Una noche cálida cierra la jornada del 12 de junio de 1991 en la costa oeste de los Estados Unidos. En el estadio cubierto llamado The Forum, situado en la ciudad de Inglewood, condado de Los Ángeles, California, una docena de basquetbolistas salta, grita, choca sus cuerpos y derrama champán sobre sus cabezas.

Son los integrantes del plantel de los Chicago Bulls que acaban de obtener su primer campeonato en la liga nacional de básquetbol estadounidense, la mítica NBA. Entre el racimo una figura concentra más atención. Es Michael Jordan, que ya despunta un habano con sus manos por última vez desnudas de reconocimientos.

El frío extiende frazadas en la madrugada del 13 de junio de 1991 en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. El cansancio y la expectativa pujan por el sueño de Héctor "Pichi" Campana, la gran figura de la Liga Nacional de Básquetbol argentina.

En un par de semanas viajará a probar suerte en el campus para novatos que organiza New Jersey Nets, una franquicia ubicada en la costa este de los Estados Unidos, que busca revertir otra temporada de malos resultados.

La oportunidad seduce. La NBA aún no ha consolidado su proyecto de expansión intercontinental. La posibilidad de acceder a la élite del basquet mundial sigue vedada a quienes brinden actuaciones extraordinarias en aquellas competencias internacionales que se encuentren al alcance del radar estadounidense.

Casi un año antes "Pichi" descerrajaba 33 puntos en el partido en que la selección argentina enfrentaba a su par estadounidense en el Campeonato Mundial disputado en nuestro país.

Aquella performance llamaría la atención de los cazadores de talento de los Nets, cuyo ataque era liderado justamente por el base del combinado que saldría subcampeón de la competencia mundial, Kenny Anderson, y la máxima figura del baloncesto fuera de USA, el croata Drazen Petrovic.

En julio de 1991, mientras Pichi intentaba sin suerte ingresar a la NBA, Michael Jordan disfrutaba sus primeras vacaciones como monarca indiscutido.

Paradojas del destino, hoy los Nets identifican a Brooklyn, la misma ciudad en que naciera, hace ya 57 años aquel que ya se inmortalizó en pósters, zapatillas y hasta una estatua.

Preolímpico

Un año ha pasado. En la primera noche julio de 1992 se cierra la primera fase del Campeonato FIBA Américas de 1992. Est torneo otorga cuatro plazas para los Juegos Olímpicos que se disputarán un par de semanas después en Barcelona.

La jornada cierra con el número central: el seleccionado de los Estados Unidos, auténtico conglomerado de estrellas bautizado como Dream Team, enfrenta a su par de Argentina.

En rigor, no se puede hablar de paridad. La diferencia entre ambos equipos es sideral y bien pronto se refleja en el tanteador. El Dream Team se encamina a obtener otro aplastante triunfo en su camino a la Gloria. Los albicelestes serán derrotados, aunque sin demasiado sufrimiento. Por entonces jugar contra las figuras de la NBA es más un honor que una contienda.

Promediando el segundo tiempo el técnico argentino, Walter Garrone, comienza a mover el banco. Héctor Campana reemplaza a Juan Espil. Ayuda base por ayuda base. Goleador por goleador. Puesto por puesto, con una marca asignada en las ofensivas estacionadas: Michael Jordan.

Será el primer cara a cara entre dos leyendas. Será la posibilidad de un encuentro que podría haberse dado en cuatro ocasiones durante la temporada de la NBA que recién culminaba y que consagraría nuevamente a los Bulls.

Será la única, al fin. Inolvidable, como el legado de ambos. 

En este segundo capítulo de esta producción multiplataforma de los SRT, realizada por un equipo integrado por Miguel Planells, Franco Pérez, Eduardo Aguirre, Juan Ramé y Luis Zegarra, presentamos el recuerdo de “Pichi” sobre lo ocurrido aquella noche en Portland.

El primer capítulo, en este enlace