Este martes Rusia confirmó al mundo el registro de Sputnik-V, la "primera vacuna" contra el coronavirus (Covid-19), elaborada íntegramente por científicos y recursos de aquel país. Pese a que todavía debe pasar por rigurosos procesos de precalificación, el mundo puso los ojos en el país presidido por Vladimir Putin, quien celebró que tras que su hija se aplique la vacuna, "se siente bien y sus anticuerpos son altos". 

El nombre de la vacuna tiene un enorme valor histórico y emocional para Rusia. Es que la denominación Sputnik V corresponde al primer satélite soviético que la URSS logró poner en órbita en el espacio, una de sus mayores victorias en la carrera tecnológica con Estados Unidos durante la Guerra Fría. Sputnik se traduce al español como “satélite”, pero también es una palabra que deriva del griego y que significa “compañero de viaje”.

El nombre cobró una dimensión especial para el mundo entero por primera vez en octubre de 1957, cuando la Unión Soviética puso en órbita el primer satélite en la historia de la humanidad y eligió llamarlo Sputnik. Un mes más tarde, en noviembre, lanzó el satélite Sputnik 2 y también fue el primero del mundo en llevar un ser viviente al espacio, la desde entonces famosa perra Laika.

Estampilla rumana de 1959 con la imagen de Laika (la leyenda dice «Laika, primera viajera al Cosmos»).

Sputnik se transformó así en sinónimo de orgullo nacional y victoria en la carrera armamentística que disputaba con el país norteamericano, que para intentar alcanzarlo impulsó la creación de la Agencia Espacial Estadounidense (NASA); poco después, la NASA logró que un ser humano caminase en la luna. 

"Es un momento como el del Sputnik", recordó a finales de julio el director del fondo de riqueza soberana del Kremlin, Kirill Dmitriev, sobre el anuncio de una posible vacuna este mes, en medio de múltiples investigaciones científicas en el mundo.

Aunque el mundo ya no está polarizado y la Unión Soviética no existe más, Rusia vuelve a marcar la historia llegando primero en una carrera. Ahora sus contricantes son variados:  Estados Unidos, Alemania, Reino Unido y China participan de la disputa científica y tecnológica.

Pero este martes, como aquel 4 de octubre de 1957, Rusia sentó un precedente con su vacuna, que podría significar un alivio para un mundo golpeado. Todavía no se sabe si es la cura definitiva, existen otras en carrera y la OMS mira con cautela el remedio ruso. Pero probablemente la historia recordará para siempre lo que dijo Kirill Dmitriev: "Los estadounidenses se sorprendieron cuando escucharon los pitidos del Sputnik desde el espacio. Es lo mismo con esta vacuna. Rusia habrá llegado primero". Es claro el sentido político que el Estado ruso da a la primera vacuna registrada oficialmente en esta pandemia.