China puso fecha a la prueba definitiva para dar por superada la pandemia de covid-19. El 22 de mayo se inaugurará su sesión legislativa anual, que debió celebrarse a comienzos de marzo y que se pospuso, sin plazo hasta ahora, debido al coronavirus. 
Es la mayor reunión del calendario político del país, en la que participan unos 3.000 delegados llegados de todas las provincias, y en la que el Gobierno que encabeza el presidente chino, Xi Jinping, dará las primeras orientaciones sobre cómo será la nueva normalidad en el país tras la epidemia que tuvo su foco original en la ciudad de Wuhan.

“La prevención y el control de la epidemia de covid-19 en China mejora gradualmente, y la vida económica y social normal se va retomando”, por lo que ya se dan las condiciones para celebrar la sesión de la Asamblea Nacional Popular (ANP), anunció el Comité Permanente de ese organismo en un comunicado difundido a través de la agencia de noticias estatal, Xinhua. 

En un año normal, durante los diez días de sesión en el Gran Palacio del Pueblo se presenta el informe de trabajo del Gobierno, en un discurso del primer ministro, Li Keqiang, en el que se anuncia el objetivo de crecimiento para el año entrante. Suele darse a conocer también el presupuesto oficial de Defensa. 
Además, el primer ministro ofrece su única rueda de prensa del año el día de la clausura. A lo largo de las jornadas de reuniones, los diputados aprueban, siempre por amplias mayorías, los proyectos de ley que se les presentan. Este año está previsto que den luz verde, entre otras, a una ley para prohibir el comercio y el consumo de animales salvajes, la causa inicialmente considerada más probable de que el coronavirus saltara al ser humano.

Pero este no es un año normal. “No estoy al tanto de los detalles específicos, pero creo que a causa de la epidemia, las sesiones tendrán un formato un tanto diferente al de años previos”, ha indicado el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores Geng Shuang, en la rueda de prensa diaria de este organismo.

Se desconoce, entre otras cosas, si el Gobierno chino presentará un objetivo de crecimiento, dado el duro golpe que sufrió la economía en el primer trimestre, cuando la epidemia paralizó casi por completo la actividad. El PIB se contrajo un 6,8%, algo nunca visto desde el final de la Revolución Cultural, y las ventas al por menor, que en otras crisis económicas previas se habían sostenido, registraron un descenso en marzo del 15,8% con respecto al mismo mes del año anterior. La producción industrial un 1,1% sobre marzo del año pasado, siguiendo la tendencia de los dos meses anteriores. Aunque el desempleo ha descendido ligeramente (un 5,9% en marzo, frente al 6,2% de febrero), las cifras oficiales aún se encuentran por debajo de las previas a la pandemia.

Es posible que este año se renuncie a fijar un objetivo en blanco sobre negro, pese a que —de haber sido este normal— el Ejecutivo chino tenía como meta desde la llegada de Xi Jinping al poder declarar 2020 el año del fin de la pobreza rural en el país y el logro de una “sociedad moderadamente próspera”.
Por eso es probable que la sesión, caracterizada cada año por una gran pompa, tenga un aire menos triunfal que lo habitual.
Lo mismo, la reunión contendrá seguramente, grandes dosis de exaltación del éxito del país en la lucha contra el coronavirus. Este miércoles, la Comisión Nacional de Salud ha informado de solo 22 nuevos casos de covid-19, de los que solo uno tiene un origen local, pese a un repunte en la provincia de Heilongjiang, en el noreste. 
Oficialmente, el país ha detectado casi 83.000 casos y 4.633 muertes. Cada día se anuncian nuevos pequeños pasos para recuperar la normalidad: el viernes reabrirán los museos en Pekín; desde este jueves volverá a funcionar en Wuhan la aplicación de Didi, el Uber chino, que había dejado de operar tras el cierre de la ciudad en enero.

Un éxito que los medios chinos no dejan de contrastar con la situación en el exterior, y que ha permitido al Gobierno en Pekín, y a Xi Jinping, sacar pecho. Un vídeo que ha circulado ampliamente por las redes sociales chinas muestra al presidente con una actitud desenfadada mientras pronuncia un discurso de casi cinco minutos, aparentemente improvisado, en una visita a la universidad Jiaotong en la ciudad de Xian, en el centro de China. En su alocución, en un estilo llano y relativamente libre de la jerga política habitual de los dirigentes chinos, se muestra seguro de sí mismo mientras hace referencia a la lucha contra el coronavirus.