En los primeros comunicados de la Junta Militar del día del Golpe, sólo uno no era restrictivo: Canal 7 podía transmitir a la Selección.

El “Gordo" José María Muñoz fue el encargado, a 13.000 kilómetros de distancia, de dar el aviso.

Presente en la lejana Polonia para llevar vía Radio Rivadavia las alternativas del partido amistoso de la selección nacional de fútbol, conducida por César Luis Menotti, el periodista fue quien le transmitió la novedad al plantel.

En aquel marzo de 1976, el combinado nacional se encontraba de gira por Europa, en medio de un histórico proceso futbolístico. Y ese miércoles 24, a las 13:00 de nuestro país, debía jugar en Chorzow ante el equipo local.

Poco antes, o poco después, los protagonistas no se ponen de acuerdo, entre llantos e incertidumbre, se enteraron de la noticia.

Los recuerdos de los futbolistas sobre aquel día son fugaces y contradictorios. Quienes intentaron reconstruir una crónica aducen que Ricardo Bochini recordó hace un tiempo que, tras la noticia, Muñoz -reconocido adepto desde los micrófonos a la dictadura- agregó: “Por suerte no hay que lamentar desgracias personales o derramamiento de sangre”.

El partido se jugó, claro, y en el país del estado de sitio, las restricciones, la toma de los medios de comunicación y la prohibición de los partidos políticos, en las pocas pantallas que había, hubo fútbol.

El comunicado 23 de la Junta Militar se destacó del resto: algo estaba autorizado. Era la transmisión del partido, vía Canal 7, acciones que terminó narrando nada menos que Fernando Niembro.

“Se ha exceptuado la propagación programada para el día de la fecha del partido de fútbol que sostendrán las selecciones de Argentina y Polonia”, rezaba el comunicado en cuestión. Y así, la imagen del escudo nacional con la lectura de los comunicados de la Junta de fondo, dejaron de emitirse por la histórica señal pública.

Apareció el fútbol. Llegó el circo. El mismo día del Golpe.

Con el paso del tiempo, René Houseman afirmó recordar más la incertidumbre y los abrazos entre compañeros en la lejana ciudad fabril europea, que el gol que convirtió para que el equipo ganara 2 a 1.

Lo que pasó hace 43 años en el seno del plantel tiene versiones dispersas respecto a la chance de no jugar o a la orden de Jorge Rafael Videla de continuar una gira que se extendería hasta fin de mes. Los llantos de Kempes o Scotta y la repulsión de Carrascosa son imposibles de comprobar.

Públicamente, el plantel de César Luis Menotti, y el propio entrenador, militante comunista, miraron de reojo al proceso político en el que inscribieron sus nombres como campeones del mundo. El silencio del DT sobre la época genera escozor. A la par se gestaban las primeras pistas sobre la estructura organizativa de un seleccionado que aún no había festejado nada.

Por eso, seguramente, Abuelas de Plaza de Mayo logró juntar tan pocos protagonistas para el documental “La otra final”, que en junio de 2008 recreó simbólicamente, treinta años después en el estadio de River, el 3 a 1 ante Holanda.

Junto a Leopoldo Luque, el recientemente fallecido Houseman fue uno de ellos. Y su abrazo con los pañuelos fue tan gigante como su humildad y la despreocupación del cuidado de su salud.

El cónclave decisivo del interés militar por el fútbol sería el Mundial de 1978, con el consecuente título nacional.