Tres mujeres con trayectorias excepcionales. Pioneras en el campo de las ciencias químicas, trazaron un camino que dejó huellas en la memoria de quienes fueron sus compañeras, alumnas y colegas. Ellas son el retrato de la sororidad, la determinación y el deseo de progresar por fueras de los estereotipos impuestos. 

Clelia María Riera, Velia Matilde Solís, Rita Hoyos De Rossi fueron las protagonistas de un corto que produjo la Facultad de Ciencias Químicas de la UNC. Ellas son las pioneras, tres mujeres que abrieron camino, que dejaron un legado que hoy sirve de inspiración para la comunidad universitaria en la que crecieron.

Rita Hoyos de Rossi 

Nació en Laborde, a más de 260 kilómetros de la capital cordobesa. Llegó al instituto de Ciencias Químicas de la UNC, allí se encontró con un grupo humano que la acompañaría gran parte de su carrera. “La gente que había en primer año era muy emprendedora. Se nos estimulaba mucho a los estudiantes y me entusiasmé, empecé a gustar de estar en un laboratorio”, cuenta. 

Foto: Facultad de Ciencias Químicas.
Foto: Facultad de Ciencias Químicas.

Su investigación se centró en procesos físico-químicos: determinación de mecanismos de reacción en sistemas orgánicos, foto-química y química supramolecular, reacciones en medios organizados, síntesis y química verde.

Al recordar sus tiempos de estudio en coordinación con la maternidad, destaca: “Cuando presenté la tesis tenía una nena de un año y un varón de meses, pero tuve la suerte de tener a mi mamá muy cerca que vivía a media cuadra. Tuve mucha ayuda, mis padres me apoyaron y conté con mi suegra que me ayudó muchísimo. Una excelente mujer que me daba una mano con los chicos. Tengo que reconocer que he tenido una ayuda invalorable”.

Debido a su gran desempeño en el campo de la investigación, se trasladó a Estados Unidos a realizar estudios de postgrado, obteniendo un Research Fellow en química en la Universidad de California en Santa Cruz

“A mi edad y con mi experiencia, mirando en retrospectiva, me doy cuenta que las mujeres éramos muy poco apoyadas, y no sólo en lo que respecta a tareas familiares y del hogar. Sino también que por ejemplo, si había un concurso para un cargo docente con dedicación exclusiva, el varón tenía la preferencia”, reflexiona. 

En este sentido, recuerda además que la comunidad educativa estaba conformada por más mujeres que hombres: “Esto era porque los sueldos eran muy bajos, y la mujer se conformaba con un menor sueldo. En los inicios de la facultad eramos más mujeres porque en ese momento la investigación era muy mal remunerada”. 

Clelia María Riera

Clelia tiene una sonrisa que refleja su pasión por lo que hace. Nacida en Altos del Chipión, llegó a la capital para vivir en una residencia ubicada a pocos metros de la Facultad de Ciencias Químicas. En ese momento, comenzó la carrera de Farmacia ya que las normas establecían que quienes quisieran estudiar Bioquímica, primero debían terminar esa propuesta educativa. 

Foto: Facultad de Ciencias Químicas.
Foto: Facultad de Ciencias Químicas.

“Parábamos en un pensionado, y la Facultad nos quedaba muy cerca. Entonces, nosotros vivíamos en la facultad. Fue una época buena. Siempre tuve una inclinación por las ciencias duras, personalmente consideré ir a la FAMAF, pero recién empezaba y decidí irme por Farmacia, en el área de ciencias químicas”, recuerda. 

En 1964 culminó la Licenciatura en Bioquímica, y cinco años más tarde se doctoró en las mismas ramas por la Universidad Nacional de Córdoba. Asimismo, realizó curso de posgrado en la Universidad Estatal de Nueva York. Su área de trabajo se centró en la inmunología, donde realizó estudios de enfermedades autoinmunes, sobre todo de modelos experimentales.

“Había chicas sí, pero yo diría que en ese momento había más varones. Éramos muy unidos, en nuestro curso hacíamos reuniones muy lindas, y somos de los pocos que yo conozco que organizamos un viaje de egresados, éramos 12 varones y 12 mujeres y nos fuimos a Brasil un mes", cuenta entre risas.  

Ella dice que pudo viajar al exterior por haber estado en el momento justo y en el momento indicado. “Estando en una reunión con el doctor Martín que era jefe del Departamento del Laboratorio, nos convocó a los recién egresados para contarnos que un docente nuestros que estaba investigando en Estados Unidos quería que algunos de nosotros fuera. Yo dije que sí quería ir”. 

En junio de 1964, viajó a los Estados Unidos para comenzar a trabajar en su posgrado. “No sé si lo que yo hacía era común, pero a mi no parecía nada extraño, me parecía re normal. No era una cosa que yo sentí distinto o que nadie pudiera hacer”, reconoce. 

Clelia ganó el Premio Konex por su trabajo en Bioquímica y Microbiología en el año 2003. 

Al preguntar por las desigualdades entre hombres y mujeres en la academia, resalta: “Lamentablemente, mucha gente cuando tiene que elegir, a día de hoy, sigue eligiendo varones. Nosotras también hemos tenido que pelear por el lugar, por el espacio físico, pero por suerte nuestra facultad es otra cosa”. 

Una vez, le ofrecieron postularse al decanato de la Facultad. En ese entonces, dijo que no, pero hoy tal vez cuestiona que parte de esa respuesta estuvo condicionada por los prejuicios que las propias mujeres tenemos sobre nosotras mismas. 

“A una le parece que no va a poder, y creo que las mujeres todavía nos retraemos un poco para ocupar cargos de gestión y eso claramente es aprovechado del otro lado para hacerlo”, afirma. 

Velia Solís

Al igual que Rita y Clelia, también es egresada de la Universidad Nacional de Córdoba, con los títulos de Bioquímica en 1970 y doctora en Bioquímica en 1976, se desempeñó como docente en el Departamento de Fisicoquímica de la Facultad de Ciencias

Foto: Facultad de Ciencias Químicas.
Foto: Facultad de Ciencias Químicas.

Llegó al campo de la investigación química por medio de una serie de cuentos que le había regalado su padre. Hoy se ríe al recordar lo simple de esos libros, pero atesora con cariño cómo esas historias la llevaron a la facultad. 

“Mi abuela paterna, mi única abuela, ella tenía un estado de alarma permanente porque yo iba a asistir a la universidad. Porque pensaba que yo no tenía que hacer eso, sino lo que hacían mis primas, que ni siquiera terminaron el secundario”, dice acerca de sus inicios. 

Uno de los hechos que marcó su tránsito universitario fue el Golpe Militar de 1966, presidido por Juan Carlos Onganía. Sobre ello, cuenta: “Fue un momento muy duro, se avasalló la universidad pública de una manera increíble, donde además de perder la autonomía, las facultades se cerraron producto de la Noche de los Bastones Largos”.

Su amiga Ana le enseñó a andar en bicicleta, ya que ella tenía que viajar a Inglaterra, becada para investigar, y no sabía hacerlo. “Cómo no vas a saber usar la bici, allá todos usan la bici”, le dijo su amiga. Ella aprendió y desde entonces, llegó a dictar cada una de sus clases sobre dos ruedas y con un tapado rojo.

“Nosotras distinguíamos claramente de aquellos profesores que aceptaban a las chicas y aquellos que no, a mí por ejemplo siempre me interesó la fisicoquímica. Y me acuerdo que fuimos dos chicas a hablar con el director del departamento de Química Biológica, las dos con alto promedio, y le planteamos nuestra vocación de investigar. Nos atendió con amabilidad, pero nos dijo chicas lamentablemente este departamento no acepta tesistas mujeres”. 

No fue el rechazo lo que más le sorprende a Velia, hoy se asombra por el hecho de que esa respuesta no la escandalizó. “Estaba muy naturalizado, y era una cuestión de es así como tiene que ser”, recuerda. Velia fue decana por la Facultad de Ciencias Químicas, la primera mujer en ocupar ese cargo. 

“En ese momento, los salarios para los cargos universitarios eran tan míseros que no alcanzaban para mantener una familia, entonces los hombres ocuparon cargos por fuera de la universidad y las mujeres comenzamos a ganar espacios. Fue ese hecho el que marcó la diferencia”, sostiene finalmente. 

Docentes, investigadoras, madres, hijas, amigas y colegas. Ellas son eso y muchas cosas más, en simultáneo y codo a codo con tantas otras mujeres que construyen legados en la memoria. Ellas son mujeres, y ante todo valoran la importancia de contribuir ayudando a otras profesionales desde el lugar en que se ocupa, mejorando así la sociedad en su conjunto.