Durante los conflictos armados del siglo XX quedó en evidencia la dependencia estratégica de Europa del suministro de alimentos desde el resto de los continentes. La intrincada matriz que combina el calentamiento global con la disponibilidad de fuentes de energía menos contaminantes condujo a Europa a solucionar el problema de los alimentos por la vía de onerosos subsidios y desembocó en la actual dependencia de los hidrocarburos rusos, especialmente del gas.

Esta dependencia se ha transformado en un inevitable tema de conversación urgente en Europa a raíz del ataque ruso a Ucrania. Los gobiernos europeos analizan acelerar alternativas para reemplazar gas, carbón y petróleo de Rusia y comenzaron a debatir una estrategia europea conjunta este lunes en Bruselas. 
La mejor señal de la conflictividad del tema es que Europa y Estados Unidos, al menos hasta ahora, dejaron al margen de las sanciones a las exportaciones rusas de energía. 

La dependencia europea con respecto a Rusia es particularmente crítica en el caso del gas natural y quedó en evidencia desde el primer día de los ataques. Ese jueves, varias compañías europeas de energía incrementaron sus compras a Gazprom, el gigante estatal ruso del gas. Según Gazprom, varias empresas generadoras de energía ejecutaron mayores volúmenes de compras dentro de sus contratos a largo plazo con la compañía rusa.

El jueves hubo un salto del 38% y el viernes otro 19% en los volúmenes transportados por los gasoductos que pasan por territorio ucraniano, según el operador de la red ucraniana de gas, Gas TSO. Gazprom además volvió a enviar volúmenes a través del gasoducto de Yamal, inactivo desde finales de 2021.

Una cuestión estructural

Eliminar las compras de gas ruso no es viable en el corto plazo y será complicado en el mediano. Rusia, el principal proveedor, abastece por año alrededor del 40% del consumo total de gas en Europa. Al límite de su capacidad de abastecimiento, Noruega y Argelia entregan 34% y 15% respectivamente.

Europa importa alrededor de 400 mil millones de metros cúbicos (bcm) anuales. Entre 170 y 200 bcm provienen de Rusia, principalmente a través de los gasoductos y en forma de LNG en menor medida.  Como referencia, Argentina es el país con el consumo de gas per cápita más alto de América del Sur, casi tres veces el registrado en Chile y 8 veces el de Brasil; nuestro consumo anula ronda los 40 bcm, el 10 % de todas las importaciones europeas desde Rusia.

Más del 8% de la energía europea proviene del gas ruso. Gráfica: Elaboración propia

Algunos países son más afectados que otros: para Alemania, la locomotora industrial de Europa, Rusia representa el 60% de las importaciones de gas.

El gas natural licuado (LNG), gas natural que ha sido procesado para ser transportado en forma líquida principalmente por vía martítima, aparece en los papeles como la principal alternativa. La capacidad europea para importar LNG se ubica en 240 bcm. Sin embargo, no todos los países pueden reemplazar el gas ruso con importaciones de gas licuado debido a la distribución de las plantas. La mayor parte de la capacidad de regasificación está en España, pero la capacidad para transportar el gas regasificado al resto de Europa es limitada. En cambio, Alemania podría inyectar más gas en los países vecinos pero no cuenta con grandes plantas de regasificación.

Por otro lado, el mercado mundial del LNG tampoco está en condiciones de reemplazar la oferta rusa, al menos en el corto plazo: la producción global de LNG no logra cubrir la demanda de Europa y Asia, que terminan pujando por los cargamentos mediante el pago de sobre precios, lo que termina favoreciendo el desarrollo de proyectos que utilicen otras fuentes de energía.

Cumbre de ministros de Energía

Rusia reiteró en varias oportunidades que cumplirá siempre con los contratos de entrega en firme y lo hizo hasta ahora. Pero los gobiernos europeos no descartan que el presidente Vladimir Putin termine utilizando la llave de paso del gas como herramienta de presión si el conflicto se extiende.
Frente a esa posibilidad, los ministros de Energía de la Unión Europea se reúnen esta semana en Bruselas para analizar preparativos conjuntos en caso de una interrupción del suministro de energía.

Alemania: más LNG y carbón

En el plano nacional, varios países comienzan a delinear medidas propias para garantizar su suministro. Alemania creará reservas estratégicas de gas y carbón y no descarta extender la operación de sus centrales nucleares, medida que ya adoptó Francia, duramente criticada en su momento. El panorama actual parece darle la razón a Emanuel Macron.

El canciller alemán Olaf Scholz anunció el domingo que se reiniciarán los trabajos para la construcción de dos plantas de regasificación y aumentar las reservas de gas. “Haremos más para garantizar la seguridad energética de nuestro país y cambiaremos de rumbo para superar nuestra dependencia de las importaciones de un solo proveedor de energía”, dijo Scholz. 

El vicecanciller alemán, Robert Habeck, confirmó que el gobierno analiza crear reservas estratégicas de gas y carbón. “Se están preparando más medidas para el próximo invierno, incluida la garantía de que se organice una reserva de gas de tal manera que los propietarios de almacenamiento estén obligados a tener el almacenamiento lleno antes de que comience el invierno”, explicó. Añadió que Alemania “depende en un 50% de las importaciones de carbón ruso”, dando cuenta del nivel de dependencia en todos los planos.

El gobierno tampoco descarta la posibilidad de extender la operación de las tres centrales nucleares que permanecen activas y que Alemania planificó apagar a fines de 2022. Consultado sobre la posibilidad de mantenerlas operativas, Habeck dijo que “la pregunta es relevante, no lo descartaría ideológicamente”. Habeck es la principal figura en el gobierno del Partido Verde de Alemania, histórico partido opositor de la energía nuclear.

Es que en su momento, el gobierno de Ángela Merkel había decidido establecer la transición energética sobre la base del uso de carbón y gas para sus centrales eléctricas. En un esfuerzo por conseguir el apoyo verde, junto con el anuncio de que las centrales a carbón se extinguirían recién en 2038, se anunció la desconexión de las nucleares para este año.

Petroleras europeas dejan Rusia

Las grandes empresas internacionales del sector energético también comenzaron a revisar sus negocios en Rusia. En ese sentido, el fin de semana hubo anuncios de Shell, British Petroleum (BP) y Equinor. La primera pondrá fin a todas sus empresas conjuntas con la empresa energética rusa Gazprom. La medida incluirá la participación del 27,5% del gigante petrolero en una importante planta de gas natural licuado.

Shell abandonará la planta insignia de Sakhalin II, de la que es propietaria y está operada en un 50% por Gazprom, además de otros dos importantes proyectos gasíferos. También planea poner fin a su participación en el gasoducto Nord Stream 2 de Rusia a Alemania, que ayudó a financiar junto con otras empresas. La desinversión alcanzaría unos 3.000 millones de dólares. Hay que recordar, que en la única medida efectiva contra una fuente de gas rusa, Alemania anunció hace una semana la cancelación del premiso para el proyecto de este gasoducto.

Por su parte, BP anunció que abandonará su 19,5% de participación en Rosneft, la empresa petrolera estatal rusa. Además, el CEO de BP, Bernard Looney, renunció al directorio de Rosneft junto con otro director de BP.
BP informó que dejará de contabilizar en acciones su participación en Rosneft. Esto impactará en los informes financieros y las finanzas de BP en los resultados del primer trimestre de 2022. La petrolera británica recordó que las acciones en Rosneft tenían un valor de US$ 14.000 millones en sus libros contables a fines de 2021.

La noruega Equinor también comunicó que dejará de invertir en Rusia e inicia el proceso de salida de los joint ventures en las que participa en ese país. “Todos estamos profundamente preocupados por la invasión de Ucrania, que representa un revés terrible para el mundo, y estamos pensando en todos aquellos que están sufriendo a causa de la acción militar”, dijo Anders Opedal, presidente y director ejecutivo de Equinor.

La compañía informó que tenía US$ 1200 millones en activos no corrientes en Rusia a fines de 2021. “Esperamos que la decisión de iniciar el proceso de salida de Joint Ventures en Rusia afecte el valor contable de los activos rusos de Equinor y provoque deterioros”, agregó en el comunicado.