El término puede sonar lejano, pero sucede más de lo que pudiera parecer. Cómo se distingue del sexting y del ciberacoso, y cómo prevenirlo.

Luego de que se hiciera pública la primera condena por grooming contra un docente en Córdoba, en la que el acusado confesó sus crímenes, inevitablemente surge la pregunta: ¿qué es el grooming?

El grooming es un delito en el que una persona, generalmente adulta, busca contactarse con niños y jóvenes para engañarlos con diversos fines: robo de información, suplantación de identidad, y el más grave de ellos es el abuso sexual. Es un delito que se suele cometer a través de perfiles falsos en las redes sociales y otras plataformas digitales y está tipificado en el Código Penal desde 2013.

A diferencia del grooming, el sexting es el intercambio de contenido sexual entre dos personas a través de las redes o aplicaciones de mensajería. Si el intercambio de los mensajes se produce sin consentimiento de una de las partes, también configura un delito. El ciberbullying o ciberacoso, por otro lado, es el acoso sistemático entre pares que se produce en ámbitos digitales.

¿Qué pasó?

En el caso que se conoció el pasado lunes, un docente de la ciudad de Río Tercero y Los Cóndores, identificado como Patricio Pereyra, fue condenado a cinco años y tres meses de prisión por grooming reiterado y por suministro de material pornográfico a menores.

También se constató que el docente había intercambiado mensajes con fines sexuales con al menos tres estudiantes. Durante el juicio, el acusado reconoció los hechos que se le imputaban luego de declarar y escuchar varios testimonios en su contra.

¿Cómo prevenir y detectar el grooming?

La plataforma especializada Internet Grooming sugiere varios pasos para prevenir este delito. Entre ellos, propone no facilitar el acceso de imágenes o información personal que pueda ser utilizada con otros fines a extraños, no divulgar datos de usuario y contraseña de las cuentas de redes sociales o de la computadora y tampoco ceder ante la presión del acosador o groomer bajo ninguna circunstancia. Esto supone otorgar una cuota de poder mayor al acosador.

Como referentes de los niños y para detectar el grooming, los adultos pueden controlar y supervisar el acceso de ellos a internet, concientizar a los menores sobre los peligros que es posible encontrar en la red. Es fundamental mantener canales de diálogo abiertos con los niños para darles confianza. También podría ser útil instalar un software de control parental en la computadora y el teléfono que usan los menores para protegerlos de situaciones no previstas.

La Defensoría de los Niños, Niñas y Adolescentes de Córdoba elaboró un manual para abordar responsablemente este tipo de problemáticas. Para profundizar sobre el tema, seguir este enlace: Programa de Protección Digital.

¿Qué hacer ante un caso de grooming?

Es necesario dejar claro que no hay que esperar para realizar la denuncia. Tampoco hay que retar al niño: la idea es que si el niño o adolescente tuvo la confianza suficiente para contar la situación, seguir sosteniendo ese vínculo, por lo que es conveniente alentarlos a que hablen.

También es necesario analizar en qué delitos o irregularidades incurrió el acosador y cómo podemos probarlas para denunciar el hecho. Para ello, hay que recopilar las pruebas. Lo principal es no borrar los chats y hacer capturas de pantalla de las conversaciones o mensajes que prueben las acciones de la persona que acosa, o puedan aportar datos de su paradero o modos de operar.

Con todos estos elementos, es posible realizar la denuncia. En la provincia de Córdoba, hay que acercarse a cualquier Unidad Judicial dispuestas en todo el territorio. En la capital, hay una unidad especializada para realizar las denuncias por grooming, que se ubica en calle Entre Ríos 680, barrio Centro (Polo Integral de la Mujer). Los teléfonos de contacto son (351) 4481616, internos 34421/3/4.

Agradecemos a Lucho Zegarra por la colaboración en esta columna.

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