En su discurso de asunción, el flamante mandatario brasileño agradeció a Dios, pidió por escuelas lejos de “la militancia política”.

Finalmente, la gestión de Jair Bolsonaro puso amarras en el Brasil.

Este martes se llevó a cabo el acto de asunción, en Brasilia, aunque sin la presencia del presidente argentino, Mauricio Macri, quien se encuentra de vacaciones, pero sí con varios dirigentes de la región, desde el boliviano Evo Morales al chileno Sebastián Piñera.

Más allá de un encuentro programado en dos semanas entre ambos, el Mercosur sigue siendo una incógnita, merced al giro político en la mayor potencia de la región.

Bolsonaro dijo estar “fortalecido y agradecido a Dios” en el día de su jura, consideró una “honrosa misión” ocupar el lugar que le toca y no dejó de ratificar su voluntad para que la ciudadanía pueda portar armas de manera libre.

Llegó a remarcar que “servir a la Patria" desde su lugar “no tiene precio", y que tal cuestión “sólo fue posible porque Dios conservó mi vida", haciendo referencia al ataque de arma blanca sufrido durante un acto de campaña.

Buscando lugares comunes, refirió: “Vamos a unir el pueblo, a valorizar la familia, respetar las religiones y combatir la ideología de género, conservando nuestros valores. Por un Brasil libre de amarras ideológicas, queremos construir una sociedad sin discriminación o división”.

Intentando diferenciarse del Partido de los Trabajadores (PT), su principal rival en los comicios de 2018, remarcó que en adelante, “las escuelas enseñarán a nuestros hijos cómo conseguir un mejor trabajo” y “no estarán destinadas a la militancia política”.

Bregó para que el país “vuelva a ser la gran Nación que todos queremos”, porque “nuestra bandera no será más roja”.

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