La nueva jornada del juicio por el homicidio de Blas Correas tuvo varias novedades importantes que es necesario vincular una con otra para poder entenderlas en toda su magnitud. Lo primero tiene que ver con la prueba que cada vez complican más a Wanda Esquivel y Javier Alarcón.

Un trabajo meticuloso de la fiscalía reconoció en uno de los videos rescatados del propio móvil policial el momento en el que, desde el móvil 8.723, la persona que ocupa el asiento del acompañante, Esquivel, lanza un objeto en el exacto lugar en el que minutos más tarde, la misma dupla, casualmente encuentra, “rastrillando”, el arma que los policías intentaron plantarle a Blas la noche del homicidio.

El segundo hecho debe medirse en su peso político. Pero a la larga también aporta información clave sobre la causa. Está vinculado con la declaración de la jefa de Policía, Liliana Zárate Belletti, que se presentó vestida de civil.

Después de cuatro horas de declaración, tuvo varas afirmaciones importantes de las que simplemente vamos a rescatar dos. Primero dijo sentir vergüenza por lo que hicieron los policías involucrados en el juicio.

Segundo, hacia el final del testimonio, definió el crimen como un claro caso de violencia institucional. Lo que quizás entre en contradicción con las declaraciones radiales del actual secretario de Seguridad que definió el caso Blas como “un hecho aislado” y no como un hecho de violencia institucional.

Y ella afirmó: "Nunca estuve de acuerdo con que los jefes vayan de visita a los operativos. Sugiriendo que los jefes deben controlar y no hacer sociales con sus subordinados. 

Llegamos al cuarto punto: los fiscales le mostraron a la jefa la reunión entre los jefes y los policías Esquivel y Alarcón justo unos minutos después de que estos plantaran el arma, y ella dijo que esos jefes “no estaban haciendo bien su trabajo”.

El momento en que se ve cómo un objeto cae desde el móvil. Imagen: Otra Vuelta de Tuerca.
El momento en que se ve cómo un objeto cae desde el móvil. Imagen: Otra Vuelta de Tuerca.

La imagen muestra a cuatro de los acusados de encubrimiento: los policías Jorge Ariel Galleguillo, Walter Soria, Enzo Quiroga y Sergio González, todos con más alto rango que los policías acusados del crimen. En la foto están reunidos sin hacer nada.

La sospecha que sobrevuela la sala desde el comienzo del juicio es que algunos de esos jefes quizás no solo no desconocían que sus subordinados habían plantado un arma sino que hasta podrían haber sido quienes sugirieron que plantaran esa arma.