La protesta francesa contra el precio del combustible se extiende a todo el país. El presidente no logra apoyo político de la oposición.

El movimiento de protesta francés conocido como los chalecos amarillos decidió, a último momento, no ir a la casa de gobierno galo a reunirse con el primer ministro, Édouard Philippe, tras denunciar “amenazas de muerte" y faltas de garantías por parte de las autoridades.

Ayer, al volver al país después de su paso por Buenos Aires para el G20, el presidente de Francia, Emmanuel Macron, le pidió al primer ministro que se reúna con los líderes del arco político y representantes de los chalecos amarillos para tratar la crisis que vive el país.

Las manifestaciones, esta vez, se descontrolaron y terminaron con escenas de caos y batallas campales: 288 detenidos, 110 heridos, fogatas enormes en los distintos barrios de París, autos incendiados, locales de ropa de lujo saqueadas, edificios públicos atacados y monumentos grafiteados.

En este contexto, miembros del movimiento horizontal y sin liderazgos claros de los chalecos amarillos pidieron en la prensa “una salida a la crisis" y el gobierno, presionado por todo el arco opositor, llamó a un diálogo.