Su última aparición pública fue justamente en el escenario de la Próspero Molina, en enero, cuando se realizó el homenaje a Mercedes Sosa.

Un emocionado Fabián Matus pisó una vez más, y la última, el escenario de la Próspero Molina en Cosquón en enero del 2019. En esta ocasión, como en tantas otras, subió para el homenaje que 142 músicos realizaron a su madre, la gran Mercedes Sosa, el año en que se cumplen 10 años de su muerte.

Subió a recibir una placa junto a su hija Araceli, y en esta oportunidad no habló. Acostumbrado a dar notas por la fundación que presidía y rescataba la obra de su madre, en esa ocasión lo venció la emoción y probablemente el cansancio de la lucha contra el cáncer de pulmón que venía llevando adelante desde hacía algunos meses.

Pero su relación con el Festival era sin dudas especial.

Matus era un personaje que conocía de memoria los pasillos de la Próspero Molina. Desde niño acompañó a su madre y vivió aventuras de verano en esas tierras, de esas que a cualquier niño le dejan una huella cargada de diversión, emoción, luciérnagas y olor a fogón.

Cuando ya fue mayor, Fabián se encargó de manejar su prensa, de colaborar con ella y Cosquín siguió siendo un espacio fundamental. Además de a Mercedes, representó a otros artistas y trabó amistad con gran cantidad de folcloristas. No era extraño verlo enérgico conversando en el bar mientras esperaba el turno de subir al escenario de alguno de sus representados en esas largas lunas coscoínas.

En vida de Mercedes, se encargaba de recibir a los periodistas que iban a entrevistarla. Con el cariño de hijo y el profesionalismo del prensa dejaba en claro que a “Mecha” o “a la mami” había que tratarla con respeto y afecto. Como si hiciera falta la aclaración, todos admirábamos esa conexión mágica entre madre e hijo.

Le gustaba hablar, caminar rápido y moverse en como pez en el agua en esas lunas de Cosquín, esas que reúnen a tantos seguidores de la música, pero también a esa gran familia de músicos, productores, periodistas y organizadores del festival, que se construye año tras año. Casi como un anfitrión, Matus era la figura que se esperaba ver en los pasillos y tras bambalinas.

Sin dudas, marcó esa plaza tanto como su madre, y quienes compartimos temporadas de verano junto a él, extrañaremos verlo recorrer esos pasillos.