Alexander Martínez, de 16 años, Chánder, como lo llamaban sus amigos, fue asesinado el 11 de junio por la policía en Acatlán de Pérez Figueroa (México) cuando iba a comprar unos refrescos acompañado de algunos amigos. Un policía le metió una bala en la cabeza sin preguntar porque le confundió con un delincuente, acorde a su testimonio.

Su madre gritaba desgarrada tras el espantoso suceso: “Mi hijo tenía un sueño, esos hijos de su puta madre se lo han truncado. Me lo mataron, ya lo vi. Pero quiero que todos se levanten, que no se dejen. Luchen, porque esto se lo pueden hacer a cualquiera de ustedes”.

El sueño de Alexander, según cuentan los que le conocían, era convertirse en jugador profesional de fútbol. Formaba parte del filial de Rayados de Monterrey, encuadrado en Tercera División. Rotos y entre lágrimas, sus amigos le despidieron en una cancha de fútbol sala. Plantaron su ataúd delante de una portería, le dieron el pase y él anotó su último gol.

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