La gente no pide por kilo sino que compra según el dinero que tiene. Se mantiene la demanda de cortes, aunque en menores volúmenes.

La creciente inflación que soporta la Argentina, con un aumento superior al 50 por ciento anual, hace que la sociedad deba alterar algunos consumos y, entre ellos, se encuentran los cortes de carne vacuna, muchos de los cuales disminuyen en el volumen de demanda que tienen.

“La gente ya no te pide más por el kilo o la oferta, te dice dame 100 pesos, dame 150 de tal corte y ahí aparece nuevamente la famosa yapa", comentó un carnicero de un negocio de barrio.

 

Ocurre que el aumento de la carne trepó al 45 por ciento y el impacto en el bolsillo es elocuente.
Hay gente que se vuelca a otro tipo de consumo como pollo o cerdo, que tienen precios menores.
“Compro menos cantidad, un poco menos. compro carne de vaca. A los nenes no les gusta la carne de cerdo. Compro molida, pulpa, bifes, costeleta", describe una joven madre.
Otra mujer admite que trata de no cambiar los hábitos alimenticios de la familia: “El consumo es prácticamente el mismo, tratamos de repartirlo con comidas más variadas. Los cortes que llevo son cuadril, peceto".
Otra situación que se desprende de la actual crisis económica es que la gente prefiere el negocio de barrio, pero este  comercio no tiene el respaldo económico que poseen las grandes cadenas y a pesar de ofrecer mejor calidad y precio, no pueden competir con las estructuras superiores".

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