Stevie Wonder nació el 13 de mayo de 1950 en Steveland Morris en Saginaw, Michigan, y cuando tenía tres años su familia se mudó a Detroit. Su padrastro, Paul Hardaway, encontró trabajo en una fábrica de bagels, y su madre, Lula Mae Hardaway, limpió casas. Al crecer, desarrolló una reputación en su barrio como el niño ciego con una facilidad asombrosa para tocar la batería, el piano y la armónica. A los ocho años se convirtió en cantante solista en la Iglesia Bautista Whitestone. Finalmente, Ronnie White, miembro de Smokey Robinson and The Miracles, vio al niño actuar y notificó a Motown, el sello discográfico de las grandes estrellas de la música pop negro.

Fue un niño prodigio (ciego) que se convirtió en estrella mundial a los 12 años. Es un cantante y compositor más talentosos e influyentes de la música popular del siglo XX. Como pianista y armonicista, exhibe un virtuosismo rítmico difícil de igualar. Fue pionero en investigar y desarrollar las posibilidades tecnológicas en un estudio de grabación. Es vocero de su pueblo y activo militante en causas humanitarias. En un período de cuatro años, en pleno estado de gracia creativo, firmó tres de los discos más relevantes en la historia de la música afroamericana de todos los tiempos: Talking Book (1972), Innervisions (1973) y el maravilloso doble Songs in the Key of Life (1976).

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Stevie Wonder Live 2020 Full Concert HD

Libro sobre Stevie:

La recomendable editorial argentina Gourmet Ediciones Musicales acaba de publicar ¿Por qué escuchamos a Stevie Wonder?, un ensayo del escritor argentino radicado en Francia Edgardo Scott que posa su mirada en las distintas facetas, etapas artísticas y grandes canciones del personaje en cuestión. “Puede –y no sé por qué aliento una suspicacia, será que toda la infancia es incierta– que el primer tema que haya escuchado, es decir, que el primer encuentro con la música haya sido una canción de Stevie Wonder. Si esa conjetura y construcción fuera cierta, ese primer tema sería en verdad I Love You Too Much. El segundo tema de In Square Circle. Yo tendría siete años. Año 85”, escribe Scott en la introducción que, a su vez, está antecedida-presenta-advertida por una frase de Oscar Wilde: “La música nos revela un pasado imaginario que sin embargo es real”.

Algo más de historia

En su apogeo Motown era conocida como Hit Factory (Fábrica de Hits), pero Wonder parece haber decidido desde un principio que quería un poco más que un lugar en su vidriera de novedades. La compañía pagó parte de su educación, enviándolo a la Escuela para Ciegos de Michigan, y proporcionándole un tutor en sus giras. Lo habían arreglado y pulido durante sus años de adolescencia. La política del sello era generar un ritmo frenético de ediciones singles -aquellos discos pequeños de 45 rpm- para mantener caliente la sección de “alta rotación” de las radios.

En Argentina

“El músico norteamericano tocó por primera vez en la Argentina en 50 años de carrera”, el 12 de diciembre de 2013 en Vélez.  De aquella noche, además de memorables versiones de todas las canciones que la multitud había ido a escuchar -no faltó ninguna- se recuerda especialmente el momento en que la leyenda invitó a Emmanuel Horvilleur y Dante Spinetta a subir al escenario y compartir Do I Do con él, mezclado con las rimas de Abarajame la bañera, hit de los 90 de Illya Kuryaki and the Valderramas. La emoción de los jóvenes músicos argentinos, criados según una dieta saludable de música afroamericana de todos los tiempos desde la cuna, aquello fue tocar el cielo con las manos.

Para finalizar...

Además de todo esto, es famoso por su sonrisa permanente, el tono suave en la pronunciación de las palabras, y el movimiento de cabeza al compás de la música (a lo Ray Charles, la comparación no es antojadiza). Nunca parece estar mal, todo lo contrario. Transmite euforia: en el irresistible single de ascendencia latina -parte de su nueva condición de habitante de Nueva York, cruzada por la influencia salsera de los puertorriqueños- Don´t you worry ´bout the thing se lo escucha hablar y cantar tan divertido en un estudio de grabación, como si estuviera tomando una cerveza en la esquina del barrio con sus amigos. Cuenta entre otras cosas, el periodista y escritor inglés Giles Smith en un extraordinario perfil publicado en The New Yorker en 1995, que parte de la rutina que tiene antes de acomodarse en camarines antes de un show, es hablar a los gritos -en spanglish inventado- con su manager. En la misma nota se habla del famoso cuelgue que tiene para todo: entrevistas, grabaciones, shows. Dice Smith que con una sonrisa él avisa “estoy relajándome”. Imposible, aún a la distancia, no quererlo.

(Fuentes Infobae/ Propia)