El Griego superó a San Martín de Corrientes en suplementario por 100 a 96. Barovero fue el goleador con 25 puntos.

Por adrenalina e intensidad fue un partidazo. El buen básquetbol quedará para la próxima. Pero con el resultado a favor eso es lo que al momento y por la situación, menos cuenta. Atenas se quedó con un triunfazo en casa al dar cuenta del duro san Martín de Corrientes por 100-96. El miércoles volverá a levantar las persianas en casa para recibir a Instituto.

Vertiginoso. Sin frenos. Así fue el primer cuarto, en el que “agitaron" la bola de tanto ir y venir. Y en ese contexto, no se sacaron diferencias. San Martín se apoyó en Jeremiah Wood (6 puntos) y Atenas en su constante rotación para mantener la intensidad deseada (usó 10 jugadores), con la que logró apoderarse del segmento por 16-15.

En los segundos diez minutos la visita pudo inclinar la balanza en la recta final del segmento. El Verde tomó ventaja de 26-22 y dominaba las acciones con una buena tarea de Walter Herrmann (8 en la mitad). Pero los correntinos se hicieron sentir. Con parcial de 16-6 y dos bombas de los jóvenes Rolando Vallejos y Gabriel Peralta, el último sobre la bocina, los de Sebastián González tomaron máxima de 41-32 para meterse en los vestuarios.

Al regreso de los vestuarios Atenas hizo todo el gasto, pero San Martín fue el que supo sacar provecho de su momento. Parcial de 12-2 para el Verde y ventaja de 44-43 para dominar las acciones. Pero en un abrir y cerrar de ojo, cuando parecía que la balanza se inclinaba a favor de los cordobeses, la experiencia de Wood, Michael Hicks y Roberts dijo presente para que, con ráfaga de 21-11, la diferencia volviera a ser de 9 (64-55) con un cuarto por jugar.

Otra vez, a la carga. Con todo. Entrega absoluta en los primeros minutos para acortar distancias a la mínima (66-65) y a 2m37 el Griego se pusiera al frente 75-74 para que se armara, por adrenalina, un partidazo. Fue bola a bola, sin diferencias. Y si algo faltaba, Bruno Barovero de mitad de cancha clavó una bomba a 2s del cierre para igualar en 85 y mandar la noche a prórroga.

A todo o nada en el suplementario; y allí, cuando las papas quemaban, Maxi Stanic se convirtió en director de orquesta. Anotó, guió, asistió y defendió. Encabezó a un equipo que esta vez se hizo grande ante la adversidad y se terminó dando el gusto de soltar el ansiado festejo en un duro juego, con algo de susto por cierto.