La Santa Sede aborda el caso de Gustavo Zanchetta, que actualmente trabaja allí, aunque las denuncias se originaron cuando estuvo en Salta.

El Vaticano informó hoy que inició una investigación preliminar contra el obispo argentino Gustavo Zanchetta, de 54 años, por abuso sexual y otros comportamientos impropios.

El religioso, que en 2017 presentó su renuncia como obispo en la diócesis de Orán de manera imprevista alegando razones de salud, fue acusado por sus compañeros casi un año después de que el papa Francisco lo designara asesor de la oficina de administración financiera de la Santa Sede.

El vocero papal, Alessandro Gisotti, remarcó que Zanchetta -de 54 años- se abstendrá de seguir trabajando hasta que se aclare su situación. Actualmente se encarga de gestionar las más de 5 mil propiedades que posee el Vaticano.

La denuncia de los sacerdotes contra Zanchetta fue realizada ante la Nunciatura Apostólica de la Santa Sede en Buenos Aires. Las víctimas son menores que dejaron el seminario porque no quieren saber absolutamente nada vinculado con la Iglesia.

Gisotti también confirmó que la renuncia del religioso no fue consecuencia de los presuntos problemas de salud, sino resultado de “sus dificultades para manejar las relaciones con el clero de la diócesis, que en algunos casos eran muy tensas”.

Entre las especulaciones y los datos ciertos se destaca que la partida de Zanchetta de Orán fue inesperada y no siguió los pasos habituales cuando un sacerdote de su jerarquía abandona un cargo ya que no dio una misa para despedirse de sus fieles y difundió una declaración en la que sostenía que sufría un problema de salud desde hacía tiempo, pero sin dar mayores detalles.

Zanchetta había asumido como responsable de Orán, una diócesis conservadora del norte argentino, próxima al límite con Bolivia, donde había sido designado por el propio Francisco, en uno de los primeros nombramientos que el Sumo Pontífice hizo tras asumir su cargo.

Esta nueva denuncia de abuso sexual se suma a una serie de escándalos similares ocurridos otras partes del mundo, como Chile, Estados Unidos e Irlanda. Por eso, fue el mismo Papa Francisco quien decidió crear una comisión especial de obispos, encargada de examinar las alegaciones de abusos sexuales presentadas contra los religiosos.

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