Sucedió un 23 de abril de 2017 en el estadio Santiago Bernabéu. Se producía el clásico mayor del fútbol de España y uno de los espectáculos deportivos más atractivos del mundo. Jugaban Real Madrid y Barcelona, por la liga española, con todos los condimentos para no sacarle la vista en ningún momento.

Y el partido colmó las expectativas. Ganó el Barsa 3 a 2, luego de ir perdiendo 1 a 0 tras una anotación del brasileño Casemiro. Esa desventaja se trasformó en victoria parcial por 2 a 1, luego del primer tanto de Lionel Messi y de un golazo de Iván Rakitic.

Con un hombre menos, por expulsión de Sergio Ramos, el equipo local fue por el empate que consiguió a través de James Rodríguez. Faltaban cinco minutos para el final. Mucho hacía presumir que el clásico quedaría empatado.

Pero de nuevo tenía que aparecer él. Messi, tras la habilitación de su gran asistidor, Jordi Alba, a los 47 minutos, cuando todo estaba por terminar, metió el zurdazo que chocó con la red de Keylor Navas.

Fue el gol de la victoria y el gol 500 de Messi con la camiseta Barcelona. No podía haber llegado en un mejor momento. El rosarino lo celebró de acuerdo a las circunstancias. Se sacó la camiseta y la colgó en sus manos, en una suerte de provocación a los hinchas y de homenaje a los colores futbolísticos de su vida.