Es miércoles por la tarde. Los sabuesos del Consejo de Seguridad Deportiva inspeccionan el Gigante de barrio Alberdi en busca de fuegos artificiales. Todavía chisporrotean las bengalas arrojadas desde la tribuna celeste durante el clásico con Talleres, que le costó al club una sanción millonaria. Los cuidados se extreman para que Belgrano reciba a Defensa y Justicia.

Mientras tanto, a la misma hora, lejos de Alberdi, en una esquina de zona norte, un auto estaciona en dos maniobras prolijas, silenciosas, un hombre baja y camina hacia el bar. Ahí viene Lucas Pavón, 44 años, dos décadas en la tribuna de Los Piratas, la barra brava de Belgrano, y su jefe desde hace tres años, junto Pedro “Gitano” Minuet. Pantalón negro, remera blanca inmaculada, lentes de carey, musculos, tatuado hasta la pera. Separado, tres hijos y un nieto, aficionado a los deportes de contacto y, sobre todo, pese al culto de su imagen, un hombre de perfil bajo.

—Hola hermano. Vine por respeto, para no darte más vueltas. Pero no me gusta la polémica, por eso no doy notas. Esta es la primera y creo que la última.

Pavón se define como “un hincha más”, prefiere que lo llamen “referente y no jefe” de la barra. Habla suave y pausado. Piensa cada frase que dice. Muestra códigos de caballero. Cuando opina, evita mencionar otros clubes. “Si lo pienso ahora —dice, en referencia a la pirotecnia— te puedo decir que sí, se nos fue un poco la mano, se podría haber lastimado alguien. Pero es parte del folclore del fútbol, lo hacen otros equipos y sin embargo no son sancionados así. No estaba en nuestro ánimo generar un inconveniente al club”.

Durante una hora de entrevista, tampoco saldrá de su boca ningún nombre propio, en especial, el de Roberto “Loco Tito” Ponce, jefe de Los Piratas durante cuatro décadas, retirado el 15 de septiembre de 2021. “El hombre”. Así se refiere Pavón cuando habla de cualquier cosa que tenga que ver con Tito. Después de 48 años, Ponce pretendía heredar a Minuet el mando de Los Piratas, pero el Gitano hizo lugar al espacio que conduce Pavón. La transición, que marcó un estilo diferente de conducir la tribuna, se vio manchada por la tensión que se vivió en las calles de Alberdi. En 2022, hubo cinco enfrentamientos –algunos con armas de fuego-en tres meses, en uno de ellos, Tito recibió un tiro en un pie mientras entraba a su casa. El fiscal Guillermo González, acumuló los diferentes episodios y los elevó a juicio.  El Loco Tito, adepto a los mensajes en redes sociales, lanzó su última arenga en febrero último con un video en el que reparte amenazas: “Ustedes quieren guerra, la van a tener”, dice y promete “cárcel o cementerio”. Pavón, desde su lugar, no recoge el guante.

—¿Hay interna en la barra?

—No, hermano. Nos conocemos hace 20 años. Acá no hay por qué pelearse. No hay que pensar esto como si fuera un negocio, como si viviéramos de esto. Eso puede ser para otra gente, que está interesada en otra cosa. Nosotros no vivimos de Belgrano. No nos hace falta. Gitano para mi es el referente, yo para Gitano soy referente. Y eso no se discute. Y si dejaban a uno o a otro, es irrelevante, porque nosotros sabíamos cómo íbamos a hacer las cosas. Cuando estaba el otro hombre él tenía su manera de hacer las cosas y nosotros las respetamos. Ahora estamos nosotros y tenemos otra manera de hacer las cosas. Fue un recambio natural, generacional.

Lucas Pavón junto a Gitano Minuet, en la tribuna durante el último clásico entre Talleres y Belgrano.

—¿Por qué no lo nombras?

Yo no quiero faltar el respeto a nadie. Por eso nunca salí a hablar, no mando mensajes en mis estados de redes sociales, no hago videos. Me daría vergüenza hablarle a la gente de Belgrano así, porque no me siento un canal oficial. Para mí la gente vive otras realidades, no les interesa estos problemas, quieren ir tranquilos a la cancha y que todo sea una fiesta, como lo que es. Yo vivo en la realidad, no en lo virtual.

—Pero los mensajes sobrepasaron la virtualidad, los enfrentamientos fueron reales sucedieron entre gente que supuestamente te responde a vos y a Tito.

—De esos temas se encargará la justicia. Son cosas que pasan en otros ámbitos sociales, pero nos apuntan siempre a nosotros. La única imputación que tengo es por el altercado que tuve con un muchachote que me tiró gas pimienta en los ojos y bueno, me enojó. Hice mal, porque si el que te provoca es un tonto y vos respondes, te pones a su altura. Pero para mí, las peleas, la violencia, son cosas que no suman. El aguante hoy pasa por otro lado. Yo respeto las trayectorias, pero me parece que hoy no pasa por pelearse o por andar haciendo videos, donde se ofrecen cosas.

—Sí, se ofrecen tiros...

Claaaro... Eso genera temor en la sociedad. Altera la paz social. No sirve de nada, andar diciendo "la cárcel o el cementerio". Yo no quiero ni cárcel ni cementerio, yo de la vida espero otras cosas. Yo no me quiero quedar a vivir acá. Estaré en la barra hasta que el tiempo lo decida, siempre hay un recambio, la vida es así. Y ojalá que el que venga atrás de nosotros sea para mejor. Pero a mis amigos de toda la vida no los quiero perder, no quiero estar en polémicas con nadie. La barra me lleva tiempo, pero cumplo mi rol, salgo de acá y me gusta seguir con mi vida, entreno, trabajo, atiendo a mi familia. No estoy todo el día pensando en esto porque, te digo la verdad, no vivo de Belgrano.

—De qué trabajas

—Trabajo para un gremio.

—¿El Surrbac?

—Desde el 2011. La verdad, donde me toca estar, estoy. No tengo problema con eso, me gusta lo que hago.

—¿Qué haces concretamente?

Tengo grupos de trabajo, estuve en varias partes.

Un hincha más

El niño Lucas Pavón tenía siete años y callejeaba con sus amigos el límite difuso entre Saldán y Córdoba cuando comenzó a sentir algo por Belgrano. En su familia, las pasiones se repartían entre otros equipos, sus cuñados eran del celeste. Algunos sábados o domingos, el merodeo con sus amigos se extendía hasta las inmediaciones del viejo Chateau Carreras. “Nos quedabamos esperando hasta el entretiempo, en esa época abrían las puertas, entonces pasamos a ver los partidos de Belgrano”, dice. De esa época guarda fotos con alguno de los jugadores.

Lucas, de 10 años, vestido para un acto escolar, junto a Roberto "Diablo" Monserrat.

Tenía 11 años cuando se tatuó por primera vez la palabra “Madre”, en su pierna derecha. “Mi vieja se puso contenta a medias”, dice entre risas. Ahora, las citas bíblicas y los tatuajes de Belgrano le asoman por el cuello y los brazos.   

A los 22, cuando ya tenía algunos otros tatuajes y una que otra marca en su vida, Lucas se acercó a Los Piratas. De aquellos años, guarda una foto abrazado junto a su amigo El Gitano Minuet.

Con 22 años y algunos tatuajes menos en el cuerpo, Lucas Pavón abraza a su amigo Gitano Minuet.

Una, a veces dos veces por día, Pavón entrena. Hace natación, sale en bicicleta, practicar deportes de contacto y en su casa tiene bolsas y aparatos para descargar.

—Lo uso como una terapia, me hace bien. En su momento tuve problemas con las adicciones, como muchas personas. Las adicciones son una enfermedad que te hace ser muy egoísta. Estaba mal. Un día toqué fondo y decidí salir. Fue hace como diez años. El deporté y el entrenamiento me ayudaron a escapar. El deporte te hace disciplinado, te hace sentir que todos los días podes y te ayuda a poner los pies en la tierra. La gente de los gimnasios es muy especial, respetuosa y amable. Viene de estratos sociales sufridos y eso es muy admirable. He visto a muchachos venir de la obra y ponerse los guantes y entrenar.

Algo de esa impronta se traslada a la conducción de la barra. Desde que Minuet y Pavón asumieron, cada lunes por la tarde, organizan encuentros de Narcóticos Anónimos, en la “Casa Gigante”, el chalet de diseño arquitectónico que la agrupación alquila frente al estadio.   

—En la organización la mayoría somos cuarentones recuperados de ese palo. Las épocas cambiaron. Cada vez que viajamos en el colectivo hay Terma y mate. Antes íbamos y veníamos puestos, viste... el que quiera hacerlo no es para señalarlo, pero nosotros queremos decirle a la gente que acá estamos, el que quiera salir de las drogas acá estamos. Eso es parte de nuestra impronta nueva. La cultura del aguante cambió.

—¿En qué consiste el aguante, para vos?

—En la fiesta en la cancha, el brindar un buen espectáculo, en hacer buenos recibimientos conjuntamente con las otras organizaciones de hinchas, en el “minuto 68”. Quedó demostrado en la temporada en la que ascendimos: nos sentimos protagonistas todos, la hinchada, las organizaciones, el club, los jugadores. Y en las malas tenemos que aguantar.

Más allá de las tensiones, y a contrapelo del pánico moral que impera sobre las barras, Los Piratas de Alberdi tienen “buena imagen” para el resto de la hinchada. No todo es estigma y estereotipo. Si algo caracterizó a la tribuna de Belgrano, desde tiempos de Tito Ponce, es que puede ir toda la familia. El sociólogo Nicolás Cabrera, que dedicó años de etnografía para reconstruir la historia oral de Los Piratas, con una visión profunda y compleja sobre el fenómeno de la violencia y la cultura del aguante, dijo a Cba24n que “a Belgrano se lo conoce como los Piratas por su barra, primero viene el nombre de la barra de Los Piratas y después llega al club. Hay una marca de origen que liga al club y a su identidad con la barra". Entre los gestos de aguantes que hacen a la identidad, Pavón rescata “el minuto 68”, un ritual en el que la fiesta en la tribuna se intensifica, incluso con fuegos de artificio, como en el clásico, para homenajear el año de fundación de “la barra más antigua del país”.

—Nosotros cuando asumimos, agarramos un cuaderno con propuestas de varios chicos de la barra y le dimos espacio. Entre esas propuestas, estaban el “minuto 68”. Abrimos el juego, participan otros en las decisiones—dice.

 —Hay una idea muy consolidada de que las barras bravas son grupos que se identifican con la violencia, las peleas y con algunos delitos ¿Qué pensás de eso?

—Yo pienso que, si nos ponemos a ver, toda la sociedad está violenta. Hace mucho que no está feliz el pueblo, eso genera violencia. Cuando alguien no puede llevar el pan a su casa, cuando alguien no tiene trabajo, eso genera violencia. Pero siempre se mira para el lado de las barras. La verdad es que la palabra barrabrava la respeto, pero me parece que nosotros estamos más cerca de las organizaciones de barrio. No nos sentimos ni barras ni bravos. ¿Me entendés? No me ofende. Pero creo que con ese mote se discrimina, quizás. Pienso que el tema del aguante hoy pasa por otro lado, no por pelearse ni por ser violentos. Los tiempos cambiaron y nadie quiere matar a nadie de otro equipo. Lo que más queremos es que vaya toda la familia a la cancha, Es un espectáculo público. En ese sentido, siento que aportamos como cualquier otra organización de hinchas de Belgrano, que hay muchas.

—¿Qué tipo de trabajo hacen?

—Todos los barrios que estaban en la barra se quedaron y se sumaron algunos más. No alardeamos de lo que hacemos, pero queremos que cada barrio tenga su olla popular y su copa de leche. Es parte de la conciencia social de la organización. Es nuestro mandato. Por suerte todos los grupos se coparon. También compramos un colectivo, viejo, modelo noventa. No arreglamos entre todos. Los chicos de “murales” lo pintaron y salimos por las filiales a cortar el pelo, porque tenemos un banco de oficios.

—¿Tenés algún referente social con el que te identificás?

Simpatizo con el peronismo, si se quiere, el peronismo de la conciencia social, de ayudar al otro, de los derechos adquiridos que no se deben entregar. Estoy en contra de que la gente se quede sin laburo, porque detrás de cada trabajador hay una familia. y con los despidos y todo esto, el único que se perjudica es el pueblo. Por eso estamos con Gitano con las tiras bien puestas para llegar a los barrios con un plato de comida.

—¿Cómo se financia la barra?

Pavón piensa, mirá un rato la tasa de café y contesta.

Con la venta de ropa. Ahora vendemos ropa deportiva en una tienda que tenemos frente al estadio. También cada filial pide donaciones a los comercios y empresas grandes de sus barrios.

—¿Algo del financiamiento sale del manejo de los estacionamientos en los partidos?

—Te puedo hablar de mi organización, de otras no opino. Meterse con el estacionamiento es como meterse con el producto bruto interno de Alberdi. Por cómo funciona el barrio, por donde está ubicada la cancha, de eso se ocupan los vecinos y las cooperativas. Como el que saca un puesto de chori a la vereda. Nosotros no podríamos ir en contra del trabajo de los vecinos. Y el que no nos cree, que vaya un día y averigüe.

Tatuajes bíblicos y piratas

Los últimos tres años fueron bisagra para Pavón. En 2020, en plena pandemia del Covid 19, murieron Luis, su padre, y Beatriz, su madre. “Están separados. Yo los amenazaba diciendo que los iba a enterrar juntos”, se ríe ahora. Al año siguiente comenzó la transición. En el 2022, Belgrano salió campeón por primera vez y pudo ascender a primera. “Siento que la hinchada fue parte de eso. A eso lo tuve que vivir con otro frente, el judicial, y los problemas que, como te dije, son más virtuales, videos, y esas cosas”.

—Olga, la esposa de Tito Ponce, mostró un video de esa temporada en el que se te ve supuestamente corriendo a la familia Ponce de una cancha.

—No lo vi al video, ese. Pero yo no corrí a ninguna familia, ni nada. Yo vivo de realidades, mi realidad es otra. Y si compartí con alguien un montón de años fue con el hombre.

—¿Con quién?

Con el hombre... Yo a la familia y al entorno de él la respeto, pero no ataco a nadie. No me hago la carmelita descalza.

—¿Aprendiste algo “del hombre”? ¿Cómo era tu relación con él?

La relación fue buena, porque si no, no hubiésemos estado tantos años juntos. El traspaso se hizo así porque bueno, son decisiones que no pasan por mí, uno se tiene que adecuar a lo que pasa. Los pibes, Gitano y yo, sabíamos que el final era uno. Hacía años éramos referentes, pero respetábamos al que estaba. Hace tres años manejamos una organización sin conflictos internos. Estamos felices por todo lo que se hace. Y en las malas, nos toca aguantar y seguir apoyando al club, que es nuestra familia. Ahora estoy cumpliendo un sueño. Y cuando me toque irme, daré un paso al costado.

Después de tres años intensos, Pavón dice que no se siente “molesto con nadie”. “Solo quiero cumplir mi sueño y darle para adelante, hasta que me toque irme”, dice.


 

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El ocaso del Loco Tito: origen, aguante y retirada del jefe barra más antiguo del país