenía para ofrecer.

“Cuando llegaron los Torinos a Europa, en toda la prensa de Francia, Alemania e Inglaterra, no eran los Torino de Renault, sino que eran los Torino de Juan Manuel Fangio. Así eran los editoriales”, reconstruye en el documental Torino, Carlos Lobessco, quien se encargaba de las relaciones de competición de IKA-Renault, según el diario Infobae.

Lo cierto es que tres Torino salieron a la pista el 19 de agosto de hace 50 años. Según Oreste Berta se incorporaron pilotos de todas las marcas que competían en Argentina. Así el Torino número 1 fue piloteado por Rubén Luis Di Palma, Oscar “Cacho” Fangio y Carmelo Galbato. El Torino número 2 por Gastón Perkins, Eduardo Rodríguez Canedo y Jorge Cupeiro y el número 3 por Eduardo Copello, Oscar Franco y Alberto Rodríguez Larreta (Larry).

Antes de la carrera, por decisión del mismo Fangio, Oreste Berta probó el auto en el circuito y en todas las circunstanciales climáticas y en distintas horas del día. “El Mago de Alta Gracia” cuenta las peripecias de las tres máquinas, dos de las cuales y por distintos motivos tuvieron que desertar. Sólo quedó uno, el de Copello,Franco y “Larry”, que a falta de cuatro horas para finalizar la competencia peleaba el liderazgo palmo a palmo con un Lancia y un Mazda.

Distintas penalizaciones lo dejaron en el cuarto lugar, a pesar de haber sido el auto que más vueltas (334) dio al circuito. Fue la primera experiencia de una máquina de competición argentina en Europa, algo que no se repetiría más. Según Berta, Fangio le insinuó un segundo intento, pero su respuesta no pudo complacerlo.

El cuarto lugar tuvo el valor simbólico de un triunfo para los argentinos. Una gran comitiva periodística estuvo presente en el lugar de los hechos relatando en detalle durante toda la prueba lo que ofrecía la industria nacional, en aquel entonces pujante e innovadora. Fangio fue el líder; Berta fue la inteligencia; nueve pilotos fueron la sagacidad y la capacidad para manejar un auto que aún hoy es recordado por aquella hermosa aventura.

 

 

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